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Al llegar al hospital, Jimin apenas tuvo tiempo de orientarse cuando notó que Yoongi ya se había separado de él. Caminaba con paso firme, casi automático, como si supiera exactamente a dónde ir... como si algo lo guiara.

—¿Yoongi? —llamó Jimin, avanzando tras él con inquietud.

Pero en cuanto intentó seguirlo, un par de enfermeros se interpusieron en su camino.

—Lo siento, no puede pasar por aquí —dijo uno de ellos, con voz profesional pero cortante.

—¿Qué? Pero... —Jimin buscó a Yoongi con la mirada, pero ya se había desvanecido entre las puertas de la Unidad de Cuidados Intensivos.

Quiso protestar, empujar, explicar, pero ¿qué iba a decir? "Estoy siguiendo a alguien que únicamente yo puedo ver." No, nadie lo entendería, resignado, se alejó del pasillo y se sentó en la sala de espera. Miró el reloj, las manecillas parecían moverse con una lentitud cruel. Cada segundo sin noticias se convertía en una piedra más sobre su pecho.

¿Qué estaba buscando Yoongi ahí dentro? ¿Qué lo llamaba con tanta urgencia? Y, más importante aún... ¿Estaba a punto de descubrir algo que cambiaría todo? Jimin apretó los puños, apoyando los codos sobre las rodillas, con la mirada fija en el suelo. Una sensación desconocida le recorría la espalda: una mezcla de ansiedad, presentimiento... y miedo.

Solo le quedaba esperar, esperar a que Yoongi volviera, esperar a que esa extraña urgencia revelará su significado, esperar a que el pasado, una vez más, hablara. El pasillo estaba silencioso, las luces frías del hospital parpadeaban tenuemente, proyectando sombras largas que parecían alargarse con cada paso que daba Yoongi.

No miraba a nadie, no veía a nadie, caminaba guiado por algo más antiguo que la memoria, por una sensación profunda que palpitaba en sus huesos etéreos. La puerta de la Unidad de Cuidados Intensivos se abrió sola ante él y allí, en medio de la habitación, rodeado de máquinas y tubos, lo vio.

A él, a sí mismo, un cuerpo delgado, pálido como cera, inmóvil sobre la cama, su rostro parecía dormido, pero no era paz lo que emanaba de él, sino un vacío... uno que Yoongi sintió como una punzada directa al pecho. Las constantes vitales parpadeaban en una pantalla cercana, suaves, tenues... como si aún estuvieran decidiendo si continuar.

Se acercó lentamente, sus pasos inaudibles, se detuvo al borde de la cama, y durante un largo instante, simplemente observó, ese era él. Su cuerpo real, el que había dejado atrás, pasó los dedos por el aire, intentando tocarse, no sintió nada, ni frío, ni calor, solo... nada, un abismo entre lo que fue y lo que aún no sabía si volvería a ser.

—¿Entonces... no estoy muerto? —murmuró, más para sí que para nadie.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora