La calma llegó como un suspiro después del llanto, el templo estaba en silencio, un silencio lleno, redondo, casi tibio. La luz del amanecer o algo que se le parecía entraba como bruma dorada por los huecos entre las piedras, el altar estaba manchado, pero todo lo demás parecía dormir. Como si el universo mismo respetara ese instante.
Jimin despertó con el pecho desnudo, bañado en sudor frío y aún cubierto por las vendas de muselina que la anciana había colocado sobre su vientre. El dolor había disminuido a una sombra muda, sentía debilidad, sí, pero también algo nuevo... algo completo.
Sobre su brazo izquierdo, recostado como si siempre hubiera pertenecido allí, dormía su hijo, era... hermoso. Pequeño, apenas del tamaño de un gato recién nacido, pero con una presencia que eclipsaba el aire. Su piel era de un blanco nacarado, casi transparente bajo la luz. Los párpados cerrados revelaban pestañas plateadas, y su cabello suave, espeso y liso, era gris ceniza, como si el humo de las estrellas se hubiese enredado allí.
Tenía los labios rosados, redondos, y una pequeña marca en forma de media luna sobre la clavícula. Los ojos se abrieron apenas un poco, gris claro, el mismo gris que los ojos de Yoongi cuando aún estaba vivo.
—¿Cómo puede ser tan... perfecto? —susurró Jimin, con la voz ronca, deshecha, y aun así suave.
Yoongi estaba arrodillado a su lado, su forma era más densa, más firme que nunca, su silueta brillaba tenuemente, como si parte de la energía del nacimiento lo hubiera alcanzado también.
—Se parece a ti. —dijo, acariciando con la punta de los dedos su cabello gris. —Pero tiene mis ojos.
Jimin sonrió, por primera vez desde que huyeron, desde que perdieron todo, sonrió sin miedo.
—Lo logramos.
—Sí. —Yoongi lo miró con esa expresión que Jimin recordaba de los días más dulces, cuando solo existían ellos dos. —Y tú lo trajiste al mundo, lo protegiste, sobreviviste.
Jimin bajó la mirada al bebé que ahora movía sus diminutos dedos con curiosidad, no lloraba, solo observaba, como si entendiera.
—Él lo supo desde el principio. —susurró Jimin. —Me hablaba en sueños, me pedía que no lo dejara solo ahora... ahora estamos los tres.
La anciana entró sin hacer ruido, dejando frutas y agua a un costado del altar, no interrumpió, solo asintió en silencio y salió como sombra. Jimin acercó el rostro al del bebé, sintiendo su aliento cálido, leve, puro.
—¿Sabes cómo quiero llamarlo? —preguntó en voz baja, como si se lo dijera tanto a Yoongi como al recién nacido.
—Dime.
—Sael, como las antiguas estrellas, las que guían entre mundos, es uno de ellos, ¿verdad? Un puente.
Yoongi asintió, se inclinó y, por un instante imposible, sus labios rozaron los de Jimin, fue como hielo y fuego al mismo tiempo. Como si el universo no supiera cómo permitirles eso... pero aun así, lo hiciera.
—Sael. —repitió Yoongi, mirándolo. —Nuestro hijo.
Y en ese instante, solo fueron eso: dos almas y una nueva vida, afuera, el mundo podía estarse desmoronando. Los Oscuros, los Sanguinarios, las profecías... podían esperar; porque ahí dentro, en el corazón sagrado del templo, el amor había ganado, al menos por hoy.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
Fan-FictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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