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El silencio tras la batalla era engañoso, solo el eco de las pisadas de Yoongi y la respiración entrecortada de Jimin llenaban la sala. La katana aún goteaba con un brillo oscuro mientras Yoongi lo sostenía con firmeza, protegiéndolo con el brazo libre.

Caminaron hacia la salida, atravesando las puertas agrietadas que temblaban como si todavía guardaran rencor por haber sido abiertas. La luz fría del exterior comenzaba a filtrarse, un atisbo de libertad después del infierno, pero entonces, un estruendo retumbó desde la oscuridad.

¡BANG!

El sonido seco cortó el aire, un disparo que hizo eco entre las paredes, Yoongi se giró de inmediato, los reflejos tensos, buscando con la mirada al atacante. Sin embargo, lo que escuchó no fue un nuevo disparo, sino un tosido ahogado a su lado.

—¿Ji...min? —su voz se quebró.

Jimin se había detenido, sus ojos abiertos de par en par, como si el tiempo se hubiera congelado. Y entonces, un hilo carmesí escapó de sus labios. Tosió con fuerza, la sangre manchando su barbilla y cayendo al suelo.

—¡No...! —Yoongi lo sostuvo antes de que cayera, la katana resonando contra la piedra al resbalar de su mano.

Sus dedos temblorosos presionaron la herida que se abría en el costado de Jimin, el calor de la sangre empapándolo de inmediato. El eco de pasos resonó desde las sombras, pesados, calculados. Una nueva silueta apareció en el umbral, cargando un arma todavía humeante. Su rostro permanecía oculto bajo una capucha oscura, pero la sonrisa torcida se distinguía incluso en la penumbra.

—Siempre supe que no sería fácil contigo, Yoongi. —dijo la voz grave, burlona. —Pero los débiles siempre son tu punto flaco.

Yoongi sintió cómo el mundo entero se reducía al peso de Jimin en sus brazos, su respiración entrecortada y la sangre manchando su ropa. Una mezcla de furia y desesperación lo atravesó como un rayo, sus ojos se alzaron hacia la figura armada. La katana, aun a su alcance, vibraba como si exigiera venganza.

—Te juro... que sí lo pierdo. —murmuró con voz baja, cargada de veneno. —no habrá rincón en el infierno donde puedas esconderte de mí.

La figura rio suavemente, acomodando el arma para un segundo disparo.

—Dispara si quieres. —gruñó, sus ojos encendidos de odio. —Pero si fallas... no habrá infierno que te salve de mí.

El atacante dudó un instante, el arma firme, pero sus dedos vacilando, la presencia de Yoongi, esa mezcla de furia y amor desesperado, lo hizo retroceder apenas medio paso. En ese instante, Jimin débil, pero consciente, posó una mano ensangrentada sobre el brazo de Yoongi.

—Yoongi... no lo dejes... ganar...

Las palabras de Jimin fueron como un sello, Yoongi lo entendió: debía resistir, debía encontrar una forma de salvarlo antes de perderlo, el atacante apretó el gatillo.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora