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Jimin se incorporó con esfuerzo, aun temblando por la mezcla de dolor físico y emocional. La sangre seca en sus manos y su ropa le recordaba la pérdida de Yoongi, pero había algo más que lo impulsaba a seguir: su hijo. La idea de verlo, de sostenerlo, de protegerlo como Yoongi lo había protegido a él, le dio fuerzas para levantarse y avanzar.

Cada paso era pesado, pero su determinación lo sostuvo. Los pasillos aún estaban llenos de sombras residuales y el eco de lo que había sucedido, pero Jimin no miraba atrás. Solo había un objetivo: su hijo.

Y entonces lo vio, el pequeño estaba sentado en el suelo, acurrucado, los ojos grandes y llenos de miedo al principio, pero cuando vio a Jimin, sus brazos se abrieron instintivamente.

—¡Papá! —exclamó con voz temblorosa.

Jimin corrió hacia él, dejando que las lágrimas rodaran libremente por sus mejillas, el abrazo fue inmediato, desesperado, como si con ese contacto pudiera absorber toda la vida y protección que su hijo necesitaba.

—Shh... ya estoy aquí... ya estoy aquí, no pasa nada. —susurró Jimin, presionando la frente contra la de su hijo, sintiendo su pequeño corazón latir con fuerza contra el suyo. —Papá está contigo, siempre contigo.

El niño lo abrazó con fuerza, aferrándose como si nunca quisiera soltarse, Jimin cerró los ojos un instante, dejando que la realidad del momento lo envolviera: aunque Yoongi se había ido, todavía había vida que proteger, alguien que necesitaba de él y que él no podía perder.

—Te prometo... que no volverás a estar solo. —murmuró Jimin, con voz firme y temblorosa a la vez. —Yo estaré aquí... siempre.

A su alrededor, la oscuridad parecía retroceder un poco, como si el amor y la desesperación del padre crearán un pequeño refugio donde ni fantasmas ni sombras podían penetrar. Jimin sabía que todavía habría peligros, que el camino hacia la paz estaba lejos, pero por primera vez en horas, sintió que había una razón para seguir adelante. Aun con el dolor de Yoongi en su corazón, abrazó a su hijo con fuerza, prometiéndose que haría todo lo posible para mantenerlo a salvo.

Jimin regresó a su casa con su hijo en brazos, cada paso un esfuerzo titánico; su cuerpo estaba exhausto, temblando por la mezcla de fatiga y desesperación, y su corazón latía con un dolor que ninguna herida física podía igualar. Cerró la puerta detrás de ellos, pero no pudo dejar de sentir el vacío que la ausencia de Yoongi había dejado, un silencio ensordecedor que llenaba cada rincón del hogar.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora