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En el nacimiento, el templo comenzó a temblar justo al amanecer del séptimo día, no había sol ni luna visibles, pero la piedra vibraba, como si el propio corazón del mundo latiera con furia contenida. La anciana alzó la mirada desde el altar, los ojos blancos como leche hervida.

—¡Ha llegado el momento! —Jimin gritó.

El dolor no fue gradual, fue total, inmediato, como si algo antiguo y afilado intentará partirlo desde dentro, cayó de rodillas, jadeando, la sangre comenzó a empaparle los muslos, oscura, espesa, demasiado roja para ser normal, el círculo de protección se encendió con una luz azul quebradiza.

—¡Yoongi! —gritó con voz rota.

Yoongi apareció junto al umbral, el espectro de su forma temblaba por la energía desbordada, no podía tocarlo, pero su sombra se estiró hasta el círculo. Jimin la sintió, como un abrazo hecho de amor sin carne.

—Estoy contigo, Jimin, no lo sueltes, no sueltes al bebé.

La anciana trazó símbolos con sal sobre el vientre tembloroso, la criatura, su hijo palpitaba con una fuerza inconmensurable, no empujaba como un bebé normal, no buscaba nacer, buscaba liberarse. Jimin lo entendió, tenía que abrirse... no solo el cuerpo, el alma, un desgarro, uno real.

Jimin gritó de nuevo, el sonido hizo que las piedras del templo se rajaran, la sangre fluía, caliente, desesperada, inundando el círculo. La anciana comenzó a entonar un cántico, la voz ronca, cargada de siglos. No era un idioma que Yoongi o Jimin comprendieran, pero el bebé sí. Jimin lo sintió encogerse, luego estirarse como una chispa de tormenta pura. Estaba viniendo, el dolor no tenía nombre; Jimin pensó que moriría. Que su cuerpo no podría contener más, que su alma se fragmentaría; por un segundo creyó que ya había muerto... pero entonces escuchó la voz.

"Appa..."

Y empujó, gritó como nunca en su vida, la energía rompió los sellos del templo, la luz lo cubrió todo, la sangre manchó el altar, las paredes, sus labios. Sus manos se aferraron al mármol mientras sentía algo salir de él: caliente, enorme, no humano, no solo físico.

El bebé nació en medio de un estallido de luz y sombra, un cuerpo pequeño, pero pesado de poder, cubierto por una membrana traslúcida que chispeaba como cielo nocturno. La anciana lo envolvió en una tela blanca marcada con runas.

—Vive. —murmuró, sorprendida. —Ambos viven.

Jimin ya no oía, su conciencia se apagaba como un farol sin aceite, sentía frío, mucho frío.

—¡No! —gritó Yoongi. —¡No lo dejes morir!

La anciana presionó las manos sobre el pecho de Jimin, el bebé lloró, un llanto agudo, potente, que hizo temblar la estructura entera del templo y eso fue lo que lo trajo de vuelta. Jimin abrió los ojos, con esfuerzo, lágrimas y sangre mezcladas en su rostro.

—Está... está bien... —susurró. —Nuestro hijo...

Yoongi cayó de rodillas, su forma espectral solidificándose un poco, apenas, como si la vida recién nacida lo anclara de nuevo al plano terrenal. La anciana colocó al bebé sobre el pecho sangrante de Jimin. Él lo sostuvo con temblor en los brazos, sintiendo cómo el latido de ambos se alineaba, era cálido, real, sagrado.

—Es un umbral viviente... —dijo la anciana en voz baja. —El primero.

Y mientras el eco del llanto aún retumbaba en las paredes, afuera, en el bosque muerto, los Oscuros alzaron la cabeza. Lo habían escuchado y ya sabían dónde encontrarlo.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora