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—Debo entrar en ti. —dijo Yoongi, sin levantar la mirada del libro que hojeaba con manos temblorosas.

—¿Entrar... en mí? —Jimin parpadeó, confundido.

—Necesito ver el momento exacto de tu accidente, ir allí, sentir lo que tú sentiste, ver lo que viste. —Yoongi asintió con gravedad. —Saber por qué te abriste como puente Allumimon... y qué te atravesó.

El silencio cayó como un velo espeso entre los dos.

—¿Dolerá? —preguntó Jimin, con la voz temblorosa.

Yoongi levantó la vista, sus ojos eran un abismo de certezas duras.

—Mucho. —respondió, mientras se dirigía hacia una alacena oculta detrás de una estantería. La abrió y comenzó a sacar frascos de vidrio opaco, pequeñas esferas selladas con cera negra y un cuenco de piedra tallada con símbolos lunares. —Pero es la única forma de saber cómo detener esto antes de que se cumpla.

Jimin tragó saliva, su corazón acelerado golpeando en su pecho como si presintiera el umbral que estaban a punto de cruzar.

—¿Qué vas a hacerme exactamente?

—No es un ritual invasivo. —dijo Yoongi, mientras colocaba los frascos sobre la mesa. —Pero sí es íntimo, profundamente íntimo, conectaremos nuestras almas en un estado de trance inducido, yo entraré en tu conciencia ancestral... no en la que recuerdas, sino en la que tu cuerpo grabó.

—¿Y si no quiero que veas lo que hay ahí? —susurró Jimin.

—Entonces me perderé entre las sombras. —Yoongi lo miró directo a los ojos. —Pero confío en ti, confío en que no me echarás a la oscuridad.

Jimin bajó la mirada, el miedo lo invadía, sí, pero también algo más profundo: la necesidad de saber. Ya no podía vivir huyendo de aquello que ardía bajo su piel. Si había una forma de entenderlo... tenía que hacerlo.

—Hazlo. —dijo finalmente.

Yoongi lo hizo sentar en el suelo, frente al cuenco, mezcló el contenido de dos frascos uno color vino espeso, el otro de humo plateado y murmuró palabras en la lengua antigua. La mezcla empezó a burbujear y a emitir un tenue resplandor azul. Luego colocó su frente contra la de Jimin, con las manos sobre sus sienes.

—Cuando cierre los ojos... no estaremos aquí, estaremos en tu umbral. —murmuró Yoongi. —No me sueltes, no importa lo que veas.

—Prometo no hacerlo. —dijo Jimin con un hilo de voz.

Y entonces, el mundo volvió a desvanecerse, esta vez, no cayeron, se hundieron, un vértigo profundo los tragó a ambos. La luz se descompuso en destellos agudos, voces distorsionadas, risas rotas, gritos de niño, de mujer... luego, un crujido seco y el instante exacto en que todo cambió.

Jimin tenía cinco años, corría, llovía, una figura lo llamaba desde un auto que se acercaba y luego... el impacto, pero no fue el auto. Fue algo que vino de abajo, una grieta que se abrió en el pavimento, invisible al ojo humano, pero viva ante el alma del niño.

Y en esa grieta: ojos, cientos y un susurro: "El mundo olvidó... tú no debes." Yoongi gritó, pero no en voz alta, en su interior. Porque en ese instante comprendió: El accidente no fue un error, Jimin fue elegido y lo peor... es que ese día, alguien más también lo vio.

Una sombra de cabello largo y rostro cubierto por una máscara de hueso, la misma figura que los había observado en la visión. Estaba allí, siempre lo estuvo.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora