110

52 11 1
                                        

Los días se fueron desdibujando en noches y amaneceres que parecían iguales, un ciclo donde el tiempo dejaba de tener sentido. Yoongi estaba siempre a su lado, abrazando a Jimin, susurrándole promesas y confesando recuerdos que la muerte no había borrado. Pero con cada instante, algo en su cuerpo espectral cambiaba.

Las sombras dentro de él se agigantaban, oscuras y hambrientas, como si quisieran reclamarlo por completo. Sus manos, antes cálidas al contacto, empezaron a endurecerse; su fuerza se volvió impredecible. En un descuido, mientras lo abrazaba, un empujón demasiado fuerte hizo que Jimin cayera al suelo.

—¡Jimin! —Yoongi gritó, horrorizado, mientras lo ayudaba a levantarse, sus ojos brillando con la culpa que lo devoraba. —Lo siento... te lastimé...

Jimin lo miró, con un hilo de sonrisa entre lágrimas, y acarició la mejilla pálida de Yoongi.

—No es tu culpa. —dijo con voz suave, firme. —No es tu culpa que estés cambiando. No me importa si me duele, Yoongi... yo sigo aquí, contigo.

Yoongi cerró los ojos, y por un instante el fantasma de su humanidad se quebró, la culpa lo devoraba, un peso tan pesado que la oscuridad parecía alimentarse de él más rápido que antes.

—Pero... ¿Y si un día...? —murmuró, casi sin voz. —¿Y si te hago daño de verdad?

—Entonces lloraré, y te abrazaré después. —respondió Jimin, sin rastro de enojo. —Porque sé que no quieres hacerlo, lo sé, Yoongi, nunca dejaré de confiar en ti.

El Oscuro tembló bajo sus palabras, cada gesto, cada caricia de Jimin, era un recordatorio de lo que estaba perdiendo y, al mismo tiempo, lo mantenía aferrado a un hilo de luz. Pero la oscuridad que corría por sus venas fantasmales no se detenía; cada roce, cada abrazo, cada instante de amor lo acercaba más a convertirse en algo que Jimin amaba, pero que también podía lastimarlo sin querer.

Esa noche, Yoongi lo abrazó con fuerza, escondiendo su rostro en el cuello de Jimin, sintiendo la culpa como un hierro candente. Jimin, a pesar del dolor que había sentido antes, rodeó su espalda con los brazos y murmuró.

—Aunque me lastimes, aunque te estés perdiendo, sigo eligiéndote, no eres tú... no eres la oscuridad, eres Yoongi.

Y así, entre dolor y ternura, amor y culpa, el tiempo siguió su curso: Yoongi cada vez más Oscuro, Jimin cada vez más incondicional, y un vínculo que ni la muerte ni la condena podían romper. La casa estaba en silencio, el niño dormía plácidamente, ajeno a la tormenta que azotaba a sus padres. Jimin yacía junto a Yoongi, aferrándose a cada centímetro de él, como si supiera que cada instante podía ser el último.

Yoongi lo miró, con los ojos llenos de sombras, la oscuridad que lo consumía reflejada en su rostro pálido. Sus manos temblaban al sostener a Jimin, y un dolor profundo lo atravesaba por dentro: sabía que su presencia, aunque deseada, era también peligrosa.

—Jimin... —dijo finalmente, con la voz rota. —No puedo quedarme más... no así, la oscuridad que corre por mí... si me quedo, te arrastrará conmigo.

Jimin lo miró, incapaz de hablar al principio, su corazón se comprimió, un vacío que parecía no tener fondo. Sabía que Yoongi tenía razón, pero eso no mitigaba el dolor.

—Yo... —susurró, apenas un hilo de voz. —Yo... entiendo.

Yoongi se inclinó y apoyó su frente contra la de Jimin, y durante un instante la distancia entre ellos desapareció. Luego, con un gesto lento y lleno de ternura, depositó un beso suave en la frente de Jimin.

—Volveré. —prometió. —Cuando aprenda a controlar esta oscuridad... cuando deje de lastimarte, volveré a ti, hasta entonces... debo irme.

Las lágrimas corrieron por el rostro de Jimin, pero esta vez no había reproches, solo un dolor profundo y resignado. Apretó los puños, intentando memorizar el calor de Yoongi en ese instante, cada detalle de su fantasma que aún podía tocar.

Yoongi se apartó lentamente, dando un paso hacia la neblina que parecía absorberlo, cada paso lo alejaba, pero la promesa permanecía suspendida en el aire, como un hilo invisible que los mantenía conectados.

—Te amo. —susurró Jimin, con la voz quebrada. —No importa lo que pase, siempre te elegiré.

Yoongi se detuvo un instante, y aunque la oscuridad amenazaba con envolverlo por completo, sonrió débilmente.

—Lo sé... y eso me dará fuerza, hasta que vuelva.

Y con esas palabras, se desvaneció, dejando a Jimin solo, con el corazón hecho trizas, pero también con la certeza de que aquel amor, aunque condenado y tortuoso, nunca moriría.

Fin

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora