Jimin cuidaba a su hijo con ternura y calma, pero por las noches, cuando el silencio lo envolvía, las lágrimas escapaban sin piedad. El vacío que Yoongi había dejado en su vida era una herida abierta que no sanaba. Una tarde, mientras estaba solo en casa, escuchó que tocaban la puerta, no esperaba visitas, con el corazón encogido, se levantó y abrió.
Frente a él, una mujer vestida con lujos y aires de grandeza, lo miraba con desdén, sin pedir permiso, cruzó el umbral de su hogar como si le perteneciera.
—Así que tú eres el que tiene lo que me pertenece. —dijo con frialdad, como si escupiera veneno.
Jimin la observó con recelo, abrazando instintivamente el silencio de su hogar.
—¿Quién es usted? —preguntó, la voz apenas un murmullo.
—Soy alguien que conoció a Yoongi. —respondió ella con un gesto altivo, sus ojos brillando con arrogancia. —Veo que sigues vivo.
Las palabras le helaron la sangre, Jimin apretó los labios, conteniendo el temblor que le recorría el cuerpo.
—Así que fue usted... —dijo entre dientes, sus ojos empañándose de lágrimas contenidas, cargadas de resentimiento.
La mujer sonrió de manera siniestra y, sin dudar, sacó una pistola, apuntando directo al pecho de Jimin. Él no se movió, no retrocedió, solo la miró con un brillo apagado en los ojos, como si aceptara el destino.
Pero entonces ocurrió lo imposible, una mano pálida, translúcida, emergió de la nada y sujetó con fuerza la muñeca de la mujer. Ella se estremeció, aterrada, al sentir una presión real en su piel, aunque no podía ver quién la detenía, Jimin, con los ojos muy abiertos, lo vio.
—Yoongi... —susurró con voz quebrada.
El espectro lo miró, frío y sereno, antes de arrojar lejos a la mujer, que salió corriendo de la casa presa del pánico. El silencio volvió a llenar el lugar.
—¿Estás bien? —preguntó Yoongi con voz grave, como un eco que pertenecía a otro mundo.
Jimin no respondió, solo avanzó, despacio, tembloroso, su mano extendida se acercó al rostro pálido, dudando si era real o un cruel espejismo. Cuando sintió que su piel atravesaba esa barrera imposible y pudo tocarlo, las lágrimas finalmente cayeron.
—Yoongi... —murmuró, y lo abrazó con desesperación, con toda la fuerza de su dolor acumulado.
El fantasma lo envolvió en su fría presencia, como si incluso la muerte no pudiera separarlos, el abrazo fue largo, desesperado, como si Jimin temiera que en cualquier momento ese cuerpo etéreo se deshiciera entre sus brazos. El llanto ahogado se mezclaba con la sensación helada de Yoongi, que lo sostenía con una calma triste.
—Te extrañé tanto... —sollozó Jimin, hundiendo el rostro en su hombro.
—Yo también... —respondió Yoongi en un susurro, con una voz que parecía traída por el viento.
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Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]
FanfictionPark Jimin luego de un accidente tanto su cuerpo y alma quedaron a la mitad del mundo de los vivos y del mundo de los muertos, por lo cual eso le permite ver y tocar fantasmas. Debido a eso Jimin práctica unos viejos rituales de protección, ya que d...
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