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Aunque sus padres no querían, terminaron aceptando al pálido, al cual Jimin había traído con cuidado, con más ternura que culpa. Yoongi era, al fin y al cabo, el otro padre del niño que habían empezado a amar a regañadientes.

La habitación olía a manzanilla y a noche tranquila, afuera, el viento golpeaba suavemente los cristales, como si también quisiera entrar a escuchar.

Yoongi se sentó con lentitud en la cama, acomodando las almohadas detrás de su espalda herida. Su rostro aún estaba pálido, pero sus ojos brillaban con una conciencia aguda.

—Tus padres no se ven muy convencidos de mi presencia. —dijo con una sonrisa débil, ladeando el rostro hacia Jimin.

—No les des importancia. —negó él, sentándose al borde de la cama y quitándose los calcetines como quien deja atrás el peso del día. —Es por Sael.

Yoongi bajó la mirada por un segundo, Sael, su hijo, el pequeño de ojos curiosos y manos cálidas que alguna vez soñaron tener sin creerlo posible... y que ahora existía, respiraba, reía, vivía con ellos.

—¿Cómo se lo tomaron? —preguntó al tomarle la mano. Su voz estaba envuelta en un tono suave, casi culpable.

Jimin entrelazó sus dedos con los suyos y suspiró, sintiendo el pulso lento del otro en la yema de sus dedos.

—Están molestos. —admitió sin rodeos. —Me fui... y luego de un largo tiempo regresé con un niño en brazos, sin explicaciones, sin disculpas, solo dije: "Este es mi hijo, se llama Sael." Y lo dejé allí, frente a ellos, con la misma determinación con la que un corazón elige seguir latiendo.

Yoongi lo observó en silencio y Jimin siempre había sido más valiente de lo que él le había permitido demostrar. Siempre firme, incluso cuando temblaba por dentro.

—¿Les dijiste que era mío también?

—No con palabras exactas. —respondió Jimin. —Pero mamá lo miró... y luego te miró a ti, antes de irse en silencio, ella sabe.

Yoongi desvió la mirada hacia la ventana, como si esperara ver en la oscuridad alguna señal de que todo eso era real.

—No debiste cargar con todo esto solo.

—No me arrepiento. —le interrumpió suavemente. —Lo único que me dolería sería perderte de nuevo, a ti, a Sael y aunque ellos no lo entiendan ahora, algún día lo harán, porque te van a ver cuidar de él, como yo te vi hoy mirarlo mientras dormía, porque cuando uno ama así, incluso los prejuicios terminan rendidos.

Yoongi cerró los ojos por un momento, una lágrima se formó en silencio, rodando lenta por su mejilla, hasta que Jimin la limpió con el dorso de la mano.

—Gracias por no rendirte conmigo. —susurró Yoongi. —Por traerme a este lugar que alguna vez soñé y nunca creí merecer.

—Ahora lo mereces más que nunca. —le dijo Jimin, inclinándose para apoyar su frente contra la suya.

Y en la habitación, en ese instante simple, pero eterno, no hicieron falta más palabras, solo el susurro de dos corazones volviendo a reconocerse en la misma casa, en la misma cama, bajo el mismo techo que, poco a poco, se transformaba en hogar.

Ghost: Zero o'clock [Y.M][✓]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora