1) Los amigos no se celan.
2) Los amigos no se besan apasionadamente.
3) Los amigos no hacen el amor.
4) Los amigos no se enamoran entre ellos.
Esas eran las cuatro reglas que tenían Lucas y Chloe para que su amistad perdurara en el tiempo y ambos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Chloe
Se suponía que todo estaría arreglado para este momento de mi vida, por Dios, estaba a punto de casarme con mi alma gemela y estaba cagada a un nivel nunca antes conocido. Añade un embarazo al asunto y me tendrás en una imagen de mí abrazada a un inodoro sin poder controlarlo
Aparte, de que estaba triste, al mismo tiempo que me hallaba feliz como nunca. Me iba a unir para siempre con mi mejor amigo, estaba emocionada, alegre y muchas cosas más. El detalle radicaba en que extrañaba a mi padre. Mucho.
Como nunca madrugué y Lucas seguía dormido cuando dejé la cama. Yo me senté en el suelo del baño porque no tenía fuerzas después de vomitar. De repente lo vi a él, parado a través del marco. —Cl, ¿por qué no me despertaste?
—Te quedaste hasta tarde despierto, no quise hacerlo.
Se sentó a mi lado y tomó mi mano. —¿Estás asustada?
Era increíble que este tipo me conociera tanto, no importaba que hubiesen pasado ya al menos unos veinticinco años que lo conocía. Siempre descubría mis miedos antes de que yo se los expresara. Me conocía mejor que nadie.
—No voy a huir, no te preocupes. Ya crecí. —sí, me había caracterizado por ser una persona que escapaba cuando algo la sobrepasaba, mi terapeuta había dicho que se debía a la muerte de mi papá, tal vez sí, tal vez no, la cuestión es que trabajé mucho para mudar esa parte de mí, porque no quería perder personas y momentos especiales a causa de mis temores.
—Lo sé, Chloe. Aunque no te dejaría escapar muy lejos. A menos que quieras que estemos solos, y lo hago posible —solté una carcajada y al mismo tiempo lloré, estaba peor de lo que creía, malditas hormonas—. Amor, en mi corazón y en mi mente eres mi esposa. Solo firmaremos un papel que lo constata, pero en lo importante, ya lo eres.
—A veces no sé qué hice para merecerte, Luke.
—Ser tú. Llevo toda una vida enamorado de ti, de cada cosa que posees, de tu forma de ser, de cómo crees tener siempre la razón aun cuando no la tengas. —lo miré con ganas de matarlo, solo él podía decirme algo así cuando estaba desnudando su alma—. Te amo, con todo lo que soy.
Día tras día desde aquel cumpleaños en donde nos reencontramos se había encargado de decirme que me amaba. No hay instante en que no lo sienta, en que no me de cuenta de su amor por mí. Me había ganado la lotería con él.
—Te amo, Luke. Y aunque tú seas un fastidio la mayoría del tiempo, eres todo para mí. Mi mejor amigo y mi otra mitad.
Me intentó besar, pero aún tenía el sabor ácido dado por las náuseas y él lo comprendió. Solo acercó su boca al lugar en donde crecía nuestro pequeño polizón. Me ayudó a levantarme y aunque no era una niña pequeña, me cepilló mis dientes al ver que estaba algo somnolienta.