Revisó las cosas que había puesto sobre la cama una vez más antes de guardarlas en una de sus maletas más pequeñas. Luego de ello, rellenó de libros el espacio sobrante y tomó la snitch dorada que Naruto la había obsequiado, metiéndola en el bolsillo izquierdo de su pantalón. Entonces sujetó ambas varitas, la suya de cereso y la que Naruto le había facilitado, miró ambas por un instante y luego a su alrededor.
La bomba de tiempo estaba asegurada, una idea ingeniosa que no le contaría a nadie. La segunda parte de su plan necesitaba de quien llegó en ese justo momento, curioso de su equipaje.
—Iré a casa de los Namikaze unos días —explicó Sasuke a la pregunta no formulada, ganándose una sonrisa de Neji.
—¿Él está bien?
—Su padre dice que sí, pero no estaré tranquilo hasta que no lo vea —Sasuke tomó la maleta y luego le tendió la varita negra y plata a Neji —Mi padre intentó robarla una vez, no me siento seguro llevándola fuera de la escuela. ¿Puedes esconderla por mí?. No tengo tiempo, el señor Namikaze me espera.
Neji la tomó con cuidado y asintió. Su expresión le dijo a Sasuke que podía confiar en él para la tarea.
—¿Dónde? —indagó.
—Tengo el lugar perfecto.
...
Cuando volvió a ver a Minato, este observaba con ojo crítico una vara de madera que no sabía de donde había sacado y la que descartó arrojándola hacia atrás al sentirlo llegar. Sasuke de nuevo no pudo responder su sonrisa, pero, al igual que con Naruto, estar cerca de él y su esposa lo hacían sentir tranquilo y protegido. No tuvo tiempo de negarse cuando el mayor sujetó su equipaje y luego su mano para salir del colegio y así de su barrera mágica, pudiendo trasladarse, convirtiéndose en un borrón en el aire.
Sasuke tropezó al llegar. El suelo no era la plana tierra del bosque, como esperó, sinó una rocosa cumbre al borde de un barranco. Unos metros más allá, la casa de piedra se alzaba torcida y antigua frente al mar.
—¿Dónde...? ¿Dónde estamos? —preguntó confundido—. ¿No le dijo al director que me llevaría a su cabaña?
Esta vez Minato lo miró serio mientras avanzaban.
—Aquí es más seguro —fué lo que respondió—. El bosque se ha llenado de Cazadores y ya no me sentía tranquilo dejando a Kushina allí. No le gusta estar aquí, pero tendrá que soportarlo por un tiempo.
El Ravenclaw asintió con tristeza, comprendiendo el motivo. Este lugar era muy diferente a los Namikaze, parecía más un citio donde viviría alguien muy solitario, justo como él.
—¿De quién es la casa? —preguntó sin pensar, ya en el umbral de la puerta.
—Es de un amigo. La usa como refugio de vez en cuando, como nosotros ahora.
Pudo notar la gran diferencia de temperatura al atravesar la puerta. Aunque antigua y algo polvorienta, era cálida. Una gran chimenea llamaba la atención al entrar en el salón, más allá una cocina con un ventanal de cristal de vista a un mar gris y tormentoso en donde Kushina se atareaba con algo que Sasuke identificó como un caldo espeso y humeante. No le faltaban los grandes trozos de carne y deliciosos tomates, abriéndole el apetito y anunciando su llegada con un sonoro quejido de su estómago que hizo arder su rostro.
—Por Merlín... —rió la mujer al voltear y luego se acercó para abrazarlo—. ¿Te matan de hambre en esa escuela, cariño?
—Lo siento, es que huele delicioso —se justificó con sentimiento. Había añorado demasiado ese tono maternal y las palabras cariñosas.
—Oh, no, no lo sientas —dijo Kushina, sujetando ambas de sus mejillas. ¿Ella se había encogido o era él que estaba más alto?—. Tenía muchas ganas de verte, desde que el maldito de...
—Amor... —advirtió Minato, haciéndola bufar—. ¿Por qué no descansas un poco? Yo terminaré de servir.
La pregunta de Minato provocó que Sasuke se fijara en las ojeras que tenía la señora Namikaze. Aunque igual de bella, se notaba agotada, suposo que a causa del cuidado de su hijo. Miró entonces hacia la única escalera. Intuyendo que las habitaciones estaban en el segundo nivel. Ambos mayores sonrieron con complicidad y Kushina se agarró de su brazo para acompañarlo arriba.
—Ven a verlo, pero está dormido ahora. Es todo lo que hace prácticamente. La poción que mandó el doctor depende de su descanso, así que tiene un somnifero fuerte —explicó.
—¿Sus heridas como están?
—Su columna estaba hecha un desastre, al igual que sus piernas, pero no hay nada que una buena dosis de S kele-Gro no arregle. Aún así... —Sasuke notó como la barbilla de Kushina tembló por un momento cuando su voz se ahogó—. Fué difícil verlo... Pero ya está casi curado. Unos días más y podré darle el coscorron que se merece por pegarnos este susto.
Se detuvieron frente a una puerta de madera que ella abrió para después invitarlo a pasar con un ademán de su mano.
—Descansa un rato, te llamaré cuando la cena esté lista —indicó y lo dejó solo.
Sasuke observó la cama, a un lado de la ventana y unas cortinas gruesas, más grande que una personal, pero no tanto como la que Naruto tenía en su habitación. Junto a ella había un sillón cómodo y una mesita con algunos medicamentos y una jarra de plata con agua. Él estaba, como dijo su madre, dormido, cubierto con una gruesa manta de color musgo. Ya no había sangre, solo una venda blanca a un lado de su frente, como única evidencia visible de lo que había ocurrido.
Se acercó lentamente, percibiendo con claridad esa piedra amarga en su garganta. Su perfil, su expresión relajada, tan distinta a la indiferente que tenía la última vez que se vieron. Sasuke no supo como había soportado estar lejos, como pudo terminar algo tan bonito aunque tuviese todas las justificaciones del mundo. Había sufrido, pero también lo había hecho sufrir en demasía y Naruto era la persona que menos se merecía la tristeza. Él era su sol, su ancla, su techo, su escudo y espada, su alma y corazón mismo. Sin Naruto, no había un Sasuke, porque él fué la única razón por la que permaneció en Hogwarts lo suficiente como hayar las armas y luchar por su madre.
Sentándose en la cama se atrevió a tomar su mano, cálida y áspera. La besó y llevó a su mejilla húmeda, luego se inclinó y rozó sus labios con los suyos, sonriendo con melancolía y un cansancio que llegó cual piedra. El estrés de semanas al fin alejado, permitiéndole respirar nuevamente.
...
Naruto gruñó al despertar, su espalda aún seguía adolorida y tensa. Ni que decir de su cabeza, la que movió lentamente a un lado cuando notó una respiración cálida en su cuello. Conocidas, hermosas pestañas largas y negras, casi escondidas bajo un flequillo sedoso y ébano.
—Otra vez estoy alucinando —se quejó amargamente, provocando que Sasuke despertara ansioso y lo mirara desde arriba cuando se incorporó. El Gryffindor lo observó unos segundos con el ceño fruncido—. Vaya, esta sí parece real. Hasta respiras y todo.
—Tonto... —sollozó Sasuke, sorprendiéndolo—. Soy re...
No pudo terminar de hablar, Naruto repentinamente tiró de su bufanda azul y blanca, robándole un ansiado beso, como si hubiese estado esperando por él todo ese tiempo.
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OBLIVIATE
FanfictionEscondiendo sus verdaderos sentimientos, Naruto y Sasuke entablarán una amistad por conveniencia, conociéndose más a fondo, compartiendo secretos y ayudándose entre sí. Sin embargo, habrán problemas más grandes que la vergüenza de confesar su amor...
