El secreto mejor guardado

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- ¿Y ese vestido? ¿Nuevo?

- Si - respondió ella altivamente.

- Te viene de maravilla, te ves tan elegante, fina y delicada.

- Muchas gracias, me halagas - dijo ella con un tono pretencioso y una sonrisita en los labios; sin ni siquiera inmutarse, un poco, al recordar que para obtener ese vestido, que era el último que quedaba en rebaja, tuvo que jalarse por los pelos y caerse a golpes con otra mujer.

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