Cuado se desató la tormenta, en vez de preocuparse porque sus hijos estaban solos en casa, o porque no había cerrado las ventanas, la mamacita se llevó las manos a la cabeza y gritó horrorizada:¡Ay, mi pelo!
Cuado se desató la tormenta, en vez de preocuparse porque sus hijos estaban solos en casa, o porque no había cerrado las ventanas, la mamacita se llevó las manos a la cabeza y gritó horrorizada:¡Ay, mi pelo!
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