Capítulo 9: Un adiós imprevisto

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Buscaba a Rob desesperada por todos lados, tenía los ojos empañados por las lágrimas, y sentía el corazón en un puño.

Recorrí cada pasillo de la escuela gritando, desgarrándome la garganta con su nombre, sintiendo su nota arderme entre los dedos.

Estaba asustada, rabiosa, llena de ira, triste y hecha trizas.

Se había marchado y ni si quiera había tenido la poca vergüenza de despedirse de mí. Solo había tenido la cara de dejarme una nota.

¡Una jodida nota!

"Sandra,
Siento hacerte esto, sabes que te quiero y me duele tener que dejarte aquí, al menos por un tiempo. Me pondré en contacto contigo en cuanto me sea posible. Cuida de Jess, o mejor que cuide ella de ti, ya que la propensa a los accidentes eres tú... Entiende que esto no lo hago por gusto, simplemente tengo que mantenerte lejos de "ellos".
Prometo que volveré.

Siempre tuyo,
Rob. "

Una lágrima se deslizó por mi mejilla. Me estremecí al sentir la nota resbalar entre mis dedos, y dejar que aquel pequeño papel cayera al suelo.

Me agaché y lo recogí rápidamente. Cuando me incorporé, Ramírez corría alarmada en mi dirección.

-¡Ramírez!

-Tranquila, Sandra. Tranquila. ¿Qué sucedió?

-R... Rob -Jadeé asustada.

-Oh. Era eso...

-¿Cómo? ¿Lo sabía? ¿¡Usted lo sabía y no me dijo nada?!

-Sí, cielo. Lo sabía. Pero no debes preocuparte, él estará bien y pronto volveréis a veros.

-¿Cuándo es pronto? ¡Acababa de recuperarlo justo ahora! No puede marcharse-. Estaba empezando a ponerme nerviosa, muy nerviosa.

-No sabría decirte, Sandra -Se refrotaba las manos nerviosamente.

-Pero... ¿por qué? ¿Por qué se ha ido sin darme ninguna explicación, sin avisar?

-No había tiempo, teníamos que actuar de inmediato... espero que lo entiendas.

-¿De inmediato? ¿Actuar? ¿Qué narices está sucediendo?

-Ha habido un imprevisto... pero tranquila, ya está todo solucionado. Solo deberías preocuparte de pasar el examen; si lo apruebas volverás a verlo, sino, habría sido mejor que ni si quiera lo hubieras conocido.

-¿Cómo? ¿Qué... examen?

-No tienes de qué preocuparte, -Me dijo formando una siniestra sonrisa con los labios. -es una especie de prueba que pasarás sin problemas si realmente resultas ser... como nosotros, y que no podrás pasar si eres... humana. Humana al cien por ciento.

-Repito, Ramírez. Dónde. Está. Rob -Me estaba estresando.

-¡Maldita necia! -Sus palabras me pillaron por sorpresa. -Lo sabrás dependiendo de tus resultados en el examen, hasta entonces deberías preocuparte menos por él, solo es un consejo...

Se dio media vuelta, e igual que había venido; se fue.

Corrí hacia mi cuarto con una espesa capa de lágrimas en los ojos a punto de ser derramadas.

En ese momento se me pasaban demasiadas preguntas por la cabeza: ¿Por qué se había ido sin decirme nada? ¿Qué pasaría si no pasaba la prueba? ¿Realmente lo volvería a ver? ¿Regresaría?

Tenía que hacerlo; tenía que volver.

Me lo había prometido. No podía dejarme tirada después de todo, ¿no?

¿Qué sucedería de pasar el examen? ¿Me saldrían alas? ¿Me enviarían junto a Rob? Y la pregunta de las joyas de la corona... ¿De quién hablaba Rob al referirse a Ellos?

Abrí la puerta y la cerré de golpe seguidamente detrás de mí. Seguí corriendo hasta que llegué a la cama, y pude dejarme caer con fuerza sobre el colchón.

Me llamó la atención el sonido de algo golpeando el suelo. Me quedé en completo silencio repasando mentalmente la lista de cosas lógicas que podrían estar bajo el colchón, y caerse al tirarme sobre él.

No encontré muchas.

Dejé caer la cabeza para ver que había bajo la cama; estiré el brazo, lo agarré, y justo en ese instante, pude notar la rugosidad del objeto. Una rugosidad que a su vez, poseía una extraña suavidad muy peculiar.

Me acerqué a la ventana para poder observarlo con la poca luz que se filtraba.

No... no podía creer lo que mis ojos estaban viendo. Pero, ¿cómo? Creía haberlo perdido en la mudanza...

Era el medallón.

No entendía... ni si quiera se me ocurría una manera, una sola manera de que aquel talismán hubiera podido llegar hasta las tablas que sostenían el colchón.

¿Podría haberlo puesto allí... él? No. Imposible.

Ni si quiera yo misma me acordaba del medallón antes de ese momento.

Lo observé más lentamente, y pude localizar una minúscula ranura en un costado del colgante. Introduje la punta de mi uña para abrirlo, y en su interior encontré un pequeño zafiro con forma ovalada.

Lo miré intrigada, y me sorprendí.

En la cara plana de uno de los lados de la piedra preciosa, había grabadas unas iniciales: S & D.

No encontraba sentido a aquellas dos letras, hasta que me di cuenta de que aquel medallón había pertenecido a mi familia durante generaciones, y que quizá si miraba en el árbol genealógico, podría encontrar los nombres a los que se referían las iniciales.

Recordé que en la inmensa biblioteca de la escuela había un pequeño y viejo ordenador que gozaba de conexión a Internet.

Guardé la piedra en el interior del medallón, lo deslicé por mi cuello, y me desplacé silenciosamente hasta la biblioteca.

Me senté con torpeza en las sillas y encendí el ordenador. Entré en mi correo y escribí a mi tía de Florida. Hacía mucho tiempo que no recibía e-mails suyos.

Le pregunté por sus dos hijos, su trabajo y su marido. Después, le pedí que me enviara una foto del árbol genealógico que tenía enmarcado en el salón.

Me despedí cariñosamente, cerré sesión después de haberle dado a enviar, y apagué el ordenador.

Cuando caminaba hacia la habitación, me encontré a Jess por el pasillo.

-Sandra, tenemos la prueba ahora -Me dijo nerviosa. -Me lo acaba de comunicar Ramírez, así que vamos para allá.

-¿Dónde es? -Pregunté.

-No lo sé, pero dijo que la esperáramos en la biblioteca.

-De acuerdo, vamos.

Definitivamente, tenía que pasar esta maldita prueba como fuera. Si quería volver a ver a Rob, tenía que hacerlo; y emplearía todas mis fuerzas en ello.

Traspasamos el umbral del pasillo y allí estaba ella.

En el fondo, tenía la sensación de que no era una buena mujer, ni si quiera Rob confiaba en ella, y era su abuela.

Pero sinceramente, no me fiaba ni un pelo de esa arpía maliciosa.

Sonreía falsamente mientras ponía los brazos en jarra.

-Bienvenidas -Dijo con un brillo oscuro en sus ojos.

-Hola -Saludó Jess sin mucho entusiasmo.

Sin embargo yo no hice más que bufar a modo de saludo. Ramírez no se ofendió, más que nada, porque creo que ya se esperaba esa reacción de mí.

Besos de terciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora