Caminamos hasta una de las alargadas mesas de la biblioteca.
Ramírez nos ordenó posicionarnos en mesas separadas, después de eso, nos pidió que nos tumbáramos sobre estas.
Nos aseguró que no era nada raro, que simplemente ella haría preguntas, y dependiendo de nuestra respuesta psicológica y racional, sabría nuestra naturaleza; sabría si realmente éramos ángeles, o humanas.
Acatamos sus órdenes y nos tumbamos, cerrando los ojos y esperando oír su voz retumbar en nuestra cabeza.
Y así fue; un montón de palabras sin sentido entraron por mis oídos, pero con las mismas que habían venido, se habían ido.
Estaba en otro mundo, estaba intentando desesperadamente buscar la manera de saber dónde narices se encontraba Rob, para poder ir a buscarlo, para poder encontrarlo, para poder reencontrarnos.
En algún momento de aquel extraño recital me había despegado de la mesa, ya no sentía la dura y fría base de madera debajo de mí.
Y fue entonces cuando comencé a prestar atención a las voces de mi cabeza.
-¡¿Sandra!? -Ramírez dio un grito ahogado.
Ni si quiera me molesté en abrir los ojos. Estaba demasiado bien allí arriba, flotando, sintiendo el peso nulo de mi cuerpo, refugiada en la privacidad de mi mente.
Abrí los ojos de golpe al darme cuenta de lo que acaba de pensar.
¡¡¿Flotando!!?
Me puse nerviosa, toda mi concentración desapareció, y caí sobre la mesa de nuevo, golpeándome la cabeza con exagerada fuerza, y partiendo y astillando la madera.
Caí al suelo rodeada de trozos de una mesa centenaria. Me sentí culpable por haber roto algo tan bonito.
Pero, ¿cómo había podido partir una mesa sana y robusta como aquella? Y algo más inquietante aún, cómo narices había conseguido... ¿Flotar? ¿Volar?
Jess corrió hasta mí preocupada ante el estrepitoso golpe.
-Sandra, ¿estás bien? -Preguntó preocupada.
-¡Ah! -Chillé. Al intentar levantarme sentí como si me hubieran atravesado cerca del omoplato con un cuchillo.
-Sandra, te ayudaré a levantarte -Dijo Ramírez algo preocupada.
Cuando, lentamente me incorporé, y me di la vuelta dándole la espalda a Jess, esta emitió un grito ahogado que me sobresaltó. Me giré rápidamente para ver qué había sucedido, y lo único extraño que vi -a parte de un montón de madera esparcida por el suelo- fue el rostro pálido, como el de un muerto, de mi amiga.
Sentí algo húmedo resbalar por mi espalda, pero quise pensar que simplemente era sudor.
-Jess, ¿estás bien? -Me preocupé.
-¿Lo estás... tú?
-Sí, creo. ¿Por qué?
-Mira en el reflejo de la ventana tu espalda -Susurró.
Me acerqué a la ventana y miré mi espalda como ella me había indicado.
Estuve a punto, estuve muy, muy cerca de desmayarme.
Una astilla del tamaño de mi mano se hundía en mi carne, manchándome toda la camiseta de un tono granate oscuro.
Tendría que haber estado retorciéndome de dolor; llorando, gritando, suplicando que me sacaran aquello. Pero simplemente estaba allí, mirando como la tela se iba tiñendo cada vez más rápido.
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Besos de terciopelo
FantasiaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
