ROB.
Desperté sobresaltado y eché en falta su calor; su presencia.
¿Cómo iba a poder llevar a cabo mi misión estando enamorado de mi presa? ¿Cómo iba a poder... matarla? Sentí un hormigueo desagradable en el estómago con tan solo pensar lo que me habían ordenado, que por supuesto, no iba a obedecer, o ¿sí?
No podía permitirme el lujo de enamorarme, no podía caer en las malditas garras del amor.
No podía enamorarme del animal en la cacería.
No de sus sonrosadas mejillas.
No de sus profundos ojos.
No de su humanidad.
Sandra no estaba donde debía estar; a mi lado. Pensé que podía haber salido a pasear, pero cuando me incorporé vi que su mochila estaba abierta. Miré hacia mi derecha, pero no me hacía falta ver nada para saber que Amelia dormía como un perezoso.
¿Y luego soy yo el que ronca? Sí, claro.
Me levanté e inspeccioné lo que quedaba en la mochila, lo único que faltaba era la toalla que había cogido en casa de mi tía.
El rumbo de mis pensamientos tomó de golpe otro camino.
El río. Ha ido al río.
Cuando conseguí hacerme paso entre la frondosa vegetación, y comencé a escuchar el sonido del fluir del agua, supe que estaba cerca.
Continué con mi paso lento y perezoso hasta que levanté la vista del suelo y me quedé paralizado.
Frente a mí una hermosa mujer me daba la espalda desde el interior del río. El agua le llegaba a la cintura, y en su definida espalda nacían dos hermosísimas alas blancas que se desplegaban con toda su largura rozando con las plumas más bajas la superficie del lago. Su larga melena caía ondulada entre la unión de ambas terminaciones llenas de plumas.
Mi chica. Mi ángel.
Fue la manera más natural y hermosa que tuve jamás de poder admirarla; en todo su esplendor.
Me oculté detrás de un matorral cercano a la arenisca orilla.
No podía dejar de mirar satisfecho, orgulloso, enamorado, sus delicados y elegantes movimientos.
Joder, Rober. Estás enamorado hasta las trancas, ¿cómo vas a matarla?
Mierda, sería una locura.
Se sumergió en el agua y en menos de un segundo había aparecido de nuevo en la superficie de la orilla, tomándose su tiempo para salir del agua a la vez que replegaba las alas tras de si.
Era hermosa.
Se acercó a la toalla y se enrolló en ella, después escurrió su pelo y miró en todas direcciones.
¿Podría sentir mi presencia?
Después se relajó y me dio la espalda para sentarse mirando hipnotizada el caer del agua de la cascada.
La parte de la toalla que cubría su espalda resbaló hasta sus riñones y de nuevo observé cómo desplegó sus alas con lentitud.
Sentí su concentración cuando intentó guardarlas, pero no consiguió su propósito.
Tardó un poco más, pero a base de insistir consiguió plegarlas, y me sentí orgulloso de ella.
Esa es mi chica.
Se levantó, se estiró y se hizo un moño de mala manera en lo alto de la cabeza dejando a mi vista su delicada nuca.
-Me gusta que me hables cuando lo necesito -Su voz me sobresaltó cuando le habló a la nada.
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Besos de terciopelo
FantasyAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
