Capítulo 47: Mantente con vida

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🌸Feliz día, tarde o noche mis queridos lectores🌸

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-Cameron-. Gruñí furiosa y anonadada. Sus profundos y verdes ojos brillaban de la manera en la que lo hacen cuando desbordas euforia.

-Cam, por favor. Llámame Cam-. Miró el cuerpo de Rob, suspiró y le propinó una patada en las costillas que le obligó ha emitir un claro sonido de dolor. -Ha sido tan fácil...

-¡Para! -Grité. No soportaba que Rob sintiera ni una pizca de dolor. -¡Para! ¿Me quieres a mí? ¡Aquí me tienes! Pero déjalo-. Supliqué. -Déjalo, por favor.

Se acercó a mi lentamente pasando sobre él.

-Claro que te quiero a ti, pero sois demasiado vulnerables. El amor os hace débiles. Todos los mundanos sois iguales. Débiles, presas fáciles. ¡Si es que no dais juego! -Voceó divertido levantando los brazos.

-No soy humana. ¡No lo soy! Lo sabes tan bien como yo-. Me incorporé lentamente hasta quedar sentada sobre el barro con el ceño fruncido.

-Claro que lo eres. Un ángel sin alas, simplemente no es... un ángel-. Se encogió de hombros. Su cara se acercó a la mía. -Podrías ser incluso uno de los míos: un caído. Un demonio-. Dijo con asco y admiración. Se volvió a incorporar.

-Rob confiaba en ti, ¿cómo has podido hacernos esto? -Intenté no hacer caso de sus asquerosas palabras.

-¡Já! -Parecía... tenía la apariencia más peligrosa que me había mostrado nunca. El, que me había besado tan tiernamente como si de mi vida dependiera la suya-. No creía que fueras tan ingenua... Ese es otro de vuestros defectos: el amor os hace vulnerables, y la confianza puede mataros ¿a caso no lo ves? Yo mismo podría haber complacido al poderoso Gabriel si te hubiera matado cuando tuve oportunidad en el hotel, o en el coche, o en cualquier otro lugar. Tú confiaste en mí, incluso podría decir que llegaste a quererme, -se puso de cuclillas junto a mí, y puso su dedo índice bajo mi barbilla. Varios mechones rubios le caían sobre la frente por la lluvia, y por ellos corrían pequeñas gotas que parecían doradas por el reflejo del Sol- ¿no es así?

-Jamás podría llegar, ni si quiera a apreciar, a un ser tan repulsivo como tú-. El se incorporó inmediatamente con rostro severo y golpeó mi mandíbula con su pie como si fuera un balón de fútbol.

Volví a caer con un sonido sordo contra la tierra fangosa sintiendo un dolor penetrante allí donde había impactado su bota. Noté el fuerte sabor metálico en mi lengua y escupí un líquido carmesí. Me pasé la lengua por los labios y volví a incorporarme.

-Veo que te gusta dar patadas-. Sonreí dejando ver mis dientes manchados de sangre. Y él volvió a golpearme con la punta de su pie, acertando justo en mi sien izquierda, y volvió a derribarme.

Esta vez el dolor apareció de golpe, y fue extendiéndose como un depredador por toda mi cabeza. Gruñí.
Me levanté y di dos pasos atrás tambaleándome hasta chocar contra la pared de roca. Me di en el hombro y de mi boca salió un alarido que me pilló por sorpresa.

-Mírate-. Rió Cam. -Sinceramente, me has decepcionado. Te recordaba más fuerte. Y en realidad, -suspiró metiéndose las manos en los bolsillos- estás tan rota por dentro como por fuera. Has pasado por cosas terribles, -ladeó la cabeza- y nunca te vi rendirte. Ni si quiera ante aquella loba blanca. No sé cómo lo has echo siempre, Sandra, pero cada vez que ha estado a punto de llegarte la hora, te has zafado de la muerte-. Abrí los ojos de par en par.

-¿Cómo sabes eso? Lo de la loba... -Ésta vez él fue el que pareció verdaderamente sorprendido.

-¿Cómo? ¿Acaso no te habías dado cuenta de que...? -Negó para sí mismo, como si estuviera aclarando sus pensamientos. -Sandra, la sombra del árbol era yo.

Besos de terciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora