Capítulo 54: Catorce días

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Caminaba entre callejones buscando la dichosa librería. No dejaba de pensar en que solo tenía catorce días. Catorce días, para que se acabara la cuenta atrás. Catorce días para un final, que podría ser feliz, o catastrófico.

Catorce días, Sandra. Catorce estúpidos días.

Después de mucho tiempo deambulando por las calles, vi a lo lejos una pequeña tienda, con un cartel en el que se podía leer: “Librería Hijos de la Luna”.

Me entusiasmé, y casi corrí hasta llegar a ella. Tenía un pequeño escaparate, con libros como: “La historia de Caín”, “El ángel Ariel”, “Guerra en el cielo”... ¡Bingo! Pensé entusiasmada.

Empujé la puerta, y el sonido de una campanita me dio la bienvenida. Un embriagador olor a azahar me obligó a cerrar los ojos, e inspirar profundamente. Y cuando los volví a abrir, una anciana me sonreía desde detrás del mostrador.

-Buenas tardes-. Saludé devolviéndole la sonrisa.

-Buenas tardes jovencita-. Respondió con una voz suave y ronca a la vez.

Empecé a merodear por los pasillos de la pequeña tienda, bajo la suspicaz mirada de la mujer. Iba leyendo cada uno de los títulos de aquellos polvorientos libros. De vez en cuando abría alguno y echaba una ojeada a sus páginas.

-¿Buscaba algo en concreto? -Me preguntó la señora con voz curiosa. -Quizá pueda ayudarle.

Me acerqué a ella lentamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo para mí sola. Posé mis manos sobre el frío cristal del mostrador, y la miré fijamente a los ojos. Eran grises, y parecían haber sido azules en un pasado lejano.

-¿Tiene algo que trate sobre un medallón relacionado con lo celestial?-Pregunté aparentando indiferencia y pura afición.

-Un medallón... -Repitió en voz baja para sí misma. -Creo que puedo tener algo en la trastienda, iré a ver.

La vi desaparecer por una puerta al final de un pasillo. No pude reprimir una sonrisa al pensar que quizá aquella anciana tuviera información sobre los poderes de mi medallón.

Mientras la esperaba, continué mirando los libros de las estanterías que aún no había revisado. Un libro de un grosor considerable captó mi atención. Fue como si destacara del resto. Lo cogí, y soplé el polvo que lo cubría. Era negro, y unas pequeñas letras doradas era lo único que tenía en la tapa.

-Du cliero combatientes.-. Leí en voz baja su título. Lo abrí, y me sorprendió ver que estaba escrito a mano.

“Infierno”, “espadas de oro blanco”, y “seres voladores con plumas en sus espaldas”, fue todo lo que me dio tiempo a captar entre las cientos de palabras que recubrían las páginas amarillentas, antes de que la anciana apareciera con algo marrón entre sus arrugadas manos.

Volví de nuevo al mostrador con el libro negro y mirada curiosa.

-¿Qué significa esto? -Pregunté mientras pasaba los dedos por las letras doradas de la portada.

La mujer abrió mucho los ojos cuando vio a lo que me refería.

-No está a la venta, lo siento.

-Señora, solo quiero saber qué significan esas palabras... nada más.

Me atravesó con la mirada, y dudó un momento, pero al final cedió.

-“Du cliero combatientes”-. Leyó alto y claro. -Los combatientes del cielo-. Suspiró. -Eso significa. Este libro es extremadamente antiguo, cuenta leyendas sobre las batallas de los seres celestiales.

Besos de terciopeloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora