Capítulo 55: Mi guerra

77 6 0
                                        

Miré por la ventanilla, el cielo estaba cubierto de nubes, pero no parecía ir a ponerse a llover, la temperatura era ideal: ni frío, ni calor, y en el ambiente circulaba una humedad que me permitía respirar profundamente, aunque también le permitía a mi pelo parecer un nido de cuervos.

Cuando llegamos al punto desde el cual me adentraría en el bosque le pedí al taxista que se detuviera, pagué el dinero correspondiente y esperé a que desapareciera de mi vista para entrar en el bosque.

-*-

Anduve durante horas. Tenía que conseguir el medallón, por Rob.
Monté la tienda de campaña en un claro cercano a unos viejos robles, que me darían ventaja en la lucha. Afilé los puñales que había conseguido en el campamento, y me los metí en las botas, entre el calcetín y el cuero del calzado, y los cubrí con el pantalón.

Encendí un fuego, y después tomé algo de comida de la que había metido en la mochila. Después de eso, simplemente esperé.

Reflexioné en silencio mientras miraba las titilantes lenguas de fuego y solo pude llegar a una conclusión: aquello era un suicidio.

Joder, Sandra. Te has precipitado. ¡¡Por todos los cielos, pretendes enfrentarte a Gabriel!! ¡¡El maldito rey de los Oscuros!!

Me encontraba absorta en mis propios pensamientos autodestructivos y arrepentidos cuando unos pasos me sobresaltaron.

Me puse de pie de un salto y me giré con toda la rapidez que me permitieron mis pies.
Un escalofrío se adueñó de toda la superficie de mi piel. Supe que mi papel en la tan ansiada guerra, ya había llegado.

-Cam-. Susurré mientras sentí palidecer.

Estás jodida, Sandra. Ya estás muerta y enterrada.

-Pareces sorprendida-. Dijo acercándose a mí.

-No te esperaba a ti-. Admití aparentando seguridad y tranquilidad.

-Gabriel me ha enviado a mí. No se fiaba de ti, pequeña mundana-. Sonrió.

-¿Tan peligrosa le parezco?-Reí intentando parecer relajada.

-Eres dura de pelar-. Me miró con un brillo feroz.

-Bueno, en realidad es mejor que hayas venido tú.

-¿Por qué?-Preguntó sorprendido.

Caminé hacia él, y antes de poder tocarle, me encontraba inmovilizada en el suelo con un cuchillo en mi garganta.

Mierda.

-No olvides que mi misión es matarte, princesa-. Sonrió.

No opuse resistencia, tenía un plan, y primero tenía que hacerle creer que quería cambiarme de bando.

-Lo sé. Pero... -Suspiré aparentando estar relajada y escondí mis nervios lo mejor que pude. -Cam, no lo soporto más-. Deslicé mis ojos hacia un lado, y luego hice regresar mi mirada hacia él, intentando parecer desesperada. -Cuando luchamos... no era yo. Lo siento tanto... -Bajé la voz. -Cam, deja que te explique algo, y si después quieres matarme... podrás hacerlo sin que oponga resistencia-. Me obligué a actuar mejor, y una lágrima calló por mi mejilla derecha.

Vi cómo su mirada salvaje desaparecía dando lugar al desconcierto y la duda.

Se encontraba sobre mi cuerpo, apretando el filo de su cuchillo contra mi piel. Me tenía totalmente inmovilizada. Levanté mi mano izquierda y la dirigí hacia su rostro lentamente, pero antes de poder hacer nada, me la aplastó contra el suelo de un pisotón.

Besos de terciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora