Sandra, ¿sabes que has besado a un viejo centenario? ¡Qué asco chica!
En mi mente no lograba entender cómo podía tener ante mis ojos un hombre tan sumamente viejo y sin una sola arruga. Atrapado en el tiempo en el escultural y magnífico cuerpo del adolescente que fue hace más de un siglo.
Suspiré intentando asimilar toda la información.
-Estoy saliendo con un viejo -Dije para mí misma. -¿Te has dado cuenta de lo turbio que es eso, Rob?
En cuanto analizó la expresión de mi cara empezó a carcajearse, no sé si de la mueca que hice, de lo que acababa de decir, o de mi reacción en general.
Me perturbó el pensamiento de estar saliendo con un viejo.
-El problema, Sandra -Se puso serio y todo su semblante se endureció. -Es que yo tenía que llevar a cabo una tarea, algo así como una misión. Y cometí el peor error que un ángel puede cometer.
-¿Cuál? -La esencia que desprendió sobre mí la intriga, recorrió todo mi cuerpo dándome escalofríos. -¿Qué pasó?
-Que me enamoré. Me enamoré de ti siendo aún humana, -susurró hacercándose despacio- y eso para un ángel, es pecado capital. Los ángeles no podemos enamorarnos de los humanos.
Mil y una emociones se arremolinaron como un torbellino en la boca de mi estómago amenazándome con vomitar.
¿Rob se enamoró de ti? Esto no puede ser, Sandra.
Es cierto que eso es lo que había querido creer y escuchar desde que apareció en mi clase, pero en realidad nunca lo había visto posible. Al fin y al cabo Rob era demasiado para mí.
Rob es demasiado bueno y oscuro.
Demasiado atractivo y peligroso.
Demasiado sexy, y sobre todo demasiado sobrenatural.
Junto a él me sentía tan en calma y completa como rebosante de adrenalina y poder. Pero también me sentía como su presa; me atraía como las plantas carnívoras a los insectos.
Sabía que con él estaba en peligro pero terriblemente a salvo.
-Pero tú incumpliste la única regla que no deberías haber roto -Afirmé sosteniéndole la mirada.
-Sí, la incumplí. Aunque tú ahora seas mitad ángel, mitad mortal; yo me enamoré de ti siendo aún humana, y espero que puedas perdonarme algún día -Sus ojos se habían vuelto oscuros, y parecían tornarse cada vez más peligrosos, era como si la tormenta que había en su interior cada vez se volviera más salvaje.
-¿Perdonarte? -Pregunté desconcertada. -¿Perdonarte por qué? ¿Por hacerme feliz, Rob?
-Al enamorarme de ti, nos condené a los dos. Te he expuesto al peligro de una manera imperdonable, y he incumplido una de las reglas más importantes; más inquebrantables. Y eso traerá consecuencias.
-Para, Rob -Le corté tajante. Las ideas estaban empezando a brotar dentro de mí; desordenadas; furiosas; excitadas. -Se supone que somos los elegidos, ¿no?
-Sí -Contestó confuso.
-Se supone que los elegidos deben mantenerse juntos para poder... Procrear, ¿me equivoco?
-No.
-Entonces no tiene sentido que nos apliquen castigo alguno cuando tú solamente has cumplido con tu deber, Rob.
No dijo nada y un silencio pesado y extraño se instaló a nuestro alrededor.
Tomó mi rostro entre sus manos y me besó haciendo que mi corazón diera un vuelco. En el momento en el que nuestras bocas se unieron mil corrientes eléctricas atravesaron mi piel allí donde Rob me tocaba.
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Besos de terciopelo
FantasíaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
