Hellooo mis queridísimos lectores!!
Aquí está vuestro capítulo de los miércoles!
Espero que lo disfrutéis💓
-*-
-Papá-. Susurré.
Me había venido a bajo.
Hacía semanas que no recibía noticias de Rob. Nos habíamos despedido precipitadamente en la puerta de mi casa, después él, había salido corriendo.
Rob, Sam, Amelia.
Todos se habían ido.
Habíamos luchado en la batalla, y habíamos sufrido bajas, muchas bajas. Pero cada vez iban llegando de todas las partes del mundo más ángeles que nos ayudaban a luchar codo con codo contra Ellos: los Oscuros.
Aún era capaz de escuchar los desgarradores gritos de dolor y terror en mi cabeza, una y otra vez. Y al cerrar los ojos, veía toda la sangre de mis amigos; de mis compañeros; de mis superiores e iguales derramada. Ni si quiera sabía cómo habíamos logrado salir vivos de aquella matanza.
Rosa había muerto en la primera batalla, había muerto sin poder despedirme de ella.
Después de la guerra, llegaron unos hombres vestidos de negro, con prominentes alas blancas. Al parecer, yo era una pieza clave del rompecabezas.
O me querían muerta, o me querían viva.
Pero lo que yo quisiera daba igual, por supuesto. Me habría gustado seguir luchando y morir por una causa, pero en lugar de eso, ahora me encontraba encerrada en mi propia casa, con vigilancia las veinticuatro horas del día.
Me vigilaban, esos hombres no me quitaban el ojo de encima ni aunque me encerrara en el armario.
Al principio me sentía acosada, pero poco a poco me fui acostumbrando. A lo que no me acostumbraba era a la ausencia de Rob. Nos escribíamos cartas a menudo para saber cómo estaba. Los móviles y el internet no servían allí donde él se encontraba.
¿Qué dónde estaba?
Ni si quiera yo lo sabía. Al parecer, era peligroso desvelar su paradero.
Y así estaban las cosas:
Rob desaparecido: ya ni siquiera respondía las cartas que le enviaba, y eso solo podía significar dos cosas -y ninguna de ellas era buena-: o los Oscuros lo habían capturado... o estaba muerto.
Muerto.
Esa palabra bailaba en mi cabeza tétricamente, destrozándome y volviéndome loca, aguardando el momento en el que poder afirmarse a sí misma.
Amelia y Sam... De ellos no había vuelto a saber nada desde que me había marchado con Rob a la casa de campo que Rosa le había entregado en secreto. Ni si quiera sabía si seguían vivos, aunque lo más posible, era que ya hubieran muerto.
El silencio me estaba haciendo enloquecer. La pena más venenosa corría por mis venas, ahogándome con cada latido de mi corazón. Ya ni las lágrimas querían salir para poder desahogarme.
-Papá-. Repetí desesperada contra su pecho. -Necesito a mamá-. Sollocé.
Sollocé como una niña pequeña que se asusta al pensar que en su armario hay un monstruo escondido.
Él me frotó la espalda y me dio un cálido abrazo. Lo necesitaba, necesitaba reunirme con ella, porque la angustia que me invadía era tan grande que no sabía qué hacer para poder mirar al cielo, sin tener la certeza de si mis amigos seguían vivos, y poder sonreír.
Porque se supone que la esperanza es lo último que se pierde, ¿no? Bueno, pues yo ya la había perdido.
Supongo que todo tiene un fin, Sandra. Sobre todo las cosas bonitas.
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Besos de terciopelo
FantasyAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
