Sentí mi corazón palpitar tan salvajemente, que por un instante creí que se me iba a salir del pecho. Me ardían las mejillas, y pensé que en cualquier momento iba a nacer una llama de ellas.
Bajé la mirada mordiéndome el labio.
Sabía que Rob me recorría con los ojos, deteniéndose en las zonas donde la tela se volvía más fina y daba lugar a las transparencias.
Me sentía como una princesa esperando a que alguien llegara y le salvara de las sombras, pero ni era un princesa, ni necesitaba que nadie me rescatara.
Un mechón de oscuro pelo caía en forma de tirabuzón sobre mi rostro, haciendo de tobogán para las pequeñas gotitas de agua que resbalaban por él hasta mi pálida piel. Mi melena caía desordenada por mi espalda rozando la línea de mi cintura.
Me atreví a mirarlo a los ojos, y un segundo después me arrepentí.
Sus ojos, -aquellos que tan meticulosamente me observaban- ardían deseosos.
Justo cuando entreabrí los labios para decir algo, unas voces nos sobresaltaron, haciendo que las alarmas de todos mis instintos saltaran.
Rob había entrado en la estancia, y mantenía la mano en el pomo cerrado de la puerta con expresión sombría y preocupada.
Me miró, y a pesar de que sus labios se mantenían cerrados en una fina línea, pude escuchar su voz ronca y clara.
-Escóndete. Ahora.
Mi rostro se volvió un indescifrable interrogante, a pesar de que sabía que no estaba loca por escuchar su voz en mi cabeza, pero aún me seguía resultando un tanto extraño.
-¡Escóndete ya! -Volvió a ordenar en mi cabeza.
Sabía que Rob tenía el poder de que la gente pudiera escuchar en su mente todo lo que él decía sin mover ni si quiera un centímetro los labios, pero aún después de haberlo experimentado tantas veces me resultó fascinante.
Reaccioné.
Miré a mi alrededor buscando apresuradamente un sitio donde poder ocultarme.
El armario. Dijo mi Yo coherente. Tira la ropa al fuego, no pueden quedar pruebas de ti aquí.
Y así fue. Cogí la ropa mojada que había llevado, y lo tiré a fuego con la esperanza de que no tardara demasiado en arder, después me metí en el polvoriento y viejo armario tapándome todo lo que pude con mantas y ropas viejas.
Entre las rendijas de la puerta de roble pude ver cómo el fuego se avivaba con mi ropa, y cómo por arte de magia, me encontraba sola en la casa. Rob había desaparecido.
Dos latidos después de que mi cabeza recopilara ese dato, alguien picó en la puerta de entrada con los nudillos, y me quedé sin respiración.
-En la casa hay luz-. Logré escuchar decir a uno. -Entremos.
En ese momento la puerta se abrió dando un fuerte golpe contra la pared.
-El fuego, -dijo otro con la voz más grave -si no hay nadie, se han ido hace poco tiempo.
-El ambiente está demasiado cerrado, y no hay objetos personales que puedan revelarnos la identidad del propietario. Será de algún viejo ermitaño.
-Dudo mucho que la chica haya logrado llegar hasta aquí con esta niebla. Se habrá perdido y estará llorando por algún oscuro lugar del bosque-. Rió uno de ellos.
Un sentimiento de asco y repulsión me invadió.
-No deberías subestimarla. Por algo es la elegida.
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Besos de terciopelo
FantasíaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
