Aún sentía la presión que habían echo sus dedos sobre mi mano, como si todavía siguieran allí, acariciándome.
La cabeza me palpitaba. Iba a encontrar a Cam, e iba a asegurarme de que muriera. Iba a matarlo y a quedarme para ver cómo sus ojos iban a ir perdiendo el color, iba a quedarme para verlo morir. Iba a matarlo por todo lo que le había hecho a Rob, por lo que me había echo a mí. Por lo que nos había hecho a los dos. Iba a matarlo, y antes de eso mis oídos escucharían sus súplicas. Iba a pagarme por todo aquello.
-Lo prometo-. Solté entre dientes. -Te mataré.
El sonido corrió por la estancia vacía dejando una sensación de ira en el aire.
Llamaron a la puerta.
Me sobresalté.
-¿Sandra?-Preguntó una vocecilla preocupada.
-¿Amelia? ¿Eres tú?-Y entonces una figura alta y esbelta entró. Seguida de otra figura aún más alta y musculosa: Rob.
-¡Estás despierta!-Corrió hacia mí y se agachó junto a mi cama. Me dio la mano. -Estaba tan preocupada por ti... ¿Cómo te encuentras?
-Bueno, bien. Un guapísimo cuidador no se ha separado de mí-. Reí mirando a Rob. Éste sonrió vagamente y se acercó a nosotras.
-Ya sé que no se ha separado, ya. Solo se ha levantado de esta silla para ir al baño, y siempre me obligaba a quedarme mientras tanto. No te ha dejado ni un segundo sin supervisión-. Reímos al unísono. Amelia siempre estaba llena de alegría, y siempre conseguía contagiar a los demás con ella. Era inevitable.
-Bueno, Bella Durmiente, vamos a ver qué tal van esas heridas-. Dijo soltando mi mano.
-¿No va a venir el doctor?-Preguntó Rob.
-No lo sé. Estaba cosiendo a un chaval que se ha hecho una brecha durante un entrenamiento. Me ha dicho que te atendiera yo-. Se giró hacia Rob. -Así que vete saliendo sobrinito.
Pareció como si Rob fuera a protestar, pero en vez de eso metió las manos en los bolsillos y me miró.
-Lo siento, es que mi tía y el doctor están empeñados en que me vaya mientras te ponen vendas nuevas.
-¿Por qué?-Pregunté mirando a Amelia.
-Preferimos que no te vea cuando te quitemos la ropa, Sandra-. Sus labios dibujaron una fina línea rosa.
Me sonrojé.
-No es por lo que crees-. Continuó ella. -Si viera cómo te ha dejado ese cabrón saldría ahora mismo a matarlo culpándose aún más a sí mismo. Y eso no nos ayudaría a ninguno de nosotros. Solo te ha visto lo poco que la camiseta que te puse deja ver, y cuando lo vio casi se rompe la mano contra la pared-. Negó con la cabeza como si intentara aclararse las ideas. -Tendría que haberte tapado más.
-¿Pero... tan mal estoy?-Los miré asustados.
-Rob, sal-. Ordenó Amelia seria. -Hazlo.
Sus ojos saltaron nerviosos desde los míos hasta los de Amelia varias veces, hasta que se decidió, y salió de la habitación sin prisa.
-Tendré cuidado-. Dijo Amelia cuando él hubo salido. -Seguramente querrás darte una ducha, aún tienes sangre seca pegada por el pelo.
-Sí. La verdad es que sí, doy asco-. Reí dolorida.
Me destapó y metió un brazo por detrás de mi espalda. Grité cuando me incorporó de golpe. Rob dio dos golpes en la puerta. Como si hubiera apretado los puños contra ella para no escucharme.
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Besos de terciopelo
FantasíaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
