No podía irme sin la única prueba de que alguien que me conocía -o incluso mi madre- había estado allí.
Me deshice de la mano de Rob y esquivando el gentío eché a correr hacia las escaleras escondidas tras la puerta metálica. Vi cómo Rob me siguió gritando mi nombre, pero unos segundos más tarde, su voz se ahogaba entre los gritos y su cuerpo se perdía entre la marea de personas que huían despavoridas.
Bajé los escalones de dos en dos con una agilidad en los pies que me sorprendió.
Corrí más rápido de lo que en otras situaciones habría podido, y una vez en la habitación me apresuré, con el corazón en la boca, a buscar el colgante. En el proceso tiré varios papeles y libros al suelo, le di la vuelta al colchón de mi cama, rompí un vaso y a punto estuve de tropezar con una silla y caerme.
Maldita memoria.
Antes de darme por vencida elevé los ojos, y justo allí estaba: colgado de una de las lámparas de la pared. Me lo puse con rapidez mientras de nuevo echaba a correr por el pasillo hacia la salida.
Cuando abrí la puerta pude ver que la gente se había dispersado de una manera considerable, pero aún había varios grupos de soldados corriendo de aquí para allá. Muchos corrían hacia el bosque, otros se escondían en las pequeñas cavidades de la pared de una montaña vertical de piedra que había a unos metros por detrás del campamento.
Mierda, Sandra. ¡Muévete! ¡Te buscan a ti, no puedes quedarte aquí pasmada!
-¡¡Sandra!!-.La voz de Amelia me sobresaltó al salir de detrás de un frondoso arbusto. -¡¡Sandra!!
Corrí hasta ella, y por suerte vi cómo se asomaba por encima de las hojas del mismo una cabeza, con el familiar rostro de Rob. Parecía furioso y frustrado.
Mierda.
Al atravesar las frondosas ramas, me sorprendí al ver que todo el largo de la fila de árboles y arbustos que rodeaban el campamento, estaba lleno de ángeles ocultos y armados, listos para el contraataque.
-¡Incauta!-. Dijo Amelia furiosa.
-Te están buscando a ti, Sandra. ¿Por qué hiciste esa estupidez?
-Lo siento, necesitaba recuperar algo-. Dije llevándome la mano al cuello inconscientemente.
Rob resopló.
-Ya solucionarás esto más tarde, Rob. Tenemos que sacarla de aquí antes de que ataquen otra vez-. Dijo Amelia frunciendo el ceño. -Hay una cabaña a tres kilómetros de aquí. Sé que no está lo suficientemente lejos, pero nos dará tiempo para pensar un plan. Hay que cruzar la zona más densa del bosque, así no podrán vernos desde el aire.
Rob asintió con determinación, y prometo que la forma en la que me miró, me asustó. Era exactamente la forma en la que me había mirado la última vez que nos habíamos despedido.
No. No. No.
No, Rob. Por favor, no.
No lo hagas. No hagas esto.
-Llévatela-. Dijo con la voz grabe.
-¿Qué? -Jadeé confirmando mis temores. -No, tú te vienes con nosotras. No pienso irme sin ti-. Dije sujetando su cuello con mis manos.
Él miró a Amelia con determinación.
-Nos encontraremos allí. Cuídala.
-No, Rob. No -Supliqué.
Amelia asintió a su urden y me agarró por los brazos tan fuerte, separándome de él, que sentí incluso dolor allí donde sus dedos me apretaban. Forcejeé intentando aferrarme a Rob, y cuando miré sus ojos, una mezcla de súplica y dolor en ellos consiguió que se me formara un nudo en la garganta.
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Besos de terciopelo
FantasíaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
