Habían pasado varias semanas. Rob había solicitado ante la Comandante entrenamientos intensivos particulares para mí, en los cuales, él sería el instructor. Ella, por supuesto, le había dado permiso. Y yo me había vuelto más fuerte y ágil en pocos días.
Todo era demasiado extraño para mí. Estar de nuevo tan cerca de Rob después de los sucesos ocurridos la última vez en la cabaña, era extraño. Sentía como si no fuese yo la que se había abandonado a la terrible sensación de culpa que había sentido después de dejarlo ir, y al presentárseme delante, en lo que pensé que era otra oportunidad que la vida me daba de hacer las cosas bien, corrí hacia ella dispuesta a aprovecharla, y a arruinarlo todo si eso significaba poder volver a estar con él una sola vez más.
Estaba dispuesta a echar todo el esfuerzo acumulado por la borda con tal de tenerlo de nuevo conmigo.
La guerra podía estallar en cualquier momento, y la gente estaba nerviosa. Las guardias; tanto de día como de noche se habían doblado, pero la gente no conseguía despreocuparse. Muchos dormían con las armas preparadas bajo la cama, y otros muchos, simplemente no dormían. En el aire había una tensión constante, tan intensa que casi se podía saborear al respirar.
-*-
Sentía mis alas entre mis dedos. Eran más brillantes, fuertes y poderosas que nunca. Y volvían a ser mías.
Volvían a ser mías, pero no volvían a estar en mí de la manera que habían estado.
-Es imposible operarte sin correr una serie de riesgos considerables-. Dijo uno de los doctores con los que Roa me había reunido.
-¿Qué tipo de riesgos?- Había preguntado dispuesta a correrlos.
-Llevas mucho tiempo sin ellas, no sabemos si tu cuerpo las rechazará-.Comentó un joven médico con negras ojeras muestra de la tensión en las noches.
-No sabemos si en el tiempo que han estado desaparecidas han estado expuestas a algún tipo de sustancia con el fin de matarte, Sandra. Hay muchos Oscuros que desean verte sufrir y morir, simplemente por ser la elegida, la única de salvar a la humanidad-. Aclaró otro desde el centro de la sala de reuniones.
Dios, estaba tan harta de escuchar eso. "Eres la elegida." "Solo tú puedes salvar a la raza humana." Solo era una chica predestinada a ser un ángel y contribuir en una guerra, pero no era ninguna salvadora, no cuando había estado a punto de abandonarlo todo y a todos a su propia suerte.
-Son mis alas. No me siento completa sin ellas, las necesito conmigo, aquí, sustituyendo mi cicatriz-. Dije levantándome la espalda de la camiseta y dándome la vuelta, para que todos pudieran ver la fealdad de mi dolor. La bajé de nuevo. -Y nadie lo sabe mejor que yo misma, nadie ha pasado por esto antes, no porque no lo halla vivido, sino porque cuando a un ángel se le cortan las alas, todo el mundo sabe que se desangra. Aunque le cosan las heridas-. Posé mis manos sobre la fina madera de la mesa redonda. -Y eso no sucedió conmigo. Soy fuerte, ya lo sabéis. Sabéis que puedo hacerlo. ¡Quiero hacerlo!-Necesitaba convencerlos. -Si no morí desangrada aquel día al perderlas, no moriré al recuperarlas.
-No permitiré que te operen si no sabemos si hay riesgos. ¡Podrían matarte, Sandra! ¡Tus propias alas!-Rob llevaba callado en una esquina durante toda la conversación. Escuchando, observando. Sabía que era una mala idea dejarlo ir, pero la Comandante me había obligado, y yo acataba sus normas al igual que todo el mundo allí.
-Son mis alas, ¡mías! -Bramé furiosa.- Es mi cuerpo, mi seguridad y mi vida. Y yo decido-. Dije tajante. -En esto yo decido.
Todo el mundo se quedó en silencio. Sabían que yo tenía razón. En esto solo yo podía elegir.
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Besos de terciopelo
FantasiaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
