Capítulo 29: Tentaciones

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Me senté en el asiento del copiloto y enterré mi cara entre las palmas de mis manos.
¿Qué narices acababa de hacer?
¿Por qué demonios lo había hecho?

No me había sentido en ningún momento atraída por Cam, y sin embargo lo había besado. No podía explicar lo que acababa de suceder, porque ni si quiera lo entendía.

Era como si algo dentro de mi cabeza en ese momento me hubiera ordenado que lo hiciera, me hubiera convencido de la belleza y ternura de Cam, y me hubiera hecho caer rendida en sus brazos.

Dejé de ocultar mi rostro, y me apoyé recta en el asiento. Una lágrima se deslizó por mi mejilla izquierda hasta dispersarse por la línea de mis labios. Entonces cerré los ojos, e imaginé cómo era el tacto de Rob entre mis dedos.

Acaricié su pecho imaginariamente, cada línea y cada rincón oculto, hasta que el sonido de una puerta abriéndose me obligó a dejar de soñar despierta.

Cam estaba abriendo la puerta del conductor, me sequé la mejilla con el cuello de la sudadera, e inmediatamente después parpadeé repetidas veces para disipar las lágrimas que se acumulaban en mis ojos.

Me quedé inmóvil mirando al frente mientras él depositaba la mochila en los asientos traseros y se abrochaba el cinturón de seguridad.

Viajamos en absoluto silencio. Imagino que él estaría intentando asimilar la situación.

La culpabilidad me hacía pedazos, no quería que Cam se hiciera falsas ilusiones, y no quería hacer nada que pudiera perjudicar la relación entre Rob y yo, pero para eso, ya era tarde.

En algún momento del trayecto se había puesto a llover. Mis pensamientos me habían absorbido de tal manera que no me había dado cuenta.

Veía cómo las brillantes perlitas de agua hacían una carrera por el cristal de mi puerta.

Me moría de hambre. No había tomado nada para desayunar, y ya casi eran las tres del medio día. Y como si Cam hubiera podido leerme el pensamiento, tomo un desvío hacia un restaurante de comida rápida.

-¿Tienes hambre?-Me preguntó mientras aparcaba.

Asentí.

-Eso es buena señal, traeré una hamburguesa-. Dijo saliendo del coche.

Estaba harta de que la culpabilidad que sentía tomara las riendas de la dirección  que tomaban mis pensamientos.

Necesitaba una distracción. Algo, lo que fuera.

Encendí la radio, la señal se cortaba. Las únicas palabras que llegué a entender fueron fuego, gran edificio, y caos.

Subí el volumen intentando entender algo más. Entonces el locutor volvió a repetir por suerte no hubo interferencias.

-Los bomberos siguen luchando contra el fuego que devora cada palmo del famoso conservatorio Sokolov. El fuego se dispersa, diez casas han sido evacuadas, ha habido siete muertos y varios heridos, las llamas lo devoran todo a su paso, todos esperamos que este desastre acabe pronto-. La consternada voz del hombre me hizo estremecer.

Me alarmé.

¿El conservatorio Sokolov? Eso esta a dos kilómetros de mi casa. ¡¡A dos malditos kilómetros!!

¿Habría sido mi padre evacuado? No, habían sido solo diez casas las evacuadas.

La preocupación se apoderó de mí, haciéndome un nudo en el estomago. Sentí que me mareaba. Abrí la puerta del Jeep como un rayo, tropecé con un cable del asiento al salir y me di de bruces contra el suelo.

Besos de terciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora