Capítulo 18: Puntos Débiles

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Rob se agachó frente a mí mirándome a los ojos y tomando mis manos entre las suyas.

Estaba aterrada.

-Lo siento-. Susurró. Acercó sus labios a los míos y me dio un breve beso.

Pero la genial sensación de seguridad que me había proporcionado su contacto se esfumó en el instante en el que la afilada y fría aguja del cirujano atravesó mi piel sin escrúpulos.

Grité y me mordí la parte interna de las mejillas. Rob miró hacia otro lado con cara de... ¿Arrepentimiento? Otra ola de dolor me atravesó con el siguiente puto y me revolví en mi sitio.

-¡Sujetadla! -Ordenó el cirujano, y al momento las manos de Amelia y de la mujer se posaron presionando mis hombros y mis piernas contra la superficie de la camilla.

Volví a gritar y a sollozar en el punto de sutura siguiente, y se me cayeron las lágrimas con el que siguió al resto. Así una y otra voz, sintiendo cada punto más doloroso que el anterior.

-Treinta y seis -Jadeé mordiéndome la lengua mientras contaba en voz alta los puntos.

-Ya queda poco, aguanta -Dijo Amelia acariciando mi cabeza.

-Treinta y siete -Bufé, sollocé, grité y metí la cara entre mis brazos estirados hacia Rob.

-Treinta y ocho -Continué mareada.

Sentía el dolor lejano, como si no fuera mi cuerpo el que estaba allí tendido.

-Te quedan seis, Sandra. Aguanta -Rob apretó mis manos, pero no pude responderle.

Me sentía flotando en el limbo. Lo miraba y me sentía aturdida, dolorida y somnolienta.

-Rob-. Lo llamé intentando mantener os ojos abiertos.

-Aguanta-. Su rostro era un lienzo pintado con un montón de colores que reflejaban la tremenda preocupación, ira y miedo que sentía. Sus ojos eran un océano en plena tormenta. Era hermoso.

-Te-tengo... Sueño -Mis palabras se habían convertido en pequeños sonidos pastosos casi indescifrables.

-Mantenla despierta-. Ordenó nervioso el hombre que suturaba mi herida -No puede dormirse, ha perdido demasiado sangre. Mantenedla despierta.

Vi a Rob darme palmaditas en las mejillas, pero incluso ese roce agresivo e impaciente; aterrado, me parecía la suave caricia de un precioso sueño.

Quise mover mis manos y rozar sus labios con mis dedos, pero mi cuerpo había llegado al punto de no responder a mis órdenes.

Estaba a punto de dormirme. Era demasiada tentadora y agradable la sensación que apremiaba a mi inconsciencia para abandonarme a los planes que el señor Destino tenía preparado para mí.

-No te duermas-. Rob había cogido mi rostro entre sus manos y me miraba a los ojos desesperado. -No puedes dejarme, no lo hagas, ¡Sandra!

Juraría que mis adormilados ojos vieron caer una lágrima furtiva por la mejilla izquierda de Rob, pero me dije a mí misma que estaba empezando a alucinar.

-¡Que no se duerma, Rob! ¡Que no se duerma! -Voceaba Amelia nerviosa corriendo de aquí para allá.

Ya ni si quiera era necesario que me sujetasen, había dejado de forcejear y resistirme hacía tiempo. Me sentía completamente exhausta.

Todo parecía un sueño demasiado vívido. Con colores muy claros y brillantes que me obligaban a mantener los ojos cerrados cada vez más tiempo. A sentir lo que sucedía a mi alrededor como si lo viera por un agujero desde la habitación contigua.

Besos de terciopeloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora