Rob se agachó frente a mí mirándome a los ojos y tomando mis manos entre las suyas.
Estaba aterrada.
-Lo siento-. Susurró. Acercó sus labios a los míos y me dio un breve beso.
Pero la genial sensación de seguridad que me había proporcionado su contacto se esfumó en el instante en el que la afilada y fría aguja del cirujano atravesó mi piel sin escrúpulos.
Grité y me mordí la parte interna de las mejillas. Rob miró hacia otro lado con cara de... ¿Arrepentimiento? Otra ola de dolor me atravesó con el siguiente puto y me revolví en mi sitio.
-¡Sujetadla! -Ordenó el cirujano, y al momento las manos de Amelia y de la mujer se posaron presionando mis hombros y mis piernas contra la superficie de la camilla.
Volví a gritar y a sollozar en el punto de sutura siguiente, y se me cayeron las lágrimas con el que siguió al resto. Así una y otra voz, sintiendo cada punto más doloroso que el anterior.
-Treinta y seis -Jadeé mordiéndome la lengua mientras contaba en voz alta los puntos.
-Ya queda poco, aguanta -Dijo Amelia acariciando mi cabeza.
-Treinta y siete -Bufé, sollocé, grité y metí la cara entre mis brazos estirados hacia Rob.
-Treinta y ocho -Continué mareada.
Sentía el dolor lejano, como si no fuera mi cuerpo el que estaba allí tendido.
-Te quedan seis, Sandra. Aguanta -Rob apretó mis manos, pero no pude responderle.
Me sentía flotando en el limbo. Lo miraba y me sentía aturdida, dolorida y somnolienta.
-Rob-. Lo llamé intentando mantener os ojos abiertos.
-Aguanta-. Su rostro era un lienzo pintado con un montón de colores que reflejaban la tremenda preocupación, ira y miedo que sentía. Sus ojos eran un océano en plena tormenta. Era hermoso.
-Te-tengo... Sueño -Mis palabras se habían convertido en pequeños sonidos pastosos casi indescifrables.
-Mantenla despierta-. Ordenó nervioso el hombre que suturaba mi herida -No puede dormirse, ha perdido demasiado sangre. Mantenedla despierta.
Vi a Rob darme palmaditas en las mejillas, pero incluso ese roce agresivo e impaciente; aterrado, me parecía la suave caricia de un precioso sueño.
Quise mover mis manos y rozar sus labios con mis dedos, pero mi cuerpo había llegado al punto de no responder a mis órdenes.
Estaba a punto de dormirme. Era demasiada tentadora y agradable la sensación que apremiaba a mi inconsciencia para abandonarme a los planes que el señor Destino tenía preparado para mí.
-No te duermas-. Rob había cogido mi rostro entre sus manos y me miraba a los ojos desesperado. -No puedes dejarme, no lo hagas, ¡Sandra!
Juraría que mis adormilados ojos vieron caer una lágrima furtiva por la mejilla izquierda de Rob, pero me dije a mí misma que estaba empezando a alucinar.
-¡Que no se duerma, Rob! ¡Que no se duerma! -Voceaba Amelia nerviosa corriendo de aquí para allá.
Ya ni si quiera era necesario que me sujetasen, había dejado de forcejear y resistirme hacía tiempo. Me sentía completamente exhausta.
Todo parecía un sueño demasiado vívido. Con colores muy claros y brillantes que me obligaban a mantener los ojos cerrados cada vez más tiempo. A sentir lo que sucedía a mi alrededor como si lo viera por un agujero desde la habitación contigua.
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Besos de terciopelo
FantasiaAtrapada en una guerra entre corazón y lógica, observa su devastador e inevitable futuro. Un ángel y un lobo. Se debate entre el amor de dos seres fantásticos, y la supervivencia de la humanidad. La traición, el peligro, las mentiras, los secretos...
