Contorneo con la punta de mis dedos, una línea imaginaria alrededor de los pájaros de tinta sumergida bajo la piel de Beck, justo encima de sus clavículas. No hemos hablado mucho desde que nos acostamos. Decidimos dejar a Marco tranquilo, pero mi mente sigue en él, a pesar de estar separados por una puerta de madera. Pero la realidad es que no puedo creer que Ryan y Beck se hayan puesto de acuerdo en algo, aunque su plan haya salido mal. Todo el tiempo en que estuve mensajéandoles y ninguno respondía, en realidad ellos estaban discutiendo sobre quién recibiría a Marco y quién me recibiría a mí.
"¿Qué hay un tu mente, Pecas?" su voz grave hace vibrar su pecho, causando una extraña sensación en mi cuerpo recostado sobre el suyo. Murmuro, pretendiendo no haber escuchado su pregunta "Háblame, quiero saber qué piensas"
"En tu plan con Ryan" una sonrisa se forma en mis labios, quizá la primera en el día, causando que Beck bufe "No actúes así, admite que comienzan a llevarse bien"
"Ambos queríamos ayudarte. Te queremos a ti, no entre nosotros" aclara con torpeza pero su comentario entibiece mi corazón.
Deposito un beso en el centro de su pecho, justo por encima de su tatuaje de mariposa.
"Te amo" las palabras ruedan de mis labios naturalmente, como si hubiesen sido diseñadas a medida para mi boca y sus oídos. Sus brazos se aferran a los míos.
"Te amo" murmura en el silencio de la noche "Aunque a veces seas molesta"
Dejo escapar una risa y él me acompaña. Y tal vez, sólo tal vez, eso parecía ser la solución a todos mis problemas.
Giro en la cama. No logro encontrar un posición cómoda. Beck ya está boca abajo, lo que significa que está profundamente dormido. Su espalda amplia sube y baja ligeramente cada vez que inhala y exhala. No hay ni un sólo rastro de tinta allí, me pregunto porqué. Estiro mi mano, palpando la mesa de luz en la oscuridad ¿Dónde diablos puse mi teléfono? Creo encontrarlo, pero noto que es el del muchacho durmiendo pacíficamente a mi lado. Ahora que lo pienso, creo que jamás tuve su teléfono en mis manos. Pero la realidad es que tengo una memoria deplorable, eso si lo tengo muy en claro. Aprieto el botón justo debajo de la pantalla y la intensa luz me obliga a cerrar mis ojos. Parpadeo, intentando acostumbrarme. No quiero ser ese tipo de novia que investiga teléfonos ajenos, pero la realidad es que en cuanto vi una fotografía de su ciudad en Inglaterra como fondo de bloqueo, la curiosidad entró en mi ¿Cómo será su casa? Jamás le pregunté respecto a su vida pasada, creo que un poco de miedo crece en mi al pensar en su reacción. Nunca volví a pensar en el hecho de que Beck volverá llegado el momento. Él me lo dijo una vez, pero en ese momento la idea de él lejos mío, no parecía afectarme. Deslizo mi pulgar por la pantalla y me alegro al notar que no tiene ningún tipo de contraseña. No se si es que confía en que nadie tocará su teléfono o que simplemente no le afecta que husmeen entre sus cosas. Mi mente quiere creer que es la segunda, pero algo me dice que es la primera. El fondo de pantalla no es nada excepcional, es una fotografía extraña y artística de una mano en movimiento. Beck es raro. Mi dedo tambalea sobre el ícono de la galería de fotos, pero no por mucho. Una nueva ventana emerge y me ofrece una vista previa de miles de imágenes. Nunca creí que Beck sería el tipo de chico que saca fotos. A simple vista, no hay ninguna selfie. Eso creo que era obvio. Pero algo llama mi atención. A medida que deslizaba mi dedo por entre las fotografías, encontraba seguidilla de de diez o tal vez quince fotos mías. Algunas durmiendo sobre su falda, otras escondida detrás de un libro, o riendo con poca elegancia. Todas siguen un patrón. El movimiento, los colores fríos, la espontaneidad, el despojo de preparación y perfección. Arte puro. Una me obliga a detenerme y me quedo mirando. Nuestras manos entrelazadas. La mía tan pequeña comparada con la suya, pero sintiéndose protegida incluso en su pequeñez. Los contrastes entre su tinta y mi piel limpia como un papel sin usar. Como hechas a medida, la una para la otra. Entrelazadas como si fuese ilógico el acto de separarlas. La foto siguiente me hace sonreír y enciende una chispa aún más grande en mi. Es mi mano en movimiento, y allí caigo en la cuenta de que es su fondo de pantalla. Sonrío y no puedo evitar mirarlo. Sus mejillas aplastadas contra la cama. Su cabello ondulado cae sobre su rostro, y no tardo en apartarlo para mirarlo con claridad. Subo mi mirada, desde sus rosados labios, subiendo por su respingada nariz y me detengo en sus ojos. Los he visto tantas veces, comunicándome todo tipo de mensaje con tan sólo una mirada. Pero esta vez, están cubiertos. Sus pestañas se curvan ligeramente. Soy tan afortunada.
Y me aferro a este instante, rogando desde lo más profundo de mi ser que no venga una enorme ola e intente derribarme. Porque ya me ha visitado la tormenta muchas veces, y me ha encontrado sin fuerzas. También de esa forma me dejó, sola y desprevenida. Pero ahora, la esperanza golpeó a mi puerta y se recostó sobre mi regazo. Esperanza de que todo permanecerá así, que Beck no volverá a lo que era, que mis miedos no se harán realidad, que lo nuestro no es simplemente una utopía.
Sin poder evitarlo, me inclino hacia él, pacífico y lleno de alma, para depositar un beso sobre su mejilla. El calor de su piel viaja por mi cuerpo que tanto conoce su presencia. Beck murmura algo ¿Lo desperté?
"¿Qué hora es?" su voz suena más grave de lo habitual. Aprovechando que sus ojos siguen cerrados, decido dejar su teléfono en la mesa de luz y pretender que nada pasó. Mis labios permanecen a un milímetro de los suyos, rozándose con el pronunciar de sus palabras. Un cosquilleo viaja por mí cuerpo.
"Tarde" respondo acariciando su cabello, aferrándome a lo único que no se desmoronó en mi vida esta noche. Sus comisuras de elevan cuando deposito una hilera de besos a lo largo de su cuello, deteniéndome por debajo de su oreja.
"¿Qué tan tarde?" sus ojos de abren ligeramente y buscan los míos. Como una niña pequeña, me pongo nerviosa ante su mirada impactante.
"Como las cuatro de la mañana" sus ojos comienzan a abrirse más y no se apartan de los míos. Imán y metal. Su cabeza se acerca, chocando su nariz con la mia y haciéndola viajar por mi cuello. Cierro los ojos ante su tacto.
"No es tan tarde" su voz suena grave contra mi oído.
Siento sus manos tomar mi cuerpo y obligándolo a permanecer allí, recostado cómodamente sobre la cama. Abro mis ojos en cuanto lo siento alejarse de mi piel. Lo observo posicionarse sobre mi cuerpo y no tarda en regresar al mismo lugar de hace un segundo. Sus labios se convierten en pintura, los míos en lienzo. Las pinceladas viajan, creando formas nuevas y explosivas a cada segundo. Hasta un círculo parece fascinante. La pintura se aleja de las líneas y del lienzo, creando arte por fuera de los estándares. Sus manos se transforman en una bandada de mariposas y mi cuerpo en primavera. Siento el calor del sol y la calidez de sus rayos sobre mi rostro. Los aleteos de las monarcas color naranja, hacen cosquillas. Lo negro se hace verde, lo oscuro se va con sus ojos mirando a los míos. Mi boca se entreabre y él silencia mis pensamientos y palabras con un beso. Sus labios se transforman en un viajante, ermitaño que recorre todo tipo de lugar. Mi cuerpo se transform en tierras desconocidas. Todo en ellas parece llevar al viajero al límite. Mis dedos se hacen roca y su cabello agua. La piedra se hunde en el océano, perdiendo todo tipo de control. Sus labios son el aire, que me transforma a mi en un simple suspiro. Y suspiro. Veo a Beck sonreír pero no tarda en regresar sus labios a los míos.
"Beck" logro pronunciar, aunque con dificultad.
"No pienses en lo que piensas" su voz suena junto a mi oído y me sorprende ¿Qué?
"¿Qué crees que estoy pensando?" lo detengo y obligo a que sus ojos miren los míos.
"Se que estabas por decirme que quieres foll-- hacerlo" se corrige antes de que la primer palabra cause un efecto negativo en mi. Parpadeo y me siento una estúpida. Lo aparto de mi cuerpo y me volteo. Por supuesto que Beck tenía que cortar un momento como éste, esperando ver cómo me pongo incómoda y colorada.
"Olvídalo" murmuró, dándole la espalda, pero sus manos no tardan en buscarme. No lo comprendo, me dice que no, pero hace unos segundos todo me indicaba que sí. Ahora todo suena extraño y la adrenalina del momento se escapa de mi con un respirar. Ya no existe la valentía que se apoderó de mi.
"Oye, oye" su manos me obligan a voltear para enfrentarlo "No creas que te estoy rechazando, Zo. No sabes la cantidad de veces que he tenido que contenerme. Por eso no quiero que seas tu la que lo diga en voz alta. Pasará, a su momento. No creas que no es especial lo de recién o algo sencillo como tomarnos la mano. Piénsalo bien para ti misma, no tomes una decisión en situaciones como la de hace unos segundos. Yo te esperaré lo que sea necesario, no seré un jodido idiota en dejarte ir por una cosa así"
"Creo que quiero dormir" es lo único que soy capaz de decir sin hundirme en mi vergüenza. Le ofrezco una sonrisa, para asegurarle que no estoy enfadada con él, y me volteo, no sin sentir cómo sus brazos de amoldan a mi cuerpo. Mis párpados pesan y mi cuerpo ya no tiene fuerzas.
Abro mis ojos y me intento acostumbrar a la luz encendida ¿Dónde estoy? Parpadeo y mi mirada se encuentra con la de Beck, quien rápidamente apaga la luz.
"Lo siento, quería encontrar mis cosas" camina hasta la cama y se arroja, acercando su rostro al mio. Su cabello aún está despeinado por la almohada y me encanta. No tardo en llevar mis manos a sus suaves mechones ondulados para apartarlos de su rostro "Sigue durmiendo, no te perderás mucho en clase"
"Había olvidado que hoy era lunes" llevo mi mano a mi cabeza y escucho a Beck reír "Debería ir"
"Quédate, te hará bien" Beck insiste.
"No lo sé" no me agrada faltar. Me termino quedando en cama, sin saber qué hacer. Aunque podría aprovechar la mañana para no dejar a mi hermano solo "¿Y Marco?"
"Dejó una nota diciendo que Fred lo pasó a buscar" al parecer no soy la única que faltará a clase de McMiller hoy. No, no creo que sea lo mejor no ir "¿Quieres que me quede contigo?"
"No, no" miento. Claro que quiero. Faltar a clases y quedarme con Beck parece la única medicina para un lunes a la mañana. Ladea su cabeza y me ofrece una mirada que sólo indica que no cree ni una de mis palabras. Me descubrieron. Se arrodilla sobre la cama y sube su camiseta por encima de su cabeza, exponiendo sus tatuajes "¿Qué haces?"
"¿Qué crees?" me dice mientras dobla su playera negra y la coloca encima de la mesa de luz "Nos quedaremos toda la mañana aquí"
"Genial, porque no tengo ganas de salir de la cama" Beck ríe y jala suavemente de mi brazo, obligándome a recostarme sobre él.
Mantenemos el silencio. De vez en cuando suspirando o tarareando una canción. Algunas veces, elevo mi vista para ver si esta dormido. No lo se, puede que lo esté. Sus ojos están cerrados y su respiración es pesada. Intento dormirme, pero no hay caso.
"Estoy preocupado" su voz me toma desprevenida. Elevo mi cabeza y noto que sus ojos están perdidos en el aire, no me buscan a mí ni a nada en general. Me mira de reojo y sólo con los ojos, le pregunto qué hay en su mente "Jay"
"¿Tu primo?" él asiente suavemente, casi que ni se mueve.
"Siempre tuvo una debilidad por todo tipo de mierda que fuera a hacerle mal" sus dedos suben y bajan por mi brazo. El contraste es extraño, entre los calidez de su tacto y la frialdad de su tono de voz "Desde los catorce que hay un cigarrillo en su boca, desde los quince hay cerveza en su vaso; a los dieciséis hubo hierba en su bolsillo y a los diecisiete me contó del polvo en su nariz. A los dieciocho se hartó y logró salir de todo. Si soy honesto, jamás creí que lo lograría. Nunca pudo dejar el cigarrillo, aunque no se si se esforzó mucho por dejarlo. Luego de eso, regresó a Harrow conmigo, luego de años, porque sabía que sí volvía a ver a sus amigos, caería de nuevo en aquel pozo"
"¿Cuántos años tenías tu?" pregunté dibujando círculos en su pecho descubierto.
"Quince, tal vez. Pero eso no importaba, para él, yo era palabra santa. Jay siempre confió en mi criterio y depositó su salud física y mental en mis manos. Me obligó a detenerlo cuando se estaba yendo de las manos o cuando comenzaba a juntarse con alguien que no debía" un recuerdo de la primer fiesta llega a mi mente. La forma en que Jay se detuvo en cuanto escuchó la voz de Beck, ahora tiene total sentido "Luego yo me mudé aquí y naturalmente, él me siguió. El trabajo más cercano a mi que obtuvo, fue en Saint Louis, y eso hizo que todo mi ayuda se fuera a la mierda. Comenzó a trabajar en un supermercado en el turno nocturno, y allí conoció a Riley, en la primer semana de estar viviendo en América. Él jura que fue amor a primera vista, pero cuando te conocí a ti, pude entender que ella no lo mira con amor. Lo quiere como diversión, como estabilidad tal vez, o simplemente porque su mente está jodidamente retorcida. No lo sé. Y luego apareció Ethan"
"Pero si él y Jay no son amigos" aclaro, intentando con mis palabras, alivianar la arruga entre las cejas de Beck.
"No lo son porque Jay aún tiene un poco de cordura en su mente" Bufa enojado "Pero el bastardo juega con los límites de mi primo. Fuma hierba junto a él o deja la puerta del baño abierta cuando aspira cocaína. Más de una vez, Jay a llegado a casa a las tres de la mañana, huyendo de los pensamientos que Ethan implanta en su cabeza"
"¿Te preocupas por él porque está mucho con el hermano de Riley?" Beck niega con su cabeza.
"Me preocupa qué será de mi primo, mi único amigo verdadero, cuando se entere lo que ella realmente es, el hecho de que no lo ama, y que no hay fiesta en la que ni se haya escapado para follar con otro chico" respira profundamente y yo lo observo, conteniendo el aire "No me atrevo a decirle todo lo que se de ella, porque no sé que tan profundo será el hoyo al que de arroje esta vez. Siento que caerá profundo y mi brazo no será lo suficientemente largo como para que él se pueda aferrar algo"
Lo miro, sus ojos casi cristalizados. Su pecho sube cuando respira y lo imitó, sincronizando mi respiración con la suya. Abro mi mano y la extiendo sobre su pecho, sintiendo su corazón debajo de mis dedos.
"Todo estará bien, Beck" le aseguro sin mucha certeza. Él me mira y me sonríe. Noto que quiere creerme, pero no lo logra.
"Eso espero" Deposita un beso en mi frente e instantáneamente, cierro mis ojos "Intenta dormir, Pecas, te hará bien".
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REBEL
Roman pour Adolescents#12 en Novela Juvenil (16/06/18) #78 en Novela Juvenil (26/10/17) #131 en Novela Juvenil (19/10/17) #261 en Novela Juvenil (3/10/17) #305 en Novela Juvenil (09/09/17) #431 en Novela Juvenil (04/09/17) #692 en Novela Juvenil (03/09/17) #888 en Novel...
