Capítulo 15

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Era insoportable pensar en las palabras de Nadia, en lo que pasó durante la noche en la que la dejé en su casa y "la abandoné" habiendo estado allí afuera durante unos minutos

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Era insoportable pensar en las palabras de Nadia, en lo que pasó durante la noche en la que la dejé en su casa y "la abandoné" habiendo estado allí afuera durante unos minutos. Pensar en Nadia era insoportable. Empezaba a apoderarse de mi mente minuto tras minuto y me molestaba no conseguir dominar nada de lo que estaba sucediéndome a raíz de ella y su situación. Nunca me había preocupado por alguien puntual, siempre preferí ponerme como una prioridad sobre todos, estar solo pero a la vez conmigo mismo, ser libre e independiente, vivir sin límites; sin embargo, Nadia comenzaba a ser mi límite, el límite a todas mis preferencias, la revolución entre todos mis principios, la mujer que se rebelaba ante mis decisiones, mis reglas, mi estilo de vida. Entonces, ¿qué podía esperar de Nadia? ¿Qué me depararía si seguía estando cerca de ella? ¿Cómo me alejaría de ella si mi mente insistía con recordarla? ¿Cómo la olvidaría si cada vez que veía el color bordó recordaba su boca y el dorado me llevaba a rememorar su cabello?

—Sebas—apareció Ashley por debajo del margen de la puerta.

—Ashley—me giré hacia ella.

—Necesito hablar con vos—caminó hacia mí.

—¿Otra vez? —bufé con impaciencia—, ¿querés volver al pacto?

—Es sobre Nadia.

—¿Qué querés hablar de ella?

—¿Están saliendo?

—¿Qué? —fruncí el entrecejo, confundido ante su estúpida pregunta—, no.

—¿Seguro?

—Si te digo que no es porque estoy seguro, Ashley—respondí con tenacidad—, además, ¿qué carajos te importa? Es mi vida y la manejo a mi manera, vos tendrías que estar centrada en la tuya, ¿por qué no salís a un boliche y te levantas a alguien? Buscate un chico.

—Vos eras mi chico—susurró, bajando la vista.

—No, era tu amigo—la corregí—, no te confundas.

—No me confundo, lo nuestro era especial y estable.

—Solamente remplazabas a las que no conseguía.

—¿Y a Nadia la conseguiste?

—¿Por qué metes a Nadia?

—Porque cada vez los veo más juntos y me llama la atención.

—Estás obsesionada, Ashley. Nadia es una compañera de colegio, nada más—concluí, mirándola con profundidad. Estaba celosa.

—¿Te querés acostar con ella? —preguntó luego de unos segundos en silencio.

—Sí—me encogí de hombros, indiferente—, pero la mina* está de novia y tiene la fidelidad que vos y yo no tenemos.

La hice a un lado con sutileza y salí al pasillo para encaminarme directo a la cafetería y hablar seriamente con Raúl. Ayer me había comportado como un idiota y necesitaba solucionar nuestro asunto cara a cara, contarle la verdad sobre Nadia y demostrarle que realmente estaban ocurriendo cosas.

—Hay que hablar. —Me senté en frente de mi mejor amigo una vez que conseguí una de mis tazas de café sin azúcar.

—Yo te dejé en claro que...

—Callate—lo interrumpí—. Es verdad, siento algo por Nadia.

—¡Lo sabía! —me apuntó, sonriente.

—No sonrías, es inaceptable.

—Es hermosa y parece buena mina, es un partidazo—me alentó Raúl.

—No me importa—mascullé, presionando la taza con mis manos—, no sé por qué me está pasando esto justamente con ella.

—Es lo que venís necesitando hace años, algo diferente. Nadia demuestra ser compañera y fiel con su pareja, discreta con el resto, chica sencilla, con carácter, sincera. Estoy seguro que todo eso te gustó.

—No me gustó—lo contradije, evitándole la mirada y centrándome en mi café.

—No te gustó acá—señaló mi cabeza—, pero acá te fascinó—apuntó mi corazón.

—Tiene novio.

—¿Y? —se rio.

—Que es fiel, vos mismo lo dijiste.

—Va a ser un poco complicado—hizo una mueca—. Para colmo se pinta los labios con ese bordó y me vuelvo loco—se inclinó Raúl sobre la mesa, sonriente.

—¿Me vas a empezar a decir cada cosa que a me vuelve loco? —volví a mirarlo a los ojos—. Te juro que prefiero sacármela de la cabeza.

—El amor llega cuando menos te lo esperás y, en algún momento, te ibas a enamorar. Es un sentimiento involuntario, no lo podés negar.

—Se suponía que yo no creía en el amor.

—¿Y ahora? ¿Qué pasó?

—Nada, todavía no siento nada de eso, solamente me gusta—admití.

—Pero te gustaría sentirlo justamente con ella.

—Tal vez.

—Ayer fuiste al club, ¿cierto?

—Sí—suspiré antes de beber un sorbo de mi café.

—¿Cuántos?

—Cinco.

—¿Nadia te tenía loco? —sonrió con diversión.

—Tal vez—desvié la mirada.

—Si la tratás de evitar con el objetivo de "sacártela de la cabeza" estoy seguro de que podés contra veinte.

—No sé, pero esto se me está yendo de las manos.

—¿Vas a intentar conseguirla?

—No sé, no sé nada—negué con la cabeza, confundido ante su pregunta.

Había una diferencia entre intentar conseguirla e intentar seducirla. Mis intenciones no eran salir con ella para iniciar un noviazgo, quería conquistarla para estar con ella. Parte de mis códigos estaban siendo rotos, buscar su atención y complicarme las cosas por una mujer no era algo que me solía suceder, pero era algo que quería hacer.

La campana obligó a que la cafetería empezara a ser abandonada por el alumnado que la ocupaba, las clases comenzarían de nuevo en las aulas y me agobiaba tener que escuchar durante una hora un profesor y no poder seguir disfrutando mi café amargo. Me fijé en los adolescentes que se retiraban a paso lento y pude divisar entre el gentío a Nadia, quien charlaba con Gala. Caminé hacia ella y la detuve agarrándola delicadamente de su antebrazo, consciente de sus moretones.

—¿Sebastián? —se giró sobre su lugar con el ceño levemente fruncido—, soltame, ¿querés?

—Necesito decirte algo.

—No necesitás decirme nada, me estás lastimando—me miró con los ojos bien abiertos.
Me había tensado más de lo que ya estaba desde un principio y había empezado a ajustar mi agarre alrededor de su muñeca.

—¿Como tu papá? —la solté con ímpetu.

Nadia me rebajó con la mirada, irradiando rabia a través de sus ojos encendidos, y se dio la vuelta sin agregar ningún tipo de comentario.

La había cagado, pero no debía preocuparme.

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*mina: en Argentina se utiliza la palabra "mina" para hacer referencia a una mujer.

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