(LIBRO 1 DE LA DUOLOGÍA | TERCERA EDICIÓN)
Reiniciar tu vida no siempre es una tarea sencilla cuando miles de tormentas se encargaron de dejarte miles de heridas.
La adaptación no parece ser un problema al principio, pero a veces llega alguien para...
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Disgustada, salí del auto de Fabián y di un portazo antes de alejarme por la vereda que conducía hacia la entrada del colegio. Lo único que pretendía aclararle con aquella retirada era que no quería volver a verlo frente a mi casa sin un previo aviso y unas previas disculpas. ¿Cómo había sido capaz de conducir hacia lo de mi abuela después de haberme dejado sola en nuestra "noche de reconciliación"? ¿Sabría que fui testigo de su beso con Ashley? Hasta apostaba lo que sea que también se había acostado con ella. La única razón por la cual me ausenté durante cinco días en el colegio era la misma razón por la cual había aceptado subir al auto de Fabián. Mi tobillo, que se había agraviado después de volverme a pie desde el colegio, necesitó de un reposo urgente que, con el tiempo, resultó ser efectivo y me permitió volver a mis muletas y asumir uno de mis mayores deberes: no abusar de mis posibilidades de caminar. Fabián, quien había puesto como excusa mi tobillo, consiguió hacerme subir a su auto, y en aquel momento, intentando llevar una sonrisa sarcástica impresa en la cara, me alejaba lo más rápido posible de él.
Agradecí que no se haya tomado el mayor atrevimiento de hablarme durante el viaje sobre el clima o sobre mi conjunto de color pastel, el cual me había puesto para estar en sintonía con mi buen humor, que, lamentablemente, había quedado enterrado bajo las baldosas de la vereda de la cuadra de mi abuela cuando lo vi frente a mi puerta.
En cuanto entré al pasillo del colegio, sentí una agradable sensación de alivio en el pecho, ya que no había recibido ninguna despedida a lo lejos de Fabián, de quien ya no sabía qué esperar.
—¡Gala! —llamé a mi amiga en cuanto la vi a unos pasos de mí, entre un par de estudiantes.
Después de la fuerte discusión que se desató entre las dos, conseguí que Gala me perdonara y accediera a acompañarme en mi semana de reposo para hacer un estilo de "tregua reconciliadora". Estuvo ausentándose a mi par y me ayudó a mantenerme quieta en mi lugar entreteniéndome con maratones de series, lecturas conjuntas, juegos de mesas y conversaciones confidenciales.
—¿Estás mejor? —sonrió una vez que estuvimos frente a frente.
—Madrugué de maravillas—asentí con la cabeza—, hasta que salí de mi casa y me encontré a Fabián—dije con seriedad.
—¿¡Fabián!? —se escandalizó.
—Sí, estaba afuera esperándome—confesé con disgusto.
—¿Esperándote? —amplió los ojos, impresionada—, ¿quién se cree?
—Se ve que pretende solucionar las cosas después de que haya estado desaparecido por días—me encogí de hombros.
—¿Después de lo que te hizo?
—Ni siquiera sé si sabe que lo vi con Ashley.
—Ashley es una cualquiera, lo debe haber hecho a propósito—afirmó con seriedad.