Capítulo 20

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Ya finalizando con el viaje por la carreta, me encontraba en mi punto extremo de impaciencia

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Ya finalizando con el viaje por la carreta, me encontraba en mi punto extremo de impaciencia. Estaba sacada de quicio. Jones me sacaba de quicio; buscaba hablar de temas de los que no deseaba hablar y me llevaba a decir cosas que hubiese preferido no decir.

—Llegamos—anunció Sebastián, apagando el motor.

—¿Es la casa de tu abuela? —observé la construcción por la ventanilla abierta.

—No, acá viven todos aquellos que quieren ser libres de sus padres—contestó, abriendo la puerta de su lado.

No podía creer que Gala se había metido en una casa invadida por adolescente masculinos que probablemente cargaban con un exceso de hormonas exaltadas, ¿cómo se había atrevido a acceder a la invitación de Sebastián? Entendía el hecho de que quisiese estar con él, pero no consideré que lo dijese en un sentido tan íntimo.

—¿Vas a dormir en el auto? —me preguntó Jones, quien ya estaba parado en frente de la entrada de la casa.

—No estoy segura si quiero entrar a una casa en donde hay una tempestad de mujeres y hombres—contesté, desabrochándome el cinturón.

—Sólo hay hombres, exceptuando a Gala—sonrió.

—¿Adolescentes masculinos revoloteando alrededor de mi mejor amiga? No lo puedo creer—negué con la cabeza, mirando las ventanas encortinadas de la casa—, ¿intentabas jugar con ella como con las demás?

—Mis reglas personales son así—dijo, encogiéndose de hombros y guardado sus manos dentro de los bolsillos delanteros de su jean—, no voy a traer a una chica a mi casa para hablar sobre el calentamiento global.

—Creo que podrías hacer la excepción—volví a centrarme en él—, se trata de Gala.

—Se trata de tu mejor amiga, pero para mí sólo es una compañera. No confundas los vínculos, chiquilla.

—Me das asco—mascullé, abriendo la puerta del auto y cerrándola detrás de mí en cuanto estuve afuera.

Me acerqué a Sebastián, quien me observó con detenimiento mientras caminaba hacia él, y me detuve a un metro de distancia, con el único objetivo de darle a interpretar el rechazo que le tenía a aquel brillo lujurioso que saltaba de sus ojos cuando se enfocaban en mí.

Por lo tanto, él quitó un juego de llaves del bolsillo delantero de su jean y se giró sobre su lugar para abrir la puerta de la entrada. Podría haberme abstenido, pero estando segura de que él no me vería, empecé a fijarme en cómo sus manos buscaban la llave correspondiente entre las varias que colgaban de su llavero, y cómo luego introducía la correcta en la cerradura de la puerta. Entonces, yéndome por las riendas de los pensamientos impuros, me lo imaginé a él con una chica encima y a sus manos recorriendo el cuerpo de ella, y de todas las mujeres que habían tenido la oportunidad de ser tocadas por él. ¿Qué tan bueno era haciéndolo como para que todas caigan en la necesidad de reclamar una noche más?

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