Capítulo 2

8.6K 361 100
                                        

—No juegues sucio con él—me advirtió Gala mientras guardábamos los útiles escolares en nuestras mochilas

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—No juegues sucio con él—me advirtió Gala mientras guardábamos los útiles escolares en nuestras mochilas.

—¿Con quién? —levanté la vista.

—Con Sebastián... no puso su mejor cara cuando te fuiste.

—¿Estabas mirándonos? —pregunté, sorprendida.

—¡Por supuesto! —se colgó la mochila en el hombro—, estabas hablando con el amor de mi vida.

—Creo que exageras—cerré el cierre de mi mochila.

—Ya te dije que me gusta mucho, así que no llames su atención, sino lo arruinarás todo—reclamó, mirándome algo resentida.

—No estoy llamando su atención—la contradije—, el profesor nos juntó, yo no planeé nada..., y deja de mirarme como si mis intenciones fueran malas—le increpé, molesta.

—Entonces no te hagas la interesante saliendo de la cancha cuando nadie te lo permitió, Nadia—contestó, cruzándose de brazos.

—¡Él es insoportable! —levanté la voz—, no quise hacerme a la interesante.

—¿Entonces? —me presionó.

—¡Entonces deja de tratarme como si tuviese intenciones con él! ¡Soy tu mejor amiga! ¿Crees que te lo robaría?

—Eres su tipo—respondió, cortante.

—¿¡Y eso qué!? Él no es el mío. ¿Podrías ser menos dura conmigo? No tuve un buen día y no quería lidiar con él y sus lecciones de vóley, ¿en serio tengo que darte explicaciones de esto?

—Perdón—descruzó los brazos, suspirando—, es que he recibido tantos comentarios...

—No te dejes llevar por lo que dicen los demás—me colgué la mochila a mi hombro derecho—, confía en mí.

—Confío—sonrió.

Tomé a Gala del brazo y salimos del aula para encaminarnos hacia la entrada del colegio, en donde Fabián estaba esperándome junto a la barandilla de las escaleras con una sonrisa cálida y amigable.

—¡Fabi! —corrí hacia él, sonriente.

—¿Cómo te fue? —me envolvió en sus brazos.

—Terrible—reboleé los ojos, apartándome de él.

—¿No te recibieron bien? —frunció el ceño, corriéndome un mechón de pelo de la cara.

—Creo que las presentaciones en clases no son lo mío—contesté, metiendo mis manos en los bolsillos de su campera.

La risa que le robé a raíz de mi insignificante comentario se escuchó tan falsa que apenas pude sonreírme. Jamás pensé que se sentiría tan agobiante tener a alguien que te ilumina los días y, mientras tanto, para él solo eres una distracción.

Sin Límites | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora