Capítulo 29

4.1K 202 41
                                        

Habían pasado más de diez minutos y era como si hubiesen trascurrido diez horas

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Habían pasado más de diez minutos y era como si hubiesen trascurrido diez horas. No podía dejar de pensar en la escena que se cruzó frente a mis ojos; Nadia abandonando el salón deportivo y Sebastián yendo tras ella, aquello que en un momento quise que hiciera conmigo cuando abandoné nuestro pacto y me fui de la casa que él compartía con sus amigos. Me sentí inútil observándolos como si dependiera de ellos, pero la realidad era que dependía de Jones, y todo lo que hiciera parecía afectarme.

El aire regresó a mis pulmones cuando Bolton ingresó nuevamente al salón con sus muletas, lo cual me llamó la atención en un principio, ¿la chica se habría lastimado a propósito o intentó patear una pelota y falló en el intento? Se veía ridícula.

—No sabía que Nadia salía con Sebastián—me acerqué a Gala, quien observaba a su mejor amiga de brazos cruzados desde la banca.

—No están saliendo—dijo automáticamente, mirándome fijamente.

—¿Todavía son amigas? —me senté junto a ella.

—¿Vos seguís con Sebastián? —ignoró mi pregunta.

—Quedamos como amigos—respondí algo insegura. ¿Sebastián y yo teníamos una amistad o todo se había terminado entre nosotros dos?

—Noté que cambió muchísimo estas semanas. ¿También lo notaste?

—No cambió, Gala, Jones tiene miles de caras—aseguré, sin dudar de mis conocimientos—. Puede actuar como le convenga dependiendo de la situación... o la persona.

—¿Le conviene perder tantas semanas detrás de una chica que no le da la mínima atención? —inquirió, intentando esconder el desdén que cargaban sus palabras.

Guardé silencio y pensé en la verdad que cargaba lo que dijo. Sebastián nunca persistió durante tanto tiempo detrás de una chica, él era como un león, intentaba cazar a su presa corriendo tras ella, pero si no la conseguía se retiraba e iba en busca de otra. Jones nunca se daba por vencido, pero tampoco aportaba tanto interés en alguien que a penas conocía, en una presa que podía ser rápidamente remplazada. Nunca fue tan insistente, aunque todo cambiaba alrededor de Nadia.

—Son sus nuevos pasatiempos—inventé, tal vez para mentirme a mí misma—. Ayer estuvimos juntos y me invitó a una fiesta, lo vi como el chico que conozco, el Sebastián Jones que todas conocemos. Él está probando cosas nuevas, créeme.

Nelson se encogió de hombros y volvió la vista al frente, esta vez centrándose en el partido que se desarrollaba en la cancha entre los equipos de Marcos y Lemos.

—¿Querés que vayamos juntas a la fiesta? —propuse. Si algo tenía que poner en marcha era mi plan sobre la mejor amiga de Bolton.

—¿Las dos? —me observó con una expresión dubitativa, como si lo que le dijera no pudiera creérselo.

Sin Límites | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora