Capítulo 10

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No estaba seguro de qué me sucedía, pero últimamente tomaba decisiones equivocadas; ¿encerrar a Nadia en el aula y exigirle nuevamente explicaciones? ¿En qué estaba pensando? Si bien había determinado no volver a involucrarme con ella al salir de ...

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No estaba seguro de qué me sucedía, pero últimamente tomaba decisiones equivocadas; ¿encerrar a Nadia en el aula y exigirle nuevamente explicaciones? ¿En qué estaba pensando? Si bien había determinado no volver a involucrarme con ella al salir de la cafetería, me resultó imposible. Bolton se había asegurado de volver al salón después del segundo recreo como si su llanto hubiese sido una ilusión para mí y para quienes probablemente se habían percatado de su estado, estaba disfrazada, enmascarada, llevaba sus heridas como si no existieran, y participaba en la clase con puro esmero y dedicación, hasta el punto de irritarme y llevarme a reanudar mis insistencias por el saber en cuanto la campana tocó para finalizar con las clases.
Concluí que darme por vencido y cargar con la intriga durante el resto del semestre era peor que hacer un escándalo frente a Nadia para llegar a responder mis preguntas. Además, en cierta forma, tampoco quería seguir sintiendo un estilo de culpa por su situación.

Sabía que las razones por las cuales se había presentado en aquella condición no eran a consecuencia de mí, sino a consecuencia de su desorientación en la ciudad, sin embargo, me asombraba reconocer que me compadecía de ella y de lo que debía enfrentar en su casa.

—Puedo volver sola, no necesito compañía—dijo Nadia una vez que encontramos mi auto.

Estaba seguro de que intentaba resistirse a que la lleve nuevamente a su casa por miedo a que su padre la viera en el auto de un desconocido, al menos para él.

—La última vez que te dejaron sola en la calle las cosas no te salieron muy bien—respondí mientras abría la puerta delantera del asiento del conductor—, así que sube.

Nadia titubeó por unos segundos hasta el límite de impacientarme, no entendía por qué se lo pensaba tanto, su padre la había llamado exigiendo que volviese a su casa, ¿acaso la perdonaría si volvía en un taxi en vez de llegar en el auto de un compañero del colegio? Era ridículo resistirse a mi propuesta de llevarla, pero tampoco podía quejarme, ya que mientras Bolton luchaba contra sus dudas y sus contradicciones, yo me daba el gusto de estudiar por segunda vez su rostro; lo había tenido lo suficientemente cerca en dos oportunidades, y en la segunda había conseguido comprobar la suavidad de su cabello, la de su piel, y observar la claridad de sus ojos celestes. No obstante, en aquel instante estaba concentrado en su boca despintada, que dejaba expuesta la cortadura de su labio inferior, la cual se había severizado a causa de sus violentas frotaciones tras mi intento de besarla. Me gustó haber sentido su boca contra la mía, me gustó tenerla tan cerca, me gustó la calidez que me delegaban sus manos sobre mi pecho, me gustó ella.

—De acuerdo—interrumpió mis pensamientos la voz de Nadia.

Me metí al vehículo algo atónito y esperé a que ella también se subiera. ¿De dónde había salido la idea de que me había gustado ella? Apenas la conocía, y ni siquiera podría permitirme estar cerca de una chica por más de un día.

Bolton se sentó en el asiento de acompañante y se ajustó el cinturón de seguridad con cautela; pensé que era la única persona que lo usaba desde que compré el auto. Mientras tanto, sin percatarse de que mis ojos la devoraban, sacó un espejito del bolsillo delantero de su mochila y empezó a estudiar su labio inferior de una manera que me llevó a deliberar entre abalanzarme sobre ella y volver a intentar besarla o simplemente quedarme observándola como un estúpido.

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