(LIBRO 1 DE LA DUOLOGÍA | TERCERA EDICIÓN)
Reiniciar tu vida no siempre es una tarea sencilla cuando miles de tormentas se encargaron de dejarte miles de heridas.
La adaptación no parece ser un problema al principio, pero a veces llega alguien para...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Yo también tenía miedo de sentir algo por Nadia, de reconocer que al besarla el tiempo se suspendía en el aire, que mi cuerpo se relajaba, los sentimientos me exaltaban, y la adrenalina que aceleraba mi corazón se acoplaba con mi respiración entrecortada.
"Necesito irme", me susurró sobre los labios antes de dar un paso atrás e ir en busca de sus zapatos altos. Pero yo no quería que nos vayamos, no quería pausar ni terminar con aquel beso, necesitaba un segundo más con ella, explorar más allá de sus labios, conseguir que sus manos recorrieran otro lugar de mi cuerpo. Necesitaba saber con amplitud qué estaba pasándome con Nadia.
Sin embargo, Bolton ni siquiera me dio tiempo para contestar sus peticiones, subió directamente las escaleras del estacionamiento y salió sin esperar a que la siguiera.
—¿Tu nueva chica, Sebas? —me preguntó uno de los instructores de la zona de entrenamiento.
—¿Cuánto tuve una chica? —contesté, dándome la vuelta y encaminándome hacia las escaleras del estacionamiento.
—¿¡Hoy no peleas!? —inquirió mientras subía los peldaños de dos en dos.
—¡No! —respondí, llegando al primer descanso de la escalera, el cual le correspondía a la puerta de salida.
—¡Se lo prometiste a Heinrich, se enojará cuando lo sepa!
—¡Recuérdale que yo también puedo enojarme! —dije antes de salir del estacionamiento y dar un portazo detrás de mí.
Desactivé la alarma del auto mientras me dirigía hacia la puerta de conductor y Nadia, quien estaba esperándome apoyada en el capó, dio la vuelta y entró al vehículo por el lado del acompañante.
—Mirá, sinceramente me importa una mierda tu amistad con Gala—admití al mismo tiempo que encendía el motor del auto—, pero sé que para vos es importante y, por supuestos códigos, no deberías estar acá, pero ¿sabés qué? Creo que Gala está equivocada, nunca tuvimos ni hicimos nada.
—Ella me viene hablando de vos hace mucho tiempo, tiene razones para estar así, pero yo no tengo las mías para estar acá—respondió.
—Sí las tenés—aseguré, empezando a circular por la carretera.
—El problema es que ella no las entendería.
—¿Y vos tenés que entenderla a ella?
—¿Por qué vos no podés entenderme a mí?
—Nadia, vos sos la que accede y después se arrepiente, ¿cómo querés que te entienda?
—El problema no es lo que está pasando conmigo, es lo que está pasando entre nosotros.
—No te confundas—negué con la cabeza, deteniéndome en una esquina para dejar pasar dos autos.
—¿Confundirme con qué? —se giró hacia mí—, ¿no está pasando nada?
—No hay un "entre nosotros" —le devolví la mirada—, suena a un enrolle que terminará en algo, y no terminará en mucho más que...