Capítulo 56

1.8K 136 21
                                        

Diez amonestaciones, tareas extraescolares, un sermón moral del director e, inevitablemente, el rechazo de Nadia

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Diez amonestaciones, tareas extraescolares, un sermón moral del director e, inevitablemente, el rechazo de Nadia. 

—Da igual lo que le diga—habló Nadia, dirigiéndose al director en cuanto aquel terminó de reprocharme cada uno de mis malos comportamientos durante mi trayecto por la institución—, siempre termina obrando para los otros.

El comentario, tan crudo y rencoroso, se mantuvo resonando en mi mente, insistentemente, hasta que llegué a la mesa que ocupaban Ashley y el resto. Fue Gala quien me recibió sonriente y estiró su mano hacia mí para que me sentase a su lado. Se la tomé sin decir palabra y me senté junto a ella, permitiendo que se abrazase a mi brazo izquierdo y descansase su cabeza sobre mi hombro.

—Te pedí algo para comer. —Señaló Gala, orgullosa de su orden errada.

Frente a mí había un sándwich de jamón y queso envuelto en papel film y una gaseosa de medio litro desgasificada. Apenas pude disimular el disgusto que me causó aquella merienda completamente impersonal. Ashley, quien gozaba mi reacción con una sonrisa, sabía que prefería evitar tanto los fiambres como sus variantes y que, por sobre cualquier gaseosa, elegía una botella de agua tibia o un café sin azúcar. Además, ¿qué sentido tenía una gaseosa sin gas?

—¿Cansado de meterte en problemas? —me preguntó Ashley, colocando su mano fría sobre la mía.

—De responsabilizarme de los tuyos, dirás. —Le quité mi mano y me ocupé de abrir la botella de gaseosa.

—Me sorprende que no te hayan expulsado—apuntó ella, ignorando mi franqueza.

—Hubiese sido un deseo cumplido—admití antes de darle un largo sorbido al líquido de la botella.

—¿Está fresca? —Señaló la botella, sonriente.

—Helada—contesté, mirándola a los ojos.

Estábamos enojados, el uno con el otro, o, probablemente, con todos. Ashley quería cobrarse un poco del dolor que la atravesó al verse desolada en su habitación, con una madre embriagada y un grupo de amigas que apenas funcionaba como consuelo. Y yo, más perdido que frustrado, estaba soportando la falta de Bolton, reprimiendo mi necesidad de estar con mamá, con la abuela, o junto al cuerpo de aquel padre que nunca logré alcanzar en mi sueño -o en mi pesadilla-, e intentando amoldarme una vez más a la vida que creé para evitarlo todo.

—A ver si se te congela un poco ese corazón blando—objetó, abriendo la botella de su agua saborizada—. ¿Qué pasó? ¿Te afectó ver a Nadia tan decepcionada de tu actitud?

—Me decepciona que insistas en lastimarla—repliqué, mirando el film del sándwich.

"Siempre termina obrando para los otros", rememoré las palabras de Bolton. Parecía insignificante, pero consumir aquello que esquivaba por gustos personales me permitiría adentrarme en otro yo. Uno diferente y más fuerte.

—¿Yo? —Se rio con sarcasmo, agarrando el sándwich de la mesa para ganarse mi atención—. Sos vos quien termina lastimándola. Nunca te pedí que te hicieras cargo de mis asuntos, vos buscas ser parte de lo que no te corresponde.

Obrar para los otros.

—No intento ser parte.

—Pero estás acá.

—Puedo irme. —Amagué con levantarme.

—No—interrumpió Gala, manteniendo sus manos aferradas a mi brazo—. Ashley solo...

—Que se vaya—le dijo con tenacidad, pasando de mirarla a ella a mirarme a mí—, no tiene arreglo.

Me solté del agarre de Nelson y apoyé mis manos sobre la superficie de la mesa para inclinarme hacia Ashley.

—Fuiste vos, ¿cierto?

Tenía el suficiente valor para mirarme a los ojos y el suficiente carácter para mantener aquella postura inalterable que tanto ambicionaba. Fue ese instante el que me dejó claro la diferencia entre Ashley y yo: mientras que ella podía esconder sus penas detrás de la expresión imperturbable de su rostro pulcro, yo no conseguía mantener un falso equilibro sobre mi desastre.

—Fue Fabián—contestó, abriendo el film del sándwich.

—Pensé que tenías un límite. —Me alejé, sin dejar de mirarla.

—¿Con Nadia? —Levantó la vista.

—Con las mujeres.

—¿Lo dice Sebastián Jones, el tipo que con sexo ilusionó más de quince chicas?

—¿Cómo podés comparar el acoso sexual con la desilusión de un grupo de chicas con las que no quise volver a estar?

—¿Mi desilusión? —Frunció el entrecejo.

—Entonces solo se trata de vos, claro—me reí con amargura, mirando a mi alrededor.

Se trataba de conseguir la atención y el control que perdía al entrar en su casa. Expulsar el cúmulo de angustias y negatividades que cargaba su cuerpo malherido. Ashley no era capaz de empatizar ni compadecerse de quienes atentaban contra su persona, tenía suficiente soportando los episodios que debía padecer en la convivencia con su madre y el pesar que le causaba la ausencia de su padre.

—No te pongas en el papel de inocente, Sebastián, somos iguales.

—Tengo mis límites.

—Tu único límite es Nadia—masculló, bajando la mirada y terminando de quitarle el film al sándwich—, ella es quien te pone así.

—Tal vez lo necesite—concluí.

—Pero ella ya no te necesita. —Sonrió, volviendo a fijarse en mí—. Emiliano la va a invitar al partido de vóley de este viernes y, probablemente, sea el comienzo de un punto aparte a vos.

—¿Otra de tus ideas?

—Una bandera de tregua, en realidad. —Asintió, de acuerdo con su propia definición—. Ya terminé. Nadia comprendió con quiénes no se debe meter y entre medio de ese "quiénes" estás vos—finalizó, dándole un mordisco al sándwich.

Ashley había ganado su propio juego, me lo había advertido aquella vez que la encontré en el pasillo del colegio, antes de que dibujara en el pizarrón una escena sexual entre Nadia y yo. Tan astuta, maliciosa e ingeniosa. Su bandera de tregua era un punto de calma para Nadia y un golpe en un punto débil para mí. La interrupción de una guerra injusta e innecesaria en el que ninguno fue capaz de contratacar. La pausa de un arremetimiento sin descanso, iniciado para extinguir las llamas de una ira absurda y victimaria.

—Yo también entendí algunas cosas—confesé, alejándome de la mesa.

________Apartado_________

¡Hola! Aprovechando que este capítulo corresponde a Sebastián, coloqué una canción que, si escuchan y leen su letra, les permitirá acercarse un poquito más a él.  Cuéntenme si les gustó tanto como a mí.

Gracias por la eterna paciencia entre cada actualización y su incondicional apoyo.
Nos leemos en los capítulos restantes.

A.M

Sin Límites | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora