Capítulo 57

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La elección de una carrera en base a la cual gire el resto de tu vida no es fácil

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La elección de una carrera en base a la cual gire el resto de tu vida no es fácil. Estás confundido, principalmente perdido, intentando responderte quién eres para definir quién quieres ser. No contempla a todos, hay mentes compuestas de ideas, gustos y preferencias concretas. No existe una indefinición en todos, pero sí existe un prejuicio: las orientaciones socialmente aceptadas. Cuando respondí en dónde me imaginaba en unos veinte años, el profesor apenas pudo disimular su sonrisa de gracia.

—Textil—repitió él.

—Me gusta. —Asentí.

—Bueno, la elección se basa en más de una convicción.

—¿Qué quiere decir? —le pregunté, frunciendo el ceño.

—Que la felicito por su confianza. —Me apuntó, dando un paso atrás—. Hoy en día son carreras al borde del abismo, al igual que las personas que las eligen.

Lo miré, incrédula.

—El éxito es relativo.

—Disculpe si la ofendo, pero no la estoy poniendo en duda.

—No, discúlpeme a mí si esperaba otra respuesta—repliqué, intentando disimular mi fastidio—, pero no seré administradora de empresas, abogada o médica.

—Aun así, el futuro es la tecnología.

—No tengo talento en la tecnología.

—La tecnología no busca talento, busca cerebros capaces. Usted es muy capaz.

—Gracias. —Fui sincera, no cualquier profesor apostaba a la mente de una alumna—, pero no formaré parte de ese futuro.

—Es el único que se espera.

—Yo espero alcanzar otro futuro.

—Le deseo lo mejor, entonces.

—Gracias de nuevo.

El profesor, presionando contra su pecho la pila de folletos de universidades orientadas a la tecnología, comenzó a repartir las propuestas entre mis compañeros, quienes también exponían sus posibles orientaciones y recibían el aliento del profesor.

El pensamiento de estudiar por gusto o estudiar por dinero era una discusión que seguía presente en la boca de cualquiera. No existía una conclusión que diera un cierre total al debate, ni existía una razón con más peso en alguna de las dos posturas. Esto sin mencionar la discusión que giraba en torno al desafío de tener que decidir, estudiar y lanzarse a un mundo desconocido con tan solo diecisiete o dieciocho años de edad. Jóvenes perdidos y confundidos. Tal vez solo eran y éramos algunos, pero no creía posible afirmar que todos estaban lo suficientemente formados para dar aquel paso. ¿Está mal pensar que son personas defectuosas o incompetentes? ¿Por qué hay una dificultad en un subgrupo de un grupo que logró salir adelante? ¿Está fallando el sistema o son las propias personas? ¿Quiénes están mal? ¿Es egoísta culpar a una institución en vez de culpar las capacidades del estudiante? ¿O es igualmente egoísta señalar al alumno y que la institución no se responsabilice de la incorrecta formación? ¿Estamos utilizando una formación incorrecta? ¿Pasa por la preparación o se trata de la persona en sí? ¿Es aquí donde podemos pensar que, en realidad, sí somos diferentes? ¿O es la escuela quien genera desde un inicio una diferencia? ¿Está bien hablar de diferencia? ¿O es mucho más correcto hablar de desigualdad?

Sin Límites | COMPLETADonde viven las historias. Descúbrelo ahora