(LIBRO 1 DE LA DUOLOGÍA | TERCERA EDICIÓN)
Reiniciar tu vida no siempre es una tarea sencilla cuando miles de tormentas se encargaron de dejarte miles de heridas.
La adaptación no parece ser un problema al principio, pero a veces llega alguien para...
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No pensé que sería tan caótico, intenté creer que "el infierno" del que me hablaba no era real, intenté convencerme de que aquel placer que sentí mientras lo besaba no era prohibido, pero claro, no todo puede ser brillante si estás entrando al infierno de Sebastián Jones, quien se decidió por exponerme ante Gala y un centenar de estudiantes que servirían de testigo. ¿Era la destrucción de mi reputación? Probablemente, todos fueron expectantes de cómo le devolví el beso a Jones y cómo él disfrutó de ello.
Mi telenovela se trasformó en una película de terror, distanciarme de él fue para peor, la cara de quienes nos miraban delataba que algo malo había hecho, que algo malo pasaría después, que me había metido con las personas equivocadas.
—¡Ey, payasos! —se acercó un chico con un celular entre sus manos—, ¡Sonrían para la portada!
Sebastián se rio detrás de mí y me rodeó la cintura para asomar su cabeza por encima de mi hombro y sonreírle a la cámara. El chico levantó el pulgar agradeciendo la foto y salió corriendo dejando a los demás estudiantes el espacio para también fotografiarnos y filmarnos. Me giré confundida y tomé distancia de Sebastián, a quien miré con los ojos llenos de lágrimas. Él se perdió entre la gente que ingresaba al colegio y yo bajé las escaleras de la entrada para buscar a Gala.
—Gala—corrí hacia Nelson, quien me miraba pálida e incrédula—, Gala—repetí en cuanto estuve en frente de ella.
—¿No hay nada? —preguntó con la voz quebrada y los ojos cargados en lágrimas.
—Dejame explicártelo, por favor. —Intenté dar un paso al frente, pero ella retrocedió.
—¿Qué es lo que querés explicar, Nadia? —Se secó las lágrimas con ímpetu— Lo vi todo. Vi cómo él te agarró, cómo vos le devolviste el beso, cómo él sonrió... no quiero falsas explicaciones, no hay nada que explicar. Hasta acá llegó todo—me apuntó, furiosa—, olvídate de toda nuestra amistad, así como te olvidaste de todo lo que hablamos.
Me esquivó como si de pronto fuese una desconocida entre el montón que seguía mirándonos y me dejó en medio de la vereda del instituto, con una expresión desencajada y los labios manchados en el labial oscuro con el que me había pintado ¿así pretendía arreglar algo que no tenía arreglo? ¿Así quería justificar lo injustificable? ¿Así esperaba a que me entendieran? Ni siquiera yo lograba entender qué había hecho, qué había esperado conseguir luego, ¿tanto lo valía Jones como para dejarme utilizar de tal manera? ¿Tanto me odiaba como para dejar ir a quienes realmente merecían estar en mi círculo?
Sentí placer y ahora sentía dolor. Era tan injusto pensarlo, pero tan justo recibirlo. No podía quejarme, no podía victimizarme, no tenía por qué llorar. Sebastián no me había lastimado, Gala tampoco, y mucho menos aquel chico de la cámara, yo me había lastimado a mí misma, yo fui la que lo provocó, yo fui la que lo permitió.
Me giré sobre mi lugar con un nudo en la garganta y caminé directo a la entrada del colegio, me abrí paso entre estudiantes que me decían cometarios obscenos por lo bajo, e ingresé al baño de mujeres con el único objetivo de mirarme al espejo y odiarme.