Diez

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Estaba listo para el día de hoy, el proyecto había quedado muy hermoso y perfecto. Porque por supuesto, yo lo había terminado. Me dediqué a decorar la mayoría de las gráficas (por no decir todas), había puesto marcos, dibujos de mi autoría explicando algunas cosas y algunas notitas como datos adicionales. Agradecía a la fuerza misteriosa que me alentaba a ser detallista con lo que hacía y la manera tan extravagante pero única que tenía, sin sonar pretencioso. 

Terminé de peinar mi cabello y alisé mi ropa, Carol se había ofrecido en ayudarme pero no tardó mucho en quedarse dormida. A falta de fuerza (como ya saben) le llamé a papá para dejarla en su habitación y proseguir con lo mío, después de todo también pude dormir como un bebé a pesar de acostarme muy noche. 

Toqué la puerta de Mikey y salió más rápido de lo que esperaba, pero aún así realizamos el procedimiento de todas las mañanas, alcancé a agarrar una manzana la cual fue mi fuente de energía todo el transcurso hacia la escuela.

—Hoy luces tan gay.

—Y tu luces tan estúpido.

Ray achicó los ojos al sonreír por lo que había dicho mi hermano y nos dirigimos a nuestra clase de lenguas mientras que él se iba del lado contrario, vi de reojo a Frank sacar unas cosas de su casillero y quise mostrarle el resultado pero no me detuve a hablarle. Ya lo vería después, aparte de que seguía un poco resentido por lo de ayer. Entramos y nos sentamos cerca de Tyler Joseph, un chico que aparentemente era serio pero decía los mejores chistes que he escuchado en mi vida. 

—No los había visto últimamente.

—Lo mismo digo, sólo desapareciste.

—Tengo poco tiempo libre, entre la escuela y el trabajo se me hace difícil tener vida social.

—¿Conseguiste trabajo? —pregunté con asombro. Tyler alzó los pulgares.

—Creo que voy a morir —dijo para después sonreír y restarle importancia. —Conseguí un empleo porque quiero comprarme algunas cosas y ahorrar para la universidad, ya sabes, gastos extras y cosas así pero es más difícil de lo que pensé.

—Obviamente.

—En una semana verán los resultados de mis desvelos.

—¿Trabajas por las noches?

—No, esas son las pajas.

Comentario innecesario. 


•|•|•|•|•|•


A la hora de estadística me acerqué emocionado a Frank, puse mi portafolio en su mesa y con sumo cuidado saqué el proyecto que hasta ahora había tratado como un hijo. Y es que básicamente lo era. También quise ponerle emoción al asunto, al final de cuentas lo había convertido en sorpresa.

—Te encantará.

Los ojos avellanas recorrieron todo mi esfuerzo en físico, después subieron a mi rostro y esperé algún tipo de halago o por lo menos una opinión, un punto de vista, pero en cambio recibí un:

—¿Lo entregas tú o yo?

¿Qué?

—¿No me dirás nada antes? Qué tal un ¡Bien hecho! O ¡Te quedó lindo! —rodé los ojos y lo levanté cargándolo como mi bebé. —Ser amable no te hace daño Frank.

El castaño me siguió sin decir nada, cuando llegamos con el profesor me detuve en frente de él, había olvidado que lo odiaba así que con una sonrisa triunfal y poco zancarrona le entregué el resultado.

—Espero que le guste.

—Esperamos —corrigió Frank.

—Way, Iero —respondió flojo dándole una ojeada rápida a todo y después alzó la mirada. —Ya pueden salir.

Acomodó sus gafas y ladeó la cabeza haciendo la cara que siempre solía usar para deshacerse de los demás, fastidiándome. 

—¿Eso es todo? —pregunté a lo que él se encogió los hombros asintiendo. —¿No lo revisará bien? ¿No piensa...? ¡Auch!

—Gracias.

Frank me agarró del brazo, me hizo recoger mis cosas sin soltarme y me sacó del salón. Yo quería escuchar algo por parte del señor Adams, una felicitación, una observación ¡Un algo! Pero parecía no interesarle nada de lo que pasaba en su hora. Creo que hasta se alegró de habernos visto salir del aula.

—Ya suéltame Frank.

Me safé de su agarre y me sobé el brazo, una parte me había quedado adolorida y seguramente roja. Solté quejidos e inconscientemente hice un puchero.

—¿Qué mierda querías hacer?

—Que halagara nuestro trabajo, verlo encerrar un diez con su tonta pluma roja y reírme en su cara.

—Eres un idiota.

—Tú eres el idiota, ¿acaso no te importa la calificación? ¿no te importa nada? —pregunté y al no recibir respuesta murmuré. —Creo que no son tan diferentes.

Me crucé de brazos molesto y él bufó, nunca podría saber lo que pasaba en esa cabecita tan dura que se cargaba. Frank rodó los ojos, después enderezó su posición y alzó un poco la quijada.

—Ese fue un mejor insulto que el de ayer.

—Ya supéralo Frank.

El castaño negó y me indicó que viera el interior del salón de donde habíamos salido. El grupito de Zackary (un chico que se creía el payaso de la clase) se carcajeaba y alzó un puño victorioso.

—Ellos tendrán la misma calificación que nosotros, el verdadero idiota es Adams. No le interesa una mierda su materia, ni siquiera es alguien competente y estoy seguro que no se molesta siquiera en leer todas las porquerías que le entregan. Eso puedes comprobarlo tú mismo la siguiente vez que nos deje algo. Así que no te tomes nada personal de esta clase, y no te esfuerces porque no valdrá la pena. 

Repetí el puchero y dejé caer mis brazos a los costados, tenía mucha razón y yo me sentí mal. Mal porque había puesto todo de mí en algo que seguramente no recibiría nada de importancia, que no tendría nada de valor y seguramente terminaría en la basura. Me sentí patético.

—Nos esforzamos mucho en eso, me costó un poco entregarlo porque incluso me había encariñado con el.

—No te pongas a llorar, por favor.

Soné mi nariz con un pañuelo que saqué de mi mochila y desvíe la mirada. No era un llorón pero sí tuve que disimular un aparente resfriado para no quedar como un tonto.

—Es que estoy enfermo.

—Si, claro.

Caminé hasta un cesto de basura, busqué con la mirada el reloj del pasillo y deshice todo rastro de malestar, no serviría de nada así que sonreí ya que podría alcanzar a Ray para hablarle antes de entrar a la penúltima clase. Entonces iba a correr pero un llamado me hizo voltear.

—¡Oye Gerard!

Frank seguía en medio del pasillo pero comenzó a acercarse, agarré con fuerza mi mochila y recargué mi peso en un pie.

—¿Qué quieres ahora?

—Si te ayudo con Thom ¿Me darías algo a cambio?

La confusión se planteó en mi cabeza, ¿qué decía? Entrecerré los ojos, él seguía con una postura segura pero al mismo tiempo relajada. Quería con mi vida tener una oportunidad con Thom pero si la ayuda venía de Frank ¿qué podía esperar?

Él no hacía eso. Entonces mejor correr que aceptar algo de Iero. 

—Qué tramas enano.

—Pensaba que esta situación podría beneficiarnos.

—¿Y qué quieres exactamente?

—¿Quieres que te ayude o no? 

You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora