Treinta y seis

1K 137 34
                                        

Me encontraba bastante tranquilo a pesar de tener las manos temblorosas. 

—Ay no.

—Gerard, relájate.

Mikey se acercó a mí con pena ajena y yo me hice hacia atrás. Me levanté de la mesa empezando a limpiar las lágrimas que caían por mis ojos y traté de calmar mi labio inferior que había comenzado a temblar, pero era inútil. De un momento a otro las emociones se me vinieron de golpe, como una cubeta con agua fría cayendo en mis hombros. 

—Es que no lo entiendes ¡Ellos necesitan de mi ayuda Mikey!

Ray me agarró de un hombro y me sacudió un poco. Todos me miraban con extrañeza y, me atrevo a decir, asustados. Estaba haciendo un show delante de todos, las demás personas nos observaban desde sus mesas o algunos evitaban pasar cerca de nosotros. Pero eso era lo que menos me importaba. 

—Gerard, ¿seguro que estás bien?

Quizás les había mentido un poco. Estaba muy lejos de eso, de estar bien. 

—Los osos polares, están en peligro.

Me sorbí la nariz.

Todos los días después de haber encontrado esa carta me había alterado como nunca imaginé hacerlo alguna vez en mi vida. Frank seguía ignorándome después de que le pedí más explicaciones, después de que le pedí hablar. Nadie conocía lo que realmente pasaba detrás de todo esto. Siempre estaba nervioso, había entrado en un estado de estrés continuo y el insomnio me perseguía. 

Justo ahora estábamos en los comedores de una plaza comercial esperando la pizza que habíamos ordenado, yo no tenía nada de hambre y para distraerme revisé Facebook pero no esperaba ver una publicación sobre animales en peligro de extinción. De nuevo estaba siendo sensible, llorón, y no quería aceptarlo, pero la mayor parte del tiempo estaba sintiéndome desahuciado y dolía.

Dolía mucho.

—Hay que salir de aquí. Nuestro Gerard está teniendo un ataque.

Sentí que me rodearon con unos brazos y comenzamos a caminar. Poco a poco el sonido de las personas hablando se apagó y cuando me di cuenta ya estábamos en el estacionamiento buscando el auto del padre de Raymond que próximamente pasaría a ser suyo. 

Me sentía muy mal.

—Gerard, desde esa noche en el baile cuando te fuiste, algo sucedió y te ha estado afectando mucho. Eso pasó hace una semana, ¿qué sucedió?

Tal vez ya era tiempo de hablar y decirles todo. Esto me carcomía por dentro y me estaba afectando de más, no podía solo. Entonces nos subimos al auto y esperé a que Ray arrancara para sentirme menos presionado pero no lo hizo, en cambio se unió a verme por el retrovisor junto a Mikey, Carol y Kristin.

Suspiré y pasé mi cabello atrás de la oreja, el olor a pizza entró a mis fosas nasales y no hizo la misma reacción que siempre causaba en mi estómago. Ésta vez, en lugar de morir por un pedazo, sólo quería salir e irme a casa a morir en silencio. O vomitar.

—Es por Frank —hablé.

—Ya sabemos que es por Frank, el idiota no se dignó a venir y ni siquiera responde. Es como si se lo hubiese tragado la tierra.

Asentí. Traté de regularizar mi respiración antes de hablar. 

—Ese día le marqué desde un teléfono público y respondió, me dijo que... E-encontré una carta en su antiguo departamento, ahí confesaba que también le gustaba pero que no estaba seguro de poder soportarlo y... Frank no va a regresar. Al menos no piensa hacerlo pronto.

Los ojos se quitaron de mí y se encerraron en sus pensamientos, el castaño encendió el motor y puso en marcha el automóvil. Aún tenía muchas cosas guardadas, les había dicho a grandes rasgos lo que sucedía pero todavía seguía sintiendo una presión en el pecho.

—Que hijo de perra.

—No insultes a su madre Mikey —respondí inmediatamente.

—¡Es un cobarde! No puedo creer que lo hizo, no puedo creer que te haya roto el corazón de ésta manera.

Carol golpeó la cabecera de Ray y él se quejó. Me sorprendió su repentina actitud, estaba muy molesta y apretaba la mandíbula para contenerse. Igual había formado sus manos en puños. Nunca la había visto así.

—Es bastante injusto y está siendo muy infantil al ignorarnos. Algo tenemos qué hacer —contestó Kris siendo la más tranquila del lugar.

—No podemos, él escogió esto y debemos respetarlo.

Sentenció Ray y se detuvo en un semáforo. Todos hablaron inconformes, diciendo que Frank era un montón de cosas y algunas groserías iban incluidas. Yo me encogí en mi asiento y traté de ver por la ventana, vaya dilema detestar a alguien que amas al mismo tiempo.

Decía que lo comprendiera pero él no lo hacía conmigo.

Había estado batallando mucho para controlar no sentir la ausencia de había dejado. Yo entendía perfecto que nada podía hacer, que él estaba yendo por sus sueños, para cerrar esa herida que tanto daño le había causado, incluso había conseguido estar en la carrera que siempre deseó y debía estar con su mamá. Sabía que el todo eso no era nada comparado a lo que yo le podía ofrecer. 

De alguna manera me reconfortaba el hecho de saber que sí le gustaba, que compartíamos sentimientos, pero todo era en vano porque nada pasaría. Y ni siquiera había dejado que le dijera que sí era correspondido. No lograba estar en paz porque todos esos recuerdos que teníamos juntos se venían como bola de nieve, el recuerdo de esos abrazos, de los chistes, de las risas, de los momentos sincronizados... 

Quería volver a verlo, decirle absolutamente todo lo que ocurría y por fin liberarme de este peso. 


You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora