Treinta

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El clima es una maravillosa manifestación de la tierra, a veces, como he dicho antes, puede cambiar tan drásticamente hasta adaptarse a uno mismo o simplemente ir en tu contra.

Ese día acompañé a Frank hasta la estación de autobuses con el cielo sumamente nublado y parecía que en cualquier segundo se pondría a llover. Frank llevaba consigo una mochila tipo maleta y dentro de esta tenía ropa, comida ligera (que constaba de barritas nutricionales), una botella con agua y algunas golosinas. En otro bolsillo se encontraban sus útiles escolares, como lápiz, goma para borrar, bolígrafos junto con un cuadernillo de apuntes y el dinero que usaría cerca de su credencial de estudiante.

La salida que marcaba en su boleto era a las cuatro treinta y cinco de la tarde, estaría llegando de noche aproximadamente para alcanzar a Linda allá y descansar un día. Se encontraba ansioso y algo distraído, por poco olvidaba el boleto en una banca. Nunca lo había visto sudar ni mucho menos tener un tic con el pie.

—¿Quieres un poco de café?

—Me pondría como loco.

—¿Té? ¿agua?

—No.

Me mordí el labio inferior y me recargué en el asiento. Llevábamos esperando veinte minutos sentados sin hacer nada y todavía nos faltaban otros quince más para que su viaje diera comienzo.

—¿Quieres hacer algo?

—No lo sé, quiero estudiar otro poco pero siento que si leo algo más toda la información se me olvidará y en el examen haré un jodido desastre. Siento que mis manos no dejan de temblar, tócalas.

—Tranquilo —dije poniendo las mías encima de las suyas y sonreí. —Creo que has estudiado lo suficiente, no hay nada más que hacer por ahora.

—Sólo espero saber lo necesario.

Otro silencio incómodo...

En parte me sentía honrado por ser yo quien lo acompañe en su partida pero tampoco quitaba el hecho de que estaba triste. Sabía que serían pocos días y en esos mismos me pondría a prueba para ver qué tanto soportaría en su ausencia. Lo solté y me coloqué como estaba antes, acaricié la llave del collar y Frank miró lo que hacía, después desvío la vista y entrelazó sus manos.

—Lo harás perfecto Frankie —Puse una mano en su rodilla y volví a sonreír. Quería transmitirle la paz que tanto nos hacía falta. —Pasarás el examen y serás un excelente alumno en la universidad. Sólo tienes que creer en ti, yo lo hago. Eres asombroso, muy inteligente y serían unos estúpidos si te quitan esa oportunidad. 

Frank sonrió de lado y asintió.

—Gracias Gee. No habría mejor persona que tú para estar conmigo ahora, en verdad agradezco tu apoyo.

—Para eso estamos los... amigos ¿cierto? —dije con una sonrisa un tanto falsa y con mucha dificultad. —Iré a comprar algo.

Tonto Gerard.

Al llegar a la pequeña tienda de la estación solté un suspiro pesado y negué, me era imposible deshacerme de todas estas emociones que tenía dentro. No hacía más que lastimarme, ¿por qué rayos simplemente no lo dejaba?

—¿Me podría dar esas galletas?

La señora que me atendió asintió y me entregó lo que le había señalado, pagué con un billete y recibí el cambio con una cordial sonrisa. En el camino de regreso a las sillas donde estaba Frank guardé las monedas en uno de mis bolsillos y abrí el empaque para llevarme una galleta a la boca.

—¿Quieres? —le ofrecí al castaño, quien al principio se negó pero con insistencia logré que aceptara y comiera dos con sabor a vainilla. De mi parte masticaba las galletas por compromiso, no tenía nada de hambre pero quería que Frank tuviese en el estómago algo antes de irse.

—¿Sabes? He estado pensando mucho las últimas semanas. Tantas cosas pasan por mi cabeza la mayoría del tiempo y es agotador.

Frank habló luego de minutos en silencio.

—¿Sobre qué?

—Sobre todo.

Reí negando.

—Tienes que ser más explicito Frank.

—Lo sé lo sé, es que en realidad es mucho por procesar y...

—Dime lo primero que se te venga a la mente —interrumpí.

Frank volteó a verme.

—Está bien.

*Pasajeros con destino a New Jersey favor de ir a la salida B en la puerta 5*

Mi corazón se aceleró en un instante ya que se quedó mudo y sólo se puso de pie, quería saber lo que iba a decirme así que lo seguí ayudándole a juntar sus cosas. Caminamos hasta la fila que se había formado con el mismo destino y esperamos un poco más. Al ver que Frank no hablaría me resigné a quedarme con la duda y cambiar de tema.

—Llámame a la mitad del camino y cuando llegues, te estaré mandando mensajes ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

—Son algunas horas de viaje Frankie, no sé, puedes aburrirte —dije encogiéndome de hombros. Era como si los papeles se hubiesen invertido pues ahora yo estaba helado y nervioso, la fila avanzaba lento pero yo lo sentía demasiado rápido. Creo que incluso estaba temblando y quería gritar.

—También puede ocurrir un accidente.

—¡Cállate!

Me puse enfrente de él y le agarré la cara, Frank intentaba no reír y yo de no llorar. Todas los posibles escenarios cruzaron por mi cabeza en menos de un segundo y un terror inimaginable se apoderó de mí.

—No digas esas cosas Frank, por Dios, ni siquiera lo pienses —le dije serio y sujetándole fuerte de las mejillas. Quizás mis ojos se llenaron de lágrimas porque mi vista se nubló y el avellana cambió de expresión igual de rápido.

—Tranquilo Gee, sólo bromeaba.

—Eres un idiota.

Me percaté de la cercanía a la que nos encontramos y decidí pegar mi frente a su pecho, él me envolvió en sus brazos apretando el agarre de su abrazo y suspiró.

—Perdóname.

—Nunca vuelvas a decir una estupidez como esa, ¿entiendes? —pregunté más calmado. —Espero que tengas un buen viaje, ya te dije lo que tienes que hacer. Cuídate mucho.

—Lo haré, pero deja de llorar.

—No estoy llorando.

—Como digas.

Volvimos a abrazarnos a modo de despedida y me permití dejarle un corto beso en la mejilla derecha, después de eso lo vi alejarse de mí. Subiendo al autobús y moviendo la mano una última vez. Ya no pude distinguir su cara en los cristales pero me gustaba pensar que seguía viéndome esperando a que me fuera, pero no me iba a mover de ese lugar hasta que el vehículo desapareciera de ahí.

Pude haberle dicho tantas cosas antes de que se fuera pero todas aquellas palabras se atoraron en mi garganta y nunca salieron de mí. Una vez más la cobardía había hecho de las suyas y yo no estuve dispuesto a impedirlo. De igual forma, si le decía algo quizá iba a arruinar todo, así que decidí estar como siempre. Guardándome todo. 

You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora