Trece

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El resto del día amenazaba con ser más cálido que de costumbre, así que me quite mis ropas de frío y me coloqué algo que consideré cómodo. Me encantaba el frío, estaba claro que lo que abundaba en mi armario eran los suéteres o chaquetas, por lo tanto me costó encontrar una buena camisa. O mejor dicho, algo que no me matara del calor.

Metí todo lo que tenía de dicha materia en la mochila que llevaba a la escuela y me di una última mirada en el espejo. Bajando las escaleras le marqué a Ray por teléfono y me despedí con señas de las personas que estaban en la sala.

Aló.

Voy en camino a la biblioteca, cualquier cosa estaré mandándote mensajes, ¿si?

Seguro, Ray no tiene nada que hacer de todos modos. Estaré pegado al celular todo el día al pendiente de ti.

Hice un puchero y me subí a un autobús.

—Rayito, por favor.

—Si si. Cualquier cosas me llamas.

¡Te quiero, adiós! —le dije ignorando nuevamente su molestia en la llamada.

Colgué y pagué mi pasaje, en todo el viaje me la pasé mirando por la ventana. Quise ponerme los audífonos para imaginar algún tipo de soundtrack como en la película Baby Driver pero no me alcanzó el tiempo porque había llegado más rápido de lo que imaginaba. Bajé y agradecí que la parada estuviese justo en frente de la biblioteca, me colgué la mochila de un hombro y me adentré al lugar. Dí mi credencial de estudiante como ficha para estar sin ningún problema en el lugar y me senté en una de las mesas que estaba cerca de un estante, todo marchaba bien hasta ahora, entonces dejé mis cosas en una silla, para distraerme tomé un libro.

Eran las cinco en punto, Frank no tardaría en llegar así que me senté otra vez y leí la primera página. Después de unos minutos el lugar en frente de mi se ocupó, el castaño prácticamente vacío su morral en la mesa colocando las cosas que usaría.

—Hola.

—¿Llegué tarde?

—No, de hecho estás muy a tiempo.

Frank asintió y abrió una libreta, lo veía un poco animado, estaba muy dispuesto a escucharme y yo sinceramente no sabía cómo iniciar todo esto. No sabía realmente cómo hacer una porque jamás le había enseñado a nadie hacer algo. Creí que explicarle mis apuntes sería suficiente.

—Te escucho.

—Ah, primeramente lo que tenemos que saber es que química viene de un vocablo griego y significa "mezcla de líquidos". Su etimología.

—Eso lo sé, lo vimos desde segundo.

—Okay... —dije comprendiendo que debía avanzar y pasé algunas hojas. —La química es la ciencia que se encarga de estudiar las estructuras, propiedades y transformaciones de la materia.

Leí y él siguió prestando atención. Me puse un poco nervioso, sólo tres veces le había ayudado a Mikey con su tarea. Tampoco le había cuestionado del porqué quería especialmente mi ayuda o el motivo por el cual se enfocaba más en ésta materia, quizás iba a estudiar algo relacionado en la universidad.

—Para facilitar su estudio se divide en dos; Química orgánica, es la rama de la química que estudia una clase numerosa de moléculas que en su gran mayoría contienen carbono formando enlaces coevalentes. Los organismos en su gran mayoría estan formados por H2O (agua). El carbono por tanto se combina con el Hidrógeno y el oxígeno y junto a otros átomos como Nitrógeno, fósforo, calcio y azufre, constituyen la mayor parte de compuestos que se encuentran en los tejidos vivos —proseguí.

—Los postulados que se utilizan son los de Bohr, ¿cierto?

—Si, exactamente —dije y lo vi de reojo. —Y en la química inorgánica se estudian los hidrocarburos y se dividen de acuerdo al tipo de enlace que presenten (enlace simple, doble o triple). Por otro lado los grupos funcionales donde se encuentran los alcoholes, aldehídos y cetonas (que no es más que alcohol deshidrogenado).

—Ajá.

—¿Sabes la clasificación de los compuestos inorgánicos?

—Algo así, se me olvidan dos.

—Entonces trabajaremos en eso.

Sonreí mostrando mis dientes, y Frank alzó un poco las comisuras de sus labios. Tal vez deliraba o en realidad había pasado pero quedé en shock como por tres segundos.

¡Quiso sonreír!

Yo sé que trató de no hacerlo pero inconscientemente se le había escapado una sonrisa y eso hizo sentirme bien, quería decir que lo estaba haciendo bien el primer día. Dos horas después salimos de ahí hablando de la nomenclatura de la IUPAC para nombrar los compuestos, habíamos dicho demasiadas cosas pero mañana repasaríamos para que no se le olvidara tan pronto.

Después casi le rogué para que me acompañara a la cafetería que estaba a unos metros de ahí, quería comer algo porque luego de tanto estudiar me había dado hambre y a regañadientes aceptó. Compré una malteada, Frank no quiso nada así que pagué solamente lo mío mientras lo veía desde el ventanal que daba hacia la calle.

—¿Estás seguro que no quieres? Sabe delicioso —pregunté cuando salí y me puse a su lado.

Caminamos hasta la parada de autobuses y nos formamos en la fila. El castaño negó, pero luego de darme una mirada dudando se acercó quedando a unos centímetros de mí, me tensé rápidamente cuando sentí su pulgar a un lado de mis labios y me enseñó que sólo me había quitado el resto del chocolate que tenía porque estaba manchado.

Sentí mi cara caliente por la vergüenza. No sabía por qué diablos había hecho eso exactamente ni mucho menos por qué me sentía tan nervioso.

—Alguien no sabe... beber.

—Ah... Gracias —dije y volví a tomar del vaso para desviar la mirada.

Frank ese día no dejó de sorprenderme pues luego de eso se llevó el mismo dedo a su boca y lo lamió. Apreté el vaso entre mis manos, tanto que temía romperlo y tirarme todo encima pero no sucedió, ¿Qué hacía? ¿Qué diablos le pasaba? Si hasta hace unos días le daba asco estar cerca de mi.

—Ugh, no soy fan del chocolate.

Tomamos el mismo autobús, yo tenía que bajar un poco antes así que me quedé en uno de los primeros asientos, el castaño se despidió y se fue hasta atrás comenzando a ponerse sus cascos para escuchar música.

En todo el camino me la había pasado reflexionando sobre el comportamiento de Frank, había sido un tanto distinta a la que conocía pero sólo eran por momentos porque después regresaba a lo de siempre. 

Cuando llegué a casa dejé mis cosas a un lado del sofá y me tiré en el, había corrido porque un perro me había perseguido por tres cuadras. Al parecer tampoco le agradaba a todos los animales. Saqué mi teléfono para decirle a Ray que tal vez no lo molestaría tanto al final de cuentas pero un corto mensaje que me interrumpió me hizo sonreír.

"No eres un mal profesor después de todo. Mañana te ayudo con Thomas, hasta luego."

You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora