Dieciocho

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Y sí, nos habíamos vuelto aquellos chicos tontos corriendo bajo la lluvia por todo el vecindario, saltando en los charcos que se habían formado y diciéndonos idioteces el uno al otro. Me sentía como un niño y Frank se veía casi igual que yo, eso era muy impresionante.

Toqué la puerta de mi casa innumerables veces hasta que Mikey abrió y nos vió de pies a cabeza. Estábamos empapados, Frank comenzaba a temblar por el frío así que iba a quitarme la chaqueta para dársela. Después reaccioné y Frank entró rápidamente dejando su mochila en la mesita del centro, sacó todas sus cosas para que se secaran y yo hice lo mismo.

Por suerte no traíamos algo que se pudiese estropear.

—¿Por qué están mojados? —preguntó Mikey con una sonrisa cerrando la puerta.

Rodé los ojos.

—¿Quizás porque venimos de la calle y está lloviendo? —respondió el castaño por mí para luego titiritear del frío.

Hizo el amago de abrazarse a sí mismo pero lo agarré de los hombros y lo llevé a mi habitación, le presté una toalla para que empezara a secarse, se metió al baño y pidió darse una ducha a lo cual obviamente acepté. Entonces aproveché a quitarme los zapatos y busqué ropa para cambiarme. También saqué un conjunto para él, seguramente le quedaría más grande pero no importaba, no quería que enfermara o le diera hipotermia saliendo del baño, no estaba dispuesto a pagar por la demanda que seguramente me pondría su mamá.

No tenía dinero ni un buen abogado.

Cuando salió tenía la toalla en la cintura, sacudía su cabello con una mano y con la otra abrazaba su ropa. Por primera vez lo veía así, medio desnudo y aparentemente no le incomodaba para nada. Sentí mis mejillas arder, me había puesto nervioso de repente, en una de tantas miradas que le dediqué (discretamente) alcancé a distinguir un tatuaje con la palabra HOPE en el pecho y quizás algunos más que me prohibí seguir viendo.

No supe qué hacer, necesitaba huir de ahí.

—Mi turno —dije con la voz entrecortada.

Utilicé la otra toalla que tenía en mis manos para cubrirme un poco los ojos y a tientas entré al baño. Mi respiración estaba acelerada, sentía el rostro caliente de vergüenza.

—Te dejé ropa en la cama, póntela —dije recargándome en la puerta y cerrando los ojos para tranquilizarme.

Suspiré.

—Gracias —contestó segundos después.

Cuando mi respiración se normalizó pude deshacerme de todo lo que me cubría y me metí debajo de un chorro de agua que ya estaba a una temperatura perfecta para quitarme la suciedad del lodo y otras cosas.

—¡Gee! ¿puedo usar tu computadora?

Cerré la llave de la regadera y me sacudí, le había gritado que sí y que no tenía contraseña. Me coloqué la ropa "nueva" y me miré directamente al espejo. Mis mejillas ya no estaban rojas como cuando había entrado, me sentía mejor y mi cabello se veía asombroso.

Salí del baño, Frank estaba leyendo alguna información desde la pantalla y de fondo tenía una canción del grupo The Rolling Stones sonando. Busqué mis pantunflas de oso por el armario y al encontrarlas solté un Yay un tanto agudo por mi voz. El castaño volteó unos milímetros pero no hizo nada.

Al estar limpio y calientito me acerqué a él poniéndome a un lado flexionando un poco mis rodillas, estaba concentrado sobre un tema sobre ADN o algo así que giré mi cara hasta verle el perfil por unos segundos.

—¿Qué haces?

—Trato de ver cómo tu mirada se mueve al leer y cómo memorizas esto. Mañana te haré un mini examen —respondí en la misma postura.

Frank volteó hasta quedar cara a cara.

Estábamos muy cerca, quizás por mi culpa, pero sentía su respiración chocar con la mía y sentía su vista clavada en mí. Le aguanté la mirada unos segundos más, no sabía qué quería lograr exactamente pero sí que nos llevamos un susto cuando Carol entró sin avisar y gritando.

—¡Arthie, creo que tengo un problema!

Me alejé inmediatamente y Frank se hizo unos centímetros hacia atrás en su asiento.

—Perdón, no sabía que Frank estaba aquí —dijo apenada. Después una sonrisa pícara apareció en su rostro. —Sigan en lo suyo, bye.

Y salió de mi habitación volviendo a cerrar la puerta lentamente. La música había parado, el lugar estaba en silencio total, casi podía escuchar las gotas caer desde afuera porque aún no terminaba la lluvia.

De nuevo un momento incomodo apareció pero ahora afectando a los dos.

—Eh, creo que mejor me voy.

—Pero sigue lloviendo Frank.

—No importa, tiene que detenerse ¿no?

Se levantó y antes de que caminara hacia la puerta le detuve agarrándolo del antebrazo.

—No puedo dejarte ir, tu mamá me mataría si te pasa algo. Además sería inútil cuando acabas de limpiarte para volver a lo mismo.

Frank se mordió el labio inferior y asintió luego de pensarlo.

—¿Y qué haremos?

Me encogí de hombros.

—Podríamos bajar y preparar chocolate caliente. Creo que mi mamá ya llegó y si tenemos suerte compró malvaviscos.

—Es una buena idea.

Frank bajó más rápido que yo, Carol me detuvo a medio camino. Me miraba de una forma que no supe interpretar pero si de algo estoy seguro es que debo dejar de preguntarle.

—¿Qué pasa?

—¿Se besaron?

Abrí los ojos como platos, hice que me soltara y negué. —¿Qué sucede contigo? Claro que no.

—Ay demonios, siento tanto haberlos interrumpido.

—Ya deja de pensar cosas raras de nosotros, por favor.

Bajé las escaleras y la miré.

—¡Nunca!


You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora