Veinticinco

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Estaba listo.

Tenía la toalla alrededor del cuello mientras que con una camiseta me terminaba de secar el rostro. La había echado a perder porque un poco de tinte siempre salía ¿No? Entonces ahora esa tela era una mezcla de blanco con negro.

Caminé hasta la habitación de mamá y le pedí prestada su secadora.

—Está en mi tocador pero para qué... ¡Wow! Gerard, ¿qué te hiciste?

Me detuve de golpe a mitad del lugar y Donna se levantó de la cama para correr hacia mí. Tocó mi cabello pasando sus manos por toda la extensión de la cabeza mientras yo trataba de quitármela de encima.

—Me asustas, ¿lo hice mal? ¿acaso no cubrí todo?

Mamá se alejó finalmente mirándome seria y no pude evitar hacer una mueca incómodo. Aún seguía mojado y las gotas caían en mis hombros descubiertos pues no me había vestido por completo.

—No —respondió luego de unos largos segundos relajando su ceño y sonrió enternecida. —Es sólo que, hace tiempo no te miraba así y recordé cuando eras niño. Cuando te llevaba a la escuela agarrado de la mano y a Mikey siempre llorando porque lo dejabas solo. Tantas cosas pasaron por mi cabeza en este instante.

—Mamá...

—Te miras hermoso, bebé.

Era extraño sonrojarme con los cumplidos de mamá, era un poco vergonzoso admitir que eso fue lo necesario para sentirme seguro de lo que había hecho así que la abracé y dejé un beso en su frente. Era unos centímetros más alto que ella, casi a la estatura de papá así que cuando la solté miró hacia arriba.

—Tengo que apurarme, los chicos llegarán a la casa de Ray y de hecho Mikey también iba a ir.

—¿No se supone que deberías checar las carreras universitarias? —preguntó cruzándose de brazos y levantando una ceja. —Gerard, aún no me has dicho qué quieres estudiar ni mucho menos en donde. Pronto saldrán las convocatorias, tienes que darme una respuesta lo más pronto posible. En una semana exactamente.

—Pues...

—Hijo, dime que por lo menos tienes algo planeado.

Mordí mi labio inferior y negué tan lento como podía. Por fin estaba teniendo la charla que tanto había evitado.

—No tengo nada mamá, nada pasa por mi cabeza —me resigné.

—Pero, has presentado exámenes de vocación ¿Cierto?

—Ajá, y me sale que debo estudiar comunicación o algo sobre humanidades.

—¿Y...?

—No estoy seguro.

Me encogí de hombros y ella negó, sabía que estaba pensando de qué forma me daría un buen sermón sobre la irresponsabilidad que había adoptado pero sólo tranquilizó su respiración y volvió a verme.

—¿No quieres seguir estudiando?

—Claro que sí, quiero graduarme, quiero trabajar e independizarme pero, no estoy seguro de ser bueno en algo.

—Eres muy inteligente bebé, algo se te ocurrirá.

Mamá ladeó la cabeza y me dejó salir plantando un beso en mi mejilla pero al mismo tiempo dejándome con miles de preguntas en mi cabeza.

•|•|•|•|•|•

Mikey jugaba con Frank, Pete y Tyler en el sofá de la sala, los insultos a los personajes del juego no hacían falta ni mucho menos las celebraciones por pasar de nivel u obtener algún logro. No recuerdo el nombre, tampoco era como si me interesara pero escuchaba claramente como Joseph daba indicaciones.

You're ugly too |Frerard|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora