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Por mucho que lo intento no puedo calmar mis nervios. Puedo escuchar el palpitar de mi corazón latiendo en mis oídos. Mi respiración se ha vuelto superficial. Me sudan las manos, mi cuerpo se siente febril y no puedo obviar el placentero cosquilleo entre los muslos. Sé que muchas veces estuve en cuatro para ellos, pero esto se siente diferente. Íntimo.

El poder de confianza que me transmiten no es capaz de hacer desaparecer la timidez que me llega de repente por estar expuesta para sus intensas miradas de ojos grises. La humedad caliente se desliza empapándome. Mi cuerpo sensible exige atención, pero los gemelos lo ignoran.

El ambiente dentro de la habitación se ha vuelto pesado. El silencio es tenso y un poco incómodo. Quiero decir algo, lo que sea, pero mi voz se encuentra atorada con un fuerte nudo en mi garganta.

Los segundos se me hacen eternos. Comienzo a inquietarme. La espera me desesperada. Si lo que querían era tenerme al borde de la impaciencia y locura, entonces lo lograron con éxito. Estoy a nada de correrme sin siquiera haber sido tocada.

—Chicos. ¿Todo está bien? —Pregunto.

—Todo está perfecto. No tienes de que preocuparte.

La voz de Sebastián me llega a los oídos con un susurro suave que me eriza los vellos de la piel. Se sienta justo al frente. Sus labios se curvan en una cálida y traviesa sonrisa. Me acaricia la mejilla con los nudillos.

—Deberías dejar de pensar tanto. Si ahora te vieras a ti misma, estoy seguro que serías capaz de notar tu expresión de horror. No te vamos a lastimar. Al contrario, Hannah, te haremos disfrutar.

No tengo tiempo a responder. Santino separa mis nalgas dejándome más expuesta que antes. Tiemblo cuando su respiración caliente roza en mi centro empapado. Comienzo a reír tontamente de los nervios. Sebastián no deja de sonreír divertido por la escena.

—No me mires como si esto fuera lo más gracioso del mundo. Tu hermano está a nada de darme un anilingus.

Toda la tensión de antes desaparece en un abrir y cerrar de ojos cuando los gemelos comienzan a reír a carcajadas. No me molesta que lo hagan porque hasta yo me encuentro atacada de la risa. Es imposible contenerme. Santino planta los labios en mi nalga y dice:

— ¿Estuviste investigando?

Lo miro por sobre mi hombro por primera vez desde que estoy en esta posición.

—Sí, algo así. Estaba un poco aburrida en casa y bueno, la curiosidad me llevó a Google. ¡Muchas cosas se aprenden en ese sitio! No se vayan a reír porque estuve investigando.

—Ten por seguro que jamás nos burlaríamos de ti.

Vuelvo la vista hacia Sebastián que asiente a las palabras de su gemelo que me acaricia la nalga de forma distraída mientras mantenemos esta conversación para nada incómoda.

Nosotros | Serie Curioso amor - Libro 1 [+18]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora