Y entonces comprendí que mi corazón no necesita elegir. Me puedo quedar con los dos. A ellos no les molesta. ¿A mí? ¡Mucho menos!
🏆 𝐏𝐑𝐄𝐌𝐈𝐎🏆
𝐒𝐮𝐧𝐫𝐢𝐬𝐞 𝐀𝐰𝐚𝐫𝐝𝐬 𝐒𝐮𝐦𝐦𝐞𝐫 𝐄𝐝𝐢𝐭𝐢𝐨𝐧 𝟐𝟎𝟐𝟎 - 𝐒𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐋𝐮𝐠𝐚𝐫
💭𝐎𝐏𝐈...
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Son más de las nueve de la mañana y la impaciencia comienza a bullir en mi interior. Me muerdo la uña del dedo gordo mientras espero a que el letrero del otro lado de la puerta cambie de cerrado a abierto.
Me permito un segundo para ver en dirección al auto estacionado justo al otro lado de la calle. Mi amigo está atento al celular porque sonríe entretenido con la mirada hacia la pantalla.
Parece no inmutarse en absoluto que mentimos a su tía para pedir el coche prestado, con la excusa de ir a su casa por una medicina inventada, de una enfermedad improvisada.
En cambio, estamos aquí, frente a esta tienda desconocida que conseguí por internet, y que, según Jessica, es de confianza. Es el único lugar que me puede salvar para mi loca idea con respecto al cumpleaños de los gemelos.
Llama mi atención el suave tintineo detrás de mí. Volteo encontrando a un hombre alto y delgado, con barba, pelado y los más intensos ojos verde que jamás vi. Tiene el ceño fruncido y me observa como si de pronto me hubiera salido otra cabeza. Le sonrío incómoda porque estoy segura que sabe que vengo con poco tiempo.
—Buenos días—Me invita a entrar y lo hago—. ¿En qué te puedo ayudar?
—Buen día. — sonrío. Él frunce el ceño.
—Seguro que me estás por pedir algo de última hora. — asiento, avergonzada—. Depende de lo que estás buscando, voy a ver si te puedo o ayudar.
—¡Muchísimas gracias! —le digo de ante mano.
Rápidamente le explico cómo lo encontré a través de las redes sociales. Asiente mientras camina de un lado a otro por la tienda encendiendo la radio y las luces.
Está del otro lado del mostrador viendo unos papeles cuando le digo lo que necesito. Asiente de nuevo sin inmutarse a mi pedido.
Me explica detalladamente su trabajo, lo que me deja en claro porque es el mejor de la ciudad por la cantidad de comentarios en su página de Facebook.
Cuando acepto el precio razonable que me va a cobrar, me sonríe y busca una factura para hacerme la boleta.
—Es para el jueves. —comento, emocionada. Emoción que desaparece de un hondazo al ver su expresión divertida y sorprendida porque se ríe en mi cara. Niega la cabeza de un lado a otro diciendo "imposible" —. ¿Por qué? Usted me acaba de decir antes que si podía.
—Si, pero si te gustaba algunos de los modelos a medio terminar. Me estás pidiendo uno de cero. Además, tengo que tomar tus medidas, digo, para que encajes.
Sus palabras me avergüenzan. Sí, es su trabajo, pero estar aquí frente a él, me hace dar cuenta de la locura en la que me estoy metiendo.
—Ok. Ok.
—No es algo que se pueda hacer a la ligera. —Prácticamente tengo ganas de sollozar de rabia por venir tan tarde. Tiene una mirada que deja demasiado en claro lo que quiere para hacer el trabajo. ¡Dinero adelantado! —. Soy el único que hace cosas como estas.