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Las delicadas bolsas negras al pie de la cama es lo primero que veo al despertar. Sonrío emocionada sabiendo que hay en ellas. La tarjeta de crédito ayer por la mañana terminó de arder. No gasté tanto, sin embargo, me di el gusto y mimo necesario para sentirme poderosa.

Tres conjuntos de encaje con liguero y medias en diferentes colores. Blanco, paz, calma, pureza y armonía. Rojo, pasión, deseo, fuerza y dinamismo. Negro, misterio y fantasía.

Tengo que admitir que no entiendo mucho del significado de los colores, pero para mi suerte mi querido y buen amigo Ramiro no dejó que tome ninguna otra opción que todas esas. Nada de azul, naranja, amarillo o verde.

Seguí su consejo al notar las llamas fogosas que se encendieron en sus ojos. Si a él le parecía excitante y morboso, entonces ¿qué van a pensar los gemelos al verme?

Estaba tan emocionada que incluso me deje llevar comprando un corsé burlesque elegante en color negro. Fueron los diamantes de piedras que tenía como decoración lo que llamó mi atención. Estaba fascinada junto con sus medias de red y el pequeño tanga en conjunto.

Jadeo al rozar los muslos. La humedad entre mis piernas es una clara advertencia que no voy a poder salir de esta maldita cama hasta aplacar lo que mi cuerpo está pidiendo a gritos.

Deslizo la mano debajo de mi ropa interior. Estoy sensible. Rozo el pulgar con delicadeza por mi clítoris y lloriqueo sabiendo que no será lo mismo sin los gemelos. Separo las piernas y me pierdo en una bruma de fantasía donde Sebastián y Santino me reclaman una y otra vez. Me masturbo, cierro los ojos e imagino lo increíble que será la noche de mañana.

Me muevo sobre la cama, disfruto, grito, vuelvo a jadear y exploto llegando a tocar el cielo con las manos. ¡No están aquí y aun así soy capaz de dejarme ir en un delicioso clímax!

Estoy en una especie de trance. No me quiero mover. Incluso aún tengo la mano entre las piernas. La humedad crece y decido que será mejor tomar una ducha de agua helada antes de que Ramiro venga por mí.

Salto fuera de la cama directo hacia el baño. Minutos después me relajo con el agua que cae por todo mi cuerpo. La tensión en los músculos ha desaparecido. Aprovecho para depilar mis piernas, axilas y todo lo demás.

Estoy terminando de anudar los cordones de las zapatillas cuando el timbre retumba en todo el apartamento. Me miro al espejo sacudiendo mi húmedo cabello rojizo.

Vaquero y una cómoda remera de mangas cortas blanca es lo que llevo puesto. Nada de maquillaje. Al lugar que vamos no necesitamos lucir para una fiesta, sin embargo al abrir la puerta dejo escapar un escandaloso, wouuu, al ver a mi amigo.

— ¿Qué? ¿No me veo bien? —pregunta.

Lleva puesto unos vaqueros desgastados que viene acompañado de una camisa color azul marino. Incluso se colocó zapatos. Su cabello húmedo peinado hacia un lado. El aroma de su colonia me llega directo a las fosas nasales.

—Te ves... te ves demasiado bien. —se echa una mirada así mismo mientras recojo el bolso junto con las llaves y el celular. Cierro la puerta del departamento, bajamos en el ascensor, nos metemos en el auto de Irene una vez más y nos incorporamos al tránsito—. ¿Por qué de pronto estás tenso?

—Tu mirada deja en claro que me veo como un exagerado.

— ¡No, eso no es cierto! —Estiro la mano y sujeto la suya que está en la palanca de cambios— Te ves increíble. Sí, un poco elegante, pero está bien. Si quieres lucir así para él, no soy quién para decir nada.

—Estoy nervioso, ansioso, asustado— toma una profunda respiración y deja escapar el aire con una expresión triste—. ¿Qué si solo fui otro más?

— ¿Qué si no es así? —Sonrió al ver que tragar saliva con dificultad—. Todo estará bien. Si no es el indicado no importa. Puedes encontrar la felicidad y el amor en otra persona que si te quiera como debe ser.

—Gracias. —respira aliviado—. ¿Hablaste con los gemelos?

—Sí— suelto una carcajada que lo hace fruncir el ceño confundido—. Ayer al regresar a casa me llamaron para almorzar. Les dije que sería imposible porque tenía cosas que hacer. Estaban bastante intrigados. Lo entendieron. Pensé que lo iban a dejar pasar, pero en la noche estaban de pie fuera de mi departamento.

— ¿Y? ¿Qué sucedió? —curiosidad brota en su voz.

—No les dejé entrar. Les pedí de buena manera que se vayan. Antes de que lo preguntes, sí, estaba ardiente y necesitada de tener a ambos, pero no. Estoy haciendo lo mismo que hicieron conmigo. Juntar ansias y deseos para el momento indicado. Eso incluye no vernos.

—Muy bien. Así tiene que ser. — comenzamos a reír a carcajadas.

Durante el trayecto intento tranquilizar a un acelerado e inseguro Ramiro que parece que fuera a desmayar en cualquier instante. Entiendo la razón. También estaría asustada por un encuentro inesperado con una persona luego de tener sexo de una noche.

— ¡Ay diosito santo que estás en los cielos! — dice mientras estaciona el auto frente a la enorme mansión que se alza justo afuera—. Si me estás escuchando, espero me des la fuerza necesaria para actuar como debe ser. Un hombre maduro que no se deja llevar por la frialdad de un espécimen bien dotado.

—Ni siquiera sabes si actuará como un imbécil contigo— me lanza una mirada asesina al apagar el coche. Bajamos y sonrío a un alegre George que nos espera. Me besa las mejillas y me toma de las manos haciéndolas balancear.

— ¡Hannah! Me sorprendió tu llamado, pero quiero que sepas que todo lo que necesites estará a tu disposición. Uno, porque los gemelos son las mejores personas que conozco, mis mejores amigos y mi familia. Segundo, porque esto que haces por ellos nunca nadie más lo hizo. Estoy curioso.

—Gracias por guardar el secreto y por ayudar.

—No es nada, mi cielo. —me envuelve entre sus fuertes y musculosos brazos. Siento un suave beso en la coronilla de mi cabeza. Cuando se aparta mira a Ramiro y se relame los labios con hambre. Hay lujuria brillando en su mirar—. ¿Te piensas quedar ahí de pie sin saludar?

—Hola—gruñe mi amigo haciendo surgir a su perra interior. Esa que levanta el mentón con altanería y luce orgullosa de ser la reina del lugar. ¿Acaso no estaba rezándole a dios?

—Hola— repite George a la vez que se acerca y toma el mando de la situación.

Con la mano en la nuca de Ramiro lo arrastra hasta plantar su boca sobre él en un beso ardiente que hasta a mí me hace temblar de envidia.

Volteo y me alejo unos cuantos pasos para darle la intimidad que sin dudas necesitan. Se me eriza la piel cuando escucho a uno de los dos soltar un gemido ronco. No tengo idea que está pasando, pero no voy a mirar.

Lo siguiente que escucho es que ríen. Es el momento en que volteo. Lucen las mejillas encendidas, los labios hinchados y los ojos brillosos...

—Bien, Hannah, ¿qué necesitas de mí?

Le explico las personas que van a venir para que me brinde un lugar apropiado sin que se vea las demás alas de su casa y le comento la compra en la tienda del desconocido. Su enorme sonrisa crece cuando le doy los detalles jugosos.

—¡Eres una cajita de sorpresas Hannah Menéndez!

—Irá al infierno. —apoya mi amigo. Lo fulmino con la mirada.

— ¿Creen que es demasiado? —se miran de reojo y me relajo cuando niegan con la cabeza. Respiro, aliviada, hasta que su pregunta me revuelve el estómago de los nervios.

— ¿Lista para mañana pequeña atrevida?

No, no estoy lista. ¡Mierda! ¿En qué estaba pensando?

Nosotros | Serie Curioso amor - Libro 1 [+18]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora