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No llevamos ni dos horas en el club y ya me están matando los pies. Ramiro es un buen bailarín y lo deja en claro en cada música que suena. En mi defensa, no bailo desde hace bastante.

De todas maneras, no me pienso quejar porque me estoy divirtiendo como nunca. Le sigo el ritmo moviendo las caderas mientras sonrío al ver sus alegres expresiones.

Cada tanto rodea mi cintura y me aprieta contra su musculoso cuerpo para guiarme como todo un experto.

—Corazón, déjate llevar.

Hago lo que me dice y me pierdo, disfruto y encantada me río feliz. Cuando la música termina y da comienzo a algo más alocado donde las personas a nuestro alrededor comienzan a saltar, me toma de la mano y guía entre el mar de gente hacia la barra.

El calor aquí dentro se vuelve sofocante. El club está lleno y me imagino que se debe a la noche perfecta para salir de fiesta.

— ¿Qué quieres de beber?

Encojo de hombros. La verdad es que se presta para una cervecita fría, sin embargo, me da igual.

—Estábamos tomando vino, pero prefiero cerveza. ¡Lo que quieras! —digo, dejando en claro que lo que decida está bien por mí.

—Cerveza. —Dice a la vez que se mueve al ritmo de la canción. Me guiña el ojo y voltea hacia el hombre del otro lado.

Aprovecho la oportunidad para mirar alrededor. No sé si en realidad se encuentran aquí. Ramiro no los conoce. Puede que se traten de otros gemelos. Lo único en lo que acertó y me hace creer que son ellos es que mencionó que tenían ojos grises.

Así que aquí estoy, observando alrededor sin ocultar un poco la ansiedad que llevo conmigo de verlos.

Una enorme mano se posa en mi cintura. Me sobresalto asustada por el contacto por lo que volteo para ver a la persona que me sujeta con firmeza.

—Pelirroja preciosa, ¿te invito un trago?

El hombre se inclina con la clara intención de besarme y lo empujo con violencia hacia atrás. Lo aparto de mi espacio personal. Su ceño se hunde profundamente. No le gusta el rechazo.

Da un paso cerca cuando alguien se mete en medio de nosotros. Por un instante fantaseo con que uno de los gemelos ha llegado a mi rescate, pero es la voz de mi amigo la que escucho por sobre la música.

—No se te ocurra tocarla imbécil.

— ¿Oh qué? —Le escupe el desconocido.

La imponente figura de Ramiro me intimida por completo. Ríe a carcajadas y el sonido es escalofriante. ¿Dónde está el risueño y tierno hombre que conocí? Ahora luce como un león a nada de devorar a un inocente ciervo.

—Te voy a romper los putos huevos.

El tono frío y amenazante de su voz deja nocaut al tipo que me lanza una mirada colérica.

Nosotros | Serie Curioso amor - Libro 1 [+18]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora