Y entonces comprendí que mi corazón no necesita elegir. Me puedo quedar con los dos. A ellos no les molesta. ¿A mí? ¡Mucho menos!
🏆 𝐏𝐑𝐄𝐌𝐈𝐎🏆
𝐒𝐮𝐧𝐫𝐢𝐬𝐞 𝐀𝐰𝐚𝐫𝐝𝐬 𝐒𝐮𝐦𝐦𝐞𝐫 𝐄𝐝𝐢𝐭𝐢𝐨𝐧 𝟐𝟎𝟐𝟎 - 𝐒𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐋𝐮𝐠𝐚𝐫
💭𝐎𝐏𝐈...
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Todos deberíamos comenzar a vivir antes de hacernos viejos. El miedo es estúpido. Y también los arrepentimientos" Marilyn Monroe
— ¿Santino? ¿Tu hermano gemelo? — asintieron al unísono. Comienzo a reír a carcajadas—. No puedo creer esto. Debe ser una broma. Aunque imposible, ¿no? Los estoy viendo.
Sus ojos grises brillan con diversión. Prácticamente se están riendo en mi cara por mi confusión. Ahora entiendo por qué mi hermano actuaba de manera extraña. El muy idiota lo sabía y a propósito ocultó esta importante información.
La vergüenza y la humillación se instalan en mi sistema. Quiero irme con la frente en alto, pero mi dignidad acaba de ser destrozada por culpa de estos ardientes gemelos a los que besé como si no hubiera un mañana.
—Tranquila, Hannah.
Vuelvo de mis pensamientos cuando escucho la voz de Sebastián.
¿En qué momento se acercó? Me encuentro atrapada con Santino a mis espaldas. Lo sé porque puedo sentir su respiración golpeando mi nuca.
¡Mierda! Mi corazón late tan fuerte que tengo miedo de que lo puedan escuchar en su estado más desesperado.
—Que hayas besado a mi hermano no me molesta. No soy un hombre celoso. Nosotros compartimos todo desde que éramos niños. Sigue siendo así hasta ahora.
Las manos de Santino están en mi cintura. Con un suave pero firme arrastre, me lleva hacia atrás, logrando que mi espalda quede pegada contra su torso duro como una pared. Sebastián aprovecha para acercarse al frente.
No puedo pensar correctamente. Quiero escapar a casa, sin embargo, tengo tanta curiosidad por saber qué traman que no consigo reaccionar.
Trago saliva, busco qué decir y lo primero que me viene a la mente es el favor de Hugo. ¿Cómo se supone que Sebastián le avisó que se olvidó el teléfono? Esto era una mala emboscada.
—Estoy aquí porque vine a buscar el celular de mi hermano.
Sebastián se inclina lo suficiente para dejar nuestras bocas a centímetros de tocarse.
—Ya sé, pero no te vas a ir hasta que me des lo que me corresponde. Quiero mi beso, Hannah. Justo como lo hiciste con Santino. Y no es que me encuentre celoso. Todo lo contrario. Necesito recordar tu dulce boca. Te necesito como anoche.
—Pero... — tartamudeo y al siguiente segundo grito de sorpresa cuando en mi trasero una firme dureza se aprieta contra mí. ¡Santino tiene una erección!
Sebastián decide tomar el control de la situación. Al parecer, no le gusta perder el tiempo con juegos previos, pero juega conmigo al rozar levemente nuestros labios.