Y entonces comprendí que mi corazón no necesita elegir. Me puedo quedar con los dos. A ellos no les molesta. ¿A mí? ¡Mucho menos!
🏆 𝐏𝐑𝐄𝐌𝐈𝐎🏆
𝐒𝐮𝐧𝐫𝐢𝐬𝐞 𝐀𝐰𝐚𝐫𝐝𝐬 𝐒𝐮𝐦𝐦𝐞𝐫 𝐄𝐝𝐢𝐭𝐢𝐨𝐧 𝟐𝟎𝟐𝟎 - 𝐒𝐞𝐠𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐋𝐮𝐠𝐚𝐫
💭𝐎𝐏𝐈...
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Una sonrisa enorme es lo que me devuelve el reflejo del espejo. Es la misma que me ha estado acompañando desde el inicio del día.
Soy la mujer más afortunada del planeta tierra y no quiero olvidar este momento por el resto de mi vida.
— ¡Estás hermosa! —Jessica arregla la orquídea en mi peinado mientras me observa a través del espejo.
—Gracias —digo emocionada.
—No tienes idea de lo bonita que te ves con esa pancita. En realidad, no puedo creer que te hayas casado y que además vayas a ser mamá en unos meses —Ladea la cabeza y me mira con una mueca adorable—. Me tengo que tranquilizar... ¡Lloré bastante!
—Lo dices mientras sigues llorando. ¡Eres una loca! —Volteo hacia mi mejor amiga y la abrazo. Solloza tan fuerte que su cuerpo se sacude por los espasmos. Me río y su risa se contagia cuando añado—. Vamos, Jess. No te desmorones ahora, o terminaré llorando yo también.
— ¡Estoy tan contenta por tu felicidad! —se aparta un poco y me mira con sus grandes ojos rojos y llorosos—. Los gemelos, sin duda, te cuidarán y amarán por siempre. No solo tuviste la suerte de encontrar a un hombre, sino a dos que te hacen y seguirán haciéndote dichosa.
—Lo sé. Estoy agradecida por eso.
De repente, recuerdos vividos hasta este momento me asaltan. Alegres, tristes, divertidos, dramáticos. Hemos pasado por mucho con mis queridos y adorados gemelos. Sé que varias veces puse en duda nuestra relación por culpa de mis miedos, pero aquí estamos.
—Ojalá alguien algún día me mire como ellos lo hacen contigo.
—Dicen que el amor está a la vuelta de la esquina. También se comenta por ahí que se encuentra en el lugar menos pensado. Curioso, ¿verdad?
— ¿Te refieres a Bruno? —asiento haciendo que frunza los labios en un puchero—. Somos amigos.
—Con derechos... —Afirmo divertida.
—Nos vemos de vez en cuando, pero eso no significa que nuestros encuentros sexuales dejen de ser solo eso, ya sabes, nada más que sexo.
—Cariño, en esta vida nunca se sabe. No subestimes al maldito destino. Es una perra cuando le conviene.
—Sí, quién sabe. En fin... ¿lista para volver?
—¡Lista! —Anuncio—. Por cierto, espero que no me den ganas de regresar al baño, porque es un lío hacerlo con este vestido. Ramiro tenía razón cuando dijo que hacer pis complicaría las cosas.
Me observo en el espejo. El vestido que elegí con ayuda de mi amigo luce tan perfecto como cuando lo vi en esa revista de moda que compró al salir de su trabajo en el supermercado.
Es de un color coral con apliques de encaje plateado en la parte del escote tipo corazón. El tul cae con suavidad y se desliza delicadamente hasta el suelo. Me enamoré del tono en cuanto lo vi en la paleta de colores. Resalta mi cabello rojizo y mis ojos verdes.